2.12.22

La 'cultura de la violación'... es hacer recaer sobre la víctima la responsabilidad última de que no se cometa un grave delito... ejemplo: la DGT no te recomiende usar el coche a partir de las diez de la noche porque la posibilidad de chocar con un conductor ebrio es mayor desde esa hora, todos contra el borracho... la campaña de la Xunta de Galicia representa a la perfección en qué consiste es cultura de la violación... “No debería pasar, pero pasa”, reza el eslogan que acompaña a la imagen de una mujer que sale a correr con mallas deportivas al anochecer... sitúa el foco de las agresiones sexuales en la actitud de la víctima y no en el posible violador, borracho o no... es algo así como si el próximo miércoles, Batet llamase al orden a la ministra de Economía Nadia Calviño porque eso de la inflación, deflación y estanflación son palabros que suenan, como poco, agresivos y desagradables

 "Díaz defiende que Montero usó un concepto “académico” al vincular la “cultura de la violación” con campañas del PP.

 La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, ha afirmado que la ministra de Igualdad, Irene Montero, ha empleado un concepto “académico” cuando ha hablado de “cultura de la violación” para arremeter contra varias campañas desplegadas por el PP sobre violencia sexual.

De hecho, en el caso concreto de la campaña desplegada por la Xunta de Galicia, a la que ha aludido Montero, ha opinado que es “incorrecta” y “debería haber sido retirada” porque “daña a las mujeres”, al trasladarles la responsabilidad de la violencia.

Así lo ha indicado a los medios de comunicación tras reunirse con la con la secretaria de Trabajo y Previsión Social de México, Luisa María Alcalde Luján y firma de memorándum de cooperación, cuestionada por la controversia generada en el Congreso después de que la ministra de Igualdad haya acusado al PP de “promover la cultura de la violación” poniendo como ejemplo las campañas contra la violencia de género desplegadas por los 'populares' en Galicia o Madrid.

Tras indicar que no ha seguido el debate en la cámara y apelar a la prudencia, dado que conoce lo acontecido por la prensa, la vicepresidenta ha explicado que Montero ha usado un “concepto académico” reconocido por la ONU.

“La violencia que sufrimos las mujeres es grave (...) Hago un llamamiento a la gravedad de los hechos. La ministra se refería a un concepto académico y no comparto en absoluto la campaña del PP”, ha zanjado Díaz, quien ha empleado un tono declarativo más contenido y sin aludir a que los populares fomentaban esa cultura, ha censurado sin matices la campaña lanzada por el PP en Galicia.(...)"         (eldiario.es, 30/11/22)

 

"Irene Montero parece haberse convertido en la cabeza de turco de la política española.

.Una figura que canaliza el malestar institucional y social, blanco de constantes invectivas, cuando no directamente insultos, independientemente de las iniciativas que lidere en el ejercicio de su trabajo como ministra de Igualdad. 

(...) lo que se vio en la sesión de control al Gobierno el pasado miércoles no se puede calificar de desacuerdo fructífero; más bien se trató de una sarta de abucheos injustificados tras el uso de la expresión “cultura de la violación” para describir sendas campañas del PP, en Galicia y en Madrid, que sitúan el foco de las agresiones sexuales en la actitud de la víctima y no en el posible agresor.

 Siendo coherente con un corpus teórico que lleva forjándose medio siglo, Montero criticó la culpabilización de la mujer cuando se señala la ropa que lleva o el descuido de su bebida en lugar de subrayar el crimen y a su perpetrador. Esto, que jamás se haría en otros contextos –imaginen una hipotética campaña antiterrorista que argumente: “revisa siempre los bajos de tu coche; no debería pasar, pero pasa”–, causó una reacción desproporcionada, obligándola a guardar silencio mientras se calmaban los gritos de espanto y desconocimiento.

Si utilizar la expresión “cultura de la violación” tal como la emplea la ONU, aludiendo a un escenario de normalización y justificación de la violencia sexual, supone tal escándalo, solo queda conjeturar dos cosas: que el PP realmente persigue fomentarla, o que nunca han estado expuestos a tal tradición teórica y, en lugar de celebrar que una ministra de Igualdad acumule dichos conocimientos, pretenden tapar con sus descalificaciones la ignorancia propia, lo cual no deja de ser problemático.

Fue en 1975 cuando la periodista estadounidense Susan Brownmiller publicó Contra nuestra voluntad: hombres, mujeres y la violación, un libro que revolucionó la opinión pública con ese concepto entonces novedoso, recibió buenas críticas y, entre otros galardones, fue incluido en la lista de Libros del Siglo por la biblioteca pública de Nueva York. Muchos años más tarde, la autora contó que ella también tenía los mismos prejuicios sobre las mujeres violadas, y que precisamente emprendió una investigación de cuatro años –de la que surgió el volumen– para librarse de ellos. 

 El concepto fue ampliamente abrazado por la segunda ola del feminismo, se rodó un documental, se publicaron otros estudios, y ha seguido muy presente en ambientes tanto académicos como populares de Estados Unidos. Para cuando la antropóloga Peggy Sanday sacó su Fraternity Gang Rape (1990), un análisis exhaustivo de las violaciones grupales en los campus universitarios, ya se daba por sentado que este tipo de violencia se integraba en una cultura más amplia donde lo que estaba en juego era la urdimbre de poder masculina y no el supuesto disfrute sexual con la víctima, por lo que era lógico concluir, por ejemplo, que su atuendo influía poco en el ataque (de hecho, Sanday llegó a afirmar que en las violaciones grupales se producía un homoerotismo destinado a sellar la hermandad entre hombres y la mujer era solo un objeto).

Recientemente, el documental The Hunting ground (2014), de Kirby Dick, centrado en la misma temática, alcanzó un gran reconocimiento, y la fundadora del movimiento #MeToo, Tarana Burke, partió de la trayectoria intelectual de la cultura de la violación para afirmar que todos” debemos cambiarla, desde cada ámbito de la vida pública, privada e íntima que sea posible, sin acusar a quien la sufre.

Si bien es cierto que en España no se popularizó la expresión hasta que salió a la luz el caso de La Manada, no hay ninguna excusa que justifique pasar por alto media centuria de pensamiento feminista, sociológico, antropológico y, sobre todo, no hay ninguna excusa para reprochar a quien sí ha hecho las tareas una reflexión tan acertada, y además vanagloriarse de ello exhibiendo los peores modales.

Como ya ocurriera con el bulo de la pederastia, o con las soeces y machistas referencias a la actividad sexual de la ministra, el exabrupto buscaba otra vez deslegitimarla sin razones, desacreditar su labor a partir de amplias dosis de necedad y odio y, de paso, alimentar el ansia de polémica y posverdad que parece conformar el único contenido rentable del entramado mediático de derechas.(...)"      (Azahara Palomeque, La Marea, 01/12/22)

 

 

 

 "(...) Si cuando llueve uno debe usar un paraguas, cuando las violaciones ocurren las mujeres deben hacer determinadas cosas para no ser víctimas de ese fenómeno. 

No vayas sola por la calle en mitad de la noche, no uses una minifalda demasiado corta, ten cuidado de que no te echen nada en la bebida si no quieres ser violada. Cultura de la violación, el feminismo lo define a la perfección, es hacer recaer sobre la víctima la responsabilidad última de que no se cometa un grave delito. Un fenómeno de lo más curioso que no encontramos en ningún otro ámbito penal. Aún no se ha hecho el anuncio de la DGT que te recomiende no usar el coche a partir de las diez de la noche porque la posibilidad de cruzarte con un conductor ebrio que te acabe matando por un choque frontal es mayor a partir de esa hora. 

La Xunta de Galicia lanzó hace unos días una campaña que debería aparecer en todos los libros de feminismo por representar a la perfección en qué consiste la cultura de la violación. Una campaña que explica de forma magistral cómo las sociedades ponen en los hombros de las potenciales víctimas la responsabilidad última de que una violación suceda. “No debería pasar, pero pasa”, reza el eslogan que acompaña a la imagen de una mujer que sale a correr con mallas deportivas al anochecer. Sin entrar al detalle de qué horas del día son las correctas para hacer deporte si eres mujer; tampoco recomendando que lo hagan vestidas convenientemente, es decir, con la típica armadura medieval de running con casco, escudo y lanza que venden en la sección femenina del Decathlon, la Xunta deja sobre la mesa esa idea mil y una veces rechazada desde el feminismo: la mujer es la que debe tener cuidado porque este fenómeno ambiental, que es la violación, existe. 

 A primera hora de la mañana, España, ese país que no es machista porque todo el mundo, incluido Abascal, tiene madre y hermana y las respeta, se ha llevado el gran sobresalto. Hostia, hostia, hostia, que Irene Montero ha culpado a los del PP de defender la cultura de la violación. Es decir, la ministra de Igualdad –cómo le gusta la crispación a esta chica– ha cometido la brutal barbarie de acusar al primer partido de la oposición de organizar violaciones como el que organiza capeas –un saludo para la chavalada del Elías Ahuja–. 

La reacción de la bancada popular llevándose las manos a la cabeza y gritando con fervor ‘árbitro, expulsión’ es comprensible. No creo que Irene Montero esperase que, tras decir que ese anuncio fomentaba la cultura de la violación, los diputados del PP se susurrasen unos a otros al oído que por supuesto la ministra se refiere a ese concepto tan básico y conocido en políticas de Igualdad. Por supuesto, no habían oído hablar de ello en la vida. 

La reacción de los medios, que han traducido la reflexión feminista de la ministra al castellano con un “Irene Montero acusa a los diputados del PP de ser violadores”, también es comprensible y esperable tal y como está el panorama. Lo preocupante y bochornoso ha sido la reacción de la presidenta del Congreso, la socialista y mujer Maritxell Batet. Sin pensárselo un segundo y con la seguridad que otorga no saber qué estás haciendo, ha llamado al orden a la ministra de Igualdad por usar un concepto básico en el campo de la igualdad. 

Porque ese no debe ser el tono en la casa de la soberanía popular. No se rían, pero es algo así como si el próximo miércoles, Batet llamase al orden a la ministra de Economía Nadia Calviño porque eso de la inflación, deflación y estanflación son palabros que suenan, como poco, agresivos y desagradables. Y por ahí sí que no. Para que algunos digan que no es necesario un ministerio de Igualdad. Como decía Forges: “País…”.             (Gerardo Tecé, CTXT, 30/11/22)

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