27.2.23

El fracaso de la segunda ola de globalización es causada porque la economía neoliberal, que llegó a dominar la formulación de políticas en los años 1980, ha alimentado la inestabilidad global de tres maneras relevantes: los neoliberales no tienen en cuenta la incertidumbre... los economistas neoliberales no han prestado atención a los desequilibrios globales... la economía neoliberal es indiferente a la creciente desigualdad... ¿La segunda ola de globalización desembocará en una guerra mundial, como sucedió con la primera? Efectivamente, es posible (Robert Skidelsky)

 "¿La economía mundial se está globalizando o desglobalizando? (...)

 La segunda ola de globalización, que comenzó en los años 1980 y se aceleró luego del fin de la Guerra Fría y del ascenso de las comunicaciones digitales, hoy está retrocediendo rápidamente. El ratio global entre comercio y PIB cayó en 2020 y los movimientos de capital se han restringido cada vez más en los últimos años. En tanto Estados Unidos y China lideran la formación de bloques geopolíticos separados, y la economía mundial gradualmente pasa de la interconexión a la fragmentación, la desglobalización parece estar bien avanzada.

(...) En nuestro tiempo, la geopolítica una vez más amenaza con romper el orden internacional. El comercio, como observaba Montesquieu, tiene un efecto pacificador. Pero el libre comercio exige cimientos políticos sólidos capaces de alivianar las tensiones geopolíticas; de lo contrario, como advertía Robbins, la globalización se vuelve un juego de suma cero. En retrospectiva, la imposibilidad de hacer que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sea verdaderamente representativo de la población mundial podría haber sido el pecado original que llevó a la reacción actual contra la apertura económica.

Ahora bien, la geopolítica no es la única razón del fracaso de la segunda ola de globalización. La economía neoliberal, que llegó a dominar la formulación de políticas en los años 1980, ha alimentado la inestabilidad global de tres maneras relevantes.

Primero, los neoliberales no tienen en cuenta la incertidumbre. La hipótesis de mercados eficientes -la idea de que los mercados financieros valoran correctamente los riesgos en promedio- ofreció una base intelectual para la desregulación y cegó a los responsables de las políticas respecto de los peligros de dar rienda suelta a las finanzas. En el período previo a la crisis de 2008, los expertos y las instituciones multilaterales, entre ellas el Fondo Monetario Internacional, seguían diciendo que el sistema bancario era seguro y que los mercados se autorregulaban. Si bien, en retrospectiva, suena ridículo, hoy en día opiniones similares siguen llevando a los bancos a subvalorar los riesgos económicos.

Segundo, los economistas neoliberales no han prestado atención a los desequilibrios globales. La búsqueda de una integración económica liderada por el mercado aceleró la transferencia de la producción industrial de las economías desarrolladas a las economías en desarrollo. Sin embargo, y contrariamente a toda lógica, también dio lugar a un flujo de capital de los países pobres a los países ricos. En pocas palabras, los trabajadores chinos sustentaban los estándares de vida de Occidente mientras que la producción china diezmaba los empleos industriales occidentales. Este desequilibrio ha alimentado el proteccionismo, en tanto los gobiernos responden a la presión pública restringiendo el comercio con productores de bajos costos. También ha contribuido a la división de la economía mundial en bloques económicos antagónicos.

Por último, la economía neoliberal es indiferente a la creciente desigualdad. Luego de cuatro décadas de híper-globalización, recortes de impuestos y ajuste fiscal, el 10% más rico de la población mundial es dueño del 76% de la riqueza total, mientras que la mitad más pobre apenas tiene el 2%. Y, a medida que más y más riqueza va a parar a manos de especuladores tecnológicos y estafadores, el movimiento que se conoce como “altruismo efectivo” ha invocado la lógica al estilo de la curva de Laffer para decir que, si se permite que los ricos se vuelvan cada vez más ricos, esto los alentaría a hacer donaciones de beneficencia.

¿La segunda ola de globalización desembocará en una guerra mundial, como sucedió con la primera? Efectivamente, es posible, en especial si se considera la falta de peso intelectual del conjunto actual de líderes mundiales. Para impedir otra caída en el caos global, necesitamos ideas audaces que se basen en el legado económico y político de Bretton Woods y de la Carta de las Naciones Unidas de 1945. La alternativa podría ser un camino más o menos directo al Armagedón."             

(Robert Skidelsky,  profesor emérito de Economía Política en la Universidad de Warwick. La Vanguardia, 22/02/23)

No hay comentarios: