"La erosión del poder adquisitivo de los salarios avanza a un ritmo galopante en gran parte de Occidente. La divergencia entre las significativas tasas de inflación y el moderado crecimiento de las retribuciones muerde a la clase trabajadora, lo que afecta con especial intensidad a los segmentos de rentas más bajas. Quienes hasta hace poco llegaban justos a fin de mes, pronto empezarán a notar de forma cada vez más clara que las cuentas no salen. Un nuevo vector se añade así al cúmulo de motivos de malestar que ha dado alas en la última década a propuestas políticas radicales o a un desencanto con el sistema expresado en forma de abstención.
Un cuadro comparativo de datos proporcionado por la consultora Macrobond, a petición de este diario y sobre la base de estadísticas nacionales, muestra un fuerte proceso de contracción del poder adquisitivo de los salarios bajo convenios colectivos en la zona euro en el último año. En junio, el resultado para el conjunto del área monetaria común fue un retroceso del 6,2% con respecto al año anterior. Entonces, Italia y España registraban el peor dato entre las principales economías de la UE, rondando el 7,5% de erosión, frente al 6,7% de Alemania o el 2,7% de Francia. Indicadores nacionales más recientes, no disponibles para todos los países, muestran una leve mejora de la situación en España (6,4%) o un acentuado empeoramiento en los Países Bajos, con un retroceso del 12,7%.
“La reducción del poder adquisitivo se está registrando, con mayor o menor intensidad, en prácticamente todos los países de la OCDE, con contadas excepciones como Japón, Islandia, Polonia y Hungría”, constata Andrea Garnero, economista de la institución especializado en la materia. “En EE UU, la caída es menos acentuada por la situación tensa del mercado laboral, que empuja a los empleadores a subir salarios de forma consistente. En Europa continental, por lo general, los salarios no han subido lo suficiente como para mantener el paso de la inflación. Y la pérdida neta de los trabajadores no es compensada por las medidas que prácticamente todos los gobiernos están tomando, algunas veces de forma horizontal, sin dirigirlas a quienes realmente las necesitan”, prosigue el experto.
Esa combinación de retroceso del poder adquisitivo e insuficiencia de las redes de protección social es el caldo de cultivo de un posible estallido de malestar social. Las protestas que han agitado Francia en los últimos días son una señal en ese sentido. Antes, el Reino Unido afrontó en verano huelgas en el sector ferroviario que la agencia Reuters califica como el mayor paro de los últimos 30 años. Miles de personas salieron a la calle en Bruselas en septiembre para quejarse de los precios, y decenas de miles lo hicieron en Praga en una manifestación promovida por varios partidos radicales que tenía ese y otros elemento de convocatoria. Otros países también experimentan señales de turbulencia en forma de protesta callejera o huelgas sectoriales.
Esta dinámica se configura cada vez más como un flanco de actuación decisivo para la política europea en los próximos meses, agitando las relaciones entre las partes sociales, desenterrando viejos pulsos casi olvidados como el debate alrededor del concepto de “espiral salarios-precios” —en referencia al riesgo de que una subida excesiva de los salarios alimente la inflación— y arrojando nueva sal sobre la herida del equilibrio de fuerzas entre sindicatos y patronales.
Este último elemento está muy presente en el escenario español. “La situación es grave en cuanto a pérdida de poder adquisitivo, porque vemos que los acuerdos de negociación colectiva cerrados han tenido un incremento medio del 2,6% hasta septiembre cuando los precios registran un aumento al 9%”, observa Carlos Martín, director del Gabinete Económico del sindicato CC OO.
“Hay una perdida clara, pues, que se suma a un proceso de devaluación que empieza desde el final de la burbuja inmobiliaria y que se acelera con la reforma laboral de 2012″, una iniciativa legislativa impulsada por el entonces Gobierno del PP de Mariano Rajoy y que debilitó la posición de los trabajadores en las negociaciones de convenios. “La patronal está echada al monte. No ha querido repartir con los trabajadores los costes de la subida de la inflación”, acusa Martín.
“Los
beneficios en un amplio rango de sectores empresariales han crecido
significativamente. Esto significa que las empresas han logrado hasta
ahora incrementar sus precios más allá del aumento de los salarios
nominales y en muchos casos incluso más allá del aumento de los costes
energéticos”, dijo Schnabel en un pasaje de su discurso de La Toja,
dedicado a la situación empresarial en la zona euro. (...)" (Andrea Rizzi, El País, 23/10/22)
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