7.2.23

Crisis ucraniana: un primer balance de las sanciones contra Rusia... la previsión del FMI de una fuerte recesión del -8,5% de aquí a 2022, se redujo a más de la mitad, al -3,5%, lo que demuestra la resistencia de la economía rusa... FMI: "este invierno más de la mitad de los países de la zona euro experimentarán una recesión técnica, con al menos dos trimestres consecutivos" de variación negativa del PIB, con Alemania e Italia en una situación especialmente crítica... Si las medidas restrictivas occidentales parecen haber logrado sólo parcialmente sus objetivos contra Rusia, los impactos negativos sobre sus propias economías son de otra magnitud, ya que están experimentando fuertes efectos en términos de déficits comerciales, alta inflación, altos tipos de interés y desaceleración económica con serias perspectivas de recesión técnica, como indica el FMI... Los dirigentes políticos de la UE no pueden eximirse de rendir cuentas a la opinión pública, tanto por la conciencia de su falta de eficacia, como por los costes sociales que provocará la ralentización económica y la probable recesión que enturbia la recuperación postcovida. Costes que inevitablemente recaerán en mayor medida sobre las clases populares y sobre los trabajadores debido a: el cierre de empresas que no soportarán el aumento de los costes energéticos, el aumento del paro y la pérdida de poder adquisitivo de los sueldos y salarios provocada por el aumento de la inflación con el consiguiente e inevitable aumento de la pobreza ¿Cómo salir de la espiral guerra-sanciones-crisis económica y social? Es necesario que el gran ausente de estos primeros ocho meses de guerra, el movimiento internacional por la paz, tome conciencia, se organice y abra un frente de lucha duradero que empuje a los implicados directa e indirectamente en el alto el fuego a abrir negociaciones concretas bajo la égida de la ONU

 "El 6 de octubre, la Unión Europea lanzó el octavo paquete de sanciones contra Moscú[1] con el objetivo declarado de debilitar la economía rusa e inducir a Putin a llegar a un acuerdo de paz desde una posición de debilidad o incluso obligar a las tropas comprometidas en Ucrania a una derrota militar, gracias también a los masivos suministros militares de Estados Unidos y la UE que ya han alcanzado los 100.000 millones de dólares. (...)

En comparación con las previsiones de los gobiernos occidentales que acompañaron el lanzamiento del primer paquete de sanciones introducido por la UE y los EE.UU. el 23 de febrero, tras el reconocimiento de las Repúblicas Populares del Donbass que precedió en un día a la Operación Militar Especial, ¿cuál es el alcance real del impacto de las sanciones sobre la economía rusa y sus relaciones internacionales?

La recesión que habría provocado en Rusia la previsión del FMI en abril, de un fuerte -8,5% de aquí a 2022, se redujo a más de la mitad, al -3,5%, en las Perspectivas de la economía mundial de octubre de la misma institución, frente al -6,0 de julio, lo que demuestra la resistencia de la economía rusa (...).

Mientras que a nivel internacional, a pesar de haber sido condenada por una Resolución de la Asamblea General de la ONU del 3 de marzo por la invasión de Ucrania votada por 141 países de los 193, Rusia parece cualquier cosa menos marginada, dado que sólo 37 países de los 193 (lo que equivale al 19% del total) después de 7 semanas desde el 24 de febrero[2], se habían adherido a las sanciones promovidas por Estados Unidos e impuestas por éste también a la UE (...).

Por el contrario, Rusia, aislada frente a Occidente, ha redibujado su mapa geopolítico profundizando sus relaciones económicas, comerciales y políticas no sólo con las potencias emergentes (China e India) y las potencias regionales asiáticas (Pakistán y Turquía), sino también con los países africanos y latinoamericanos, que se opusieron a la adopción de las sanciones (...).

Al igual que con motivo de las sanciones introducidas en 2014 contra Rusia tras la anexión de Crimea[3], también en el caso de las impuestas durante el presente año como Grupo de Profesores de Geografía Autoorganizada nos preguntamos cuáles son los efectos sobre las economías de los países de la Unión Europea, "obligados" a seguir a su aliado estadounidense por el mismo camino en virtud de la ciega lealtad atlantista.

La magnitud de los flujos comerciales entre la UE y Rusia y entre Estados Unidos y Rusia

El intercambio comercial anual entre la UE y Rusia de 439.000 millones de dólares en 2012, aunque se redujo, como consecuencia de la primera oleada de sanciones en 2014, a una media anual de 240.000 millones de dólares en el periodo 2015-2019, sigue siendo, sin embargo, en el mismo quinquenio, más de 9 veces superior (25.000 millones de dólares) al existente entre EE.UU. y Rusia (Tabla 2).

Por lo tanto, las economías de la UE y de Rusia seguían estando firmemente integradas hasta febrero de 2022, principalmente debido a las inversiones de las empresas de la UE en Rusia y al considerable intercambio comercial y financiero entre las partes.

A la luz de estos datos, es evidente que los efectos sobre la economía de la parte proponente, EE.UU., no podían ser sino significativamente menos importantes que los de la UE, especialmente en lo que respecta a los suministros energéticos baratos de Rusia de los que se beneficiaba hasta hace unos meses. (...)

Los efectos de las sanciones en el mercado energético de los países de la UE

Por tanto, las sanciones asestaron golpes letales a la interconexión entre las economías rusa y de la UE que se había desarrollado durante las últimas 3 décadas tras la caída de la URSS. En particular, el suministro de gas por gasoducto con contratos plurianuales a bajo precio permitió a los dos principales fabricantes europeos, Alemania e Italia, mantener un alto grado de competitividad en los mercados internacionales incluso ante la aparición de nuevos y feroces competidores.

Por ello, la decisión de los Estados europeos de renunciar al carbón, al petróleo, tras las sanciones, y, sobre todo, al gas ruso a través del plan comunitario REPowerEu[10], lanzado por la Comisión el 18 de mayo con el objetivo de "reducir rápidamente nuestra dependencia de los combustibles fósiles rusos", parece no haber tenido en cuenta algunos elementos fundamentales para su propio abastecimiento energético.

La primera, que ya es asunto de la opinión pública nacional, es el encarecimiento de las materias primas, sobre todo de las energéticas, que lleva cerca de un año desde que se aprobó, es decir, mucho antes de febrero de 2022.

En particular, en el mercado holandés de gas Ttf (Title Transfer Facility), donde el precio medio mensual de negociación había pasado de 20,50 euros por megavatio hora en abril de 2021 a 87,47 euros en octubre, y a 125,42 euros en marzo de 2022 tras el primer tramo de sanciones, causada sobre todo por los efectos de la actividad especulativa a través de la financiación de derivados, y por el hecho de que las propias sanciones, al provocar una escasez de oferta en los mercados de los países de la UE, sólo podrían alimentar aún más la compra y venta de contratos de futuros con fines especulativos.

Otro elemento fundamental que no podía escapar a la atención de los políticos nacionales y de la UE se refiere a la diversificación de los suministros, una tarea muy compleja que no puede llevarse a cabo a corto plazo, ya que los demás gasoductos europeos de suministro no son capaces de sustituir totalmente los suministros rusos, y el Gas Natural Licuado (GNL) transportado por mar requiere una dotación congrua de regasificadores, de la que, por desgracia, no disponemos.

En particular, el GNL estadounidense, para el que la administración Biden ha ofrecido garantías de suministro a los desaconsejados países europeos, presenta considerables problemas, dado que la extracción se realiza mediante la técnica del fracking (fracturación hidráulica de las rocas), devastadora desde el punto de vista geológico y medioambiental, y que no puede ofrecer garantías de continuidad del suministro debido al rápido agotamiento de los yacimientos y con unos costes globales para el comprador decididamente superiores a los de la técnica rusa.

Sobre este último aspecto, empiezan a aparecer en la UE sentimientos cada vez menos velados respecto a la ventaja competitiva, además de comercial, de las empresas estadounidenses, cuyos costes de gas son decididamente inferiores a los de Europa, hasta el punto de haber llevado al ministro francés, Bruno Le Maire, a declarar el 12 de octubre en la Asamblea Nacional de París que "no podemos aceptar que nuestro socio estadounidense nos venda su GNL a un precio cuatro veces superior al que vende a sus industriales".

Añadió con amargura que "la guerra en Ucrania no debe dar lugar a la dominación económica estadounidense y al debilitamiento de la Unión Europea". (...)

Factores concomitantes que, sumados a la subida de tipos del BCE (ahora en el 2% con la tercera subida consecutiva el 27 de octubre[14]), están generando una notable desaceleración de las economías occidentales, como confirma el último informe del FMI del 18 de octubre, en el que el jefe del departamento europeo del Instituto de Washington, Alfred Kammer, afirma que "este invierno más de la mitad de los países de la zona euro experimentarán una recesión técnica, con al menos dos trimestres consecutivos" de variación negativa del PIB, con Alemania e Italia en una situación especialmente crítica.

Estos últimos, no por casualidad, dos de los países más dependientes del gas ruso[15], para los que el informe indica tres trimestres consecutivos de contracción, hasta el punto de que ya se preveía que estarían en recesión en 2023, en el citado Outlook de octubre del mismo Instituto, respectivamente con un -0,3% y un -0,2%, y Rusia con un -2,3%, mientras que la zona euro experimentará una importante desaceleración hasta el +0,5% y EEUU un modesto crecimiento del +1%.

Las decisiones tomadas, bajo la presión de Washington, por los países europeos y la Unión Europea hacia Moscú, a la luz de los datos muestran un impacto negativo, aunque reducido a la mitad en comparación con las previsiones iniciales, en la tendencia de la economía rusa, teniendo, por otro lado, un efecto contrario en la balanza por cuenta corriente que, según Boomberg[16], se ha triplicado con creces hasta rozar los 167.000 millones de dólares entre enero y junio de 2022, frente a los 50.000 millones del periodo correspondiente de 2021, como consecuencia del aumento de los ingresos por exportación de energía y materias primas, la disminución de las importaciones debido a las sanciones y la apertura de nuevos mercados de salida asiáticos que compensan el impacto de las sanciones.

Si las medidas restrictivas occidentales parecen haber logrado sólo parcialmente sus objetivos contra Rusia, los impactos negativos sobre sus propias economías son de otra magnitud, ya que están experimentando fuertes efectos en términos de déficits comerciales, alta inflación, altos tipos de interés y desaceleración económica con serias perspectivas de recesión técnica, como indica el FMI.

Los ocho tramos de sanciones impuestas, hasta ahora, por los Estados europeos parecen, por tanto, adquirir, a tenor de los datos y las previsiones económicas, la connotación de un boomerang aún más sonoro que los de 2014.

Los dirigentes políticos de la UE y de los países, incluido el nuevo gobierno de Meloni, no pueden, en nuestra opinión, eximirse de rendir cuentas a la opinión pública, tanto por su conciencia de su falta de eficacia en el destinatario, como por los costes sociales que provocará la ralentización económica y la probable recesión que enturbia la recuperación postcovida.

Costes que inevitablemente recaerán en mayor medida sobre las clases populares y sobre los trabajadores debido a: el cierre de empresas que no soportarán el aumento de los costes energéticos, el aumento del paro y la pérdida de poder adquisitivo de los sueldos y salarios provocada por el aumento de la inflación con el consiguiente e inevitable aumento de la pobreza, que ya oprime a 5,6 millones de personas en nuestro país.

¿Cómo salir de la espiral guerra-sanciones-crisis económica y social?

Ante la complejidad y la gravedad de la situación que se perfila día a día, creemos que sólo una masiva movilización popular puede inducir a nuestro y a otros gobiernos europeos a reflexionar seriamente sobre los nefastos efectos internos de su política internacional y a darse cuenta de que la vía del total servilismo a los intereses de Washington está empujando la economía de la UE al abismo y no está generando ninguno de los efectos esperados respecto a la resolución del actual conflicto.

Es necesario que el gran ausente de estos primeros ocho meses de guerra, el movimiento internacional por la paz, tome conciencia, se organice y abra un frente de lucha duradero que empuje a los implicados directa e indirectamente en el alto el fuego a abrir negociaciones concretas bajo la égida de la ONU, retomar la plataforma de los acuerdos de Minsk I y II (que, si se hubieran respetado, no habrían conducido al desastre actual) para lograr una paz justa que tenga en cuenta los derechos y las necesidades de todos los actores implicados, con el fin de evitar una nueva y peligrosa escalada del conflicto y una nueva y grave crisis económica y social apenas dos años después de la pandemia."        
           

(Andrea Vento, (Gruppo insegnanti di Geografia Autorganizzati), Sinistrainrete, 25/11/22; traducción DEEPL)


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