2.2.23

El gran reto para una sociedad casi "antropológicamente neoliberal" es cómo producir horizontes de vida buena compatibles con los límites del planeta... Sentido común y movimiento popular son las dos fuentes de legitimidad más “luminosas” y son sobre las que hay que construir preferentemente la capacidad transformadora de la transición ecológica... frente a estas hay dos fuentes de “deslegitimación”) mucho más oscuras, las famosas apelaciones neoliberales a “los mercados”, a “Bruselas” o “el BCE”, instancias superiores que “te obligan” a hacer cosas impopulares... y enemigos internos (petroleras), o externos (guerras)... La transición ecológica es una disputa política larga y abierta a diferentes escenarios. Ni la evidencia científica de la catástrofe en ciernes, ni los límites físicos duros del planeta nos van a ahorrar pasar por la arena de lo político y de su relativa autonomía... Por eso en primer lugar creemos que la tarea hoy en día es articular una amplia coalición "poscrecimiento", en la que cabrían vectores ideológicos y organizaciones con una relación más compleja con el crecimiento: desde el keynesianismo verde a incluso algunos sectores que se reconocen dentro del llamado "crecimiento verde", a través de un enfoque de "políticas públicas poscrecimiento", como la reducción de la jornada laboral, el reciclaje de minerales críticos y la reforma ecológica de la contabilidad nacional (Héctor Tejero)

Héctor Tejero - #HopePrevails @htejero_

La transición ecológica justa es una disputa política de largo recorrido que tendrá costes y beneficios para diferentes sectores sociales. Por eso, la gran cuestión de nuestro tiempo es de dónde pueden surgir las fuentes de legitimidad que permitan llevarla a cabo. Va hilo

Sin pretender ser extensivo, la legitimidad de la transición ecológica debería ser una combinación de hegemonía cultural, coaliciones políticas amplias, instituciones suprapolíticas y enemigos externos e internos.

Hay que desarrollar una hegemonía cultural de la importancia de la crisis climática, de la necesidad de hacerle frente mediante una transición ecológica y de que el sentido de esta transición debe ser justo y democratizante a varios niveles (social, territorial, internacional...)

Pero no basta con la necesidad, hace falta el deseo. El gran reto para una sociedad casi "antropológicamente neoliberal" es cómo producir horizontes de vida buena compatibles con los límites del planeta (que niegan por tanto muchos elementos de la vida actual) que sean atractivos

La hegemonía cultural (tener “el sentido común” de nuestro lado) no solo es una precondición para que las medidas necesarias sean aceptadas, es necesario para que no sean revertidas a la primera de cambio. Es además el cimiento sobre el que se construye otra fuente de legitimidad

Articular coaliciones políticas amplias (no sólo en un sentido electoral. También civil, sindical y empresarial) es necesario para obtener cuotas importantes de poder institucional desde las que implementar y sostener políticas públicas transformadoras.

 

Héctor Tejero - #HopePrevails @htejero_

Hemos escrito @E_Santiago_Muin y yo una larga tribuna sobre la necesidad de construir una amplia coalición poscrecimiento frente a la crisis ecológica y la posibilidad de hacerlo a través de políticas públicas concretas. ("Un enfoque distinto en el debate del decrecimiento" (El País, 12/10/22)

Este años se cumplen 50 desde la publicación de Los Límites del Crecimiento, cuya principal conclusión es que los proyectos emancipadores deben plantear modelos de vida buena compatibles con la biosfera

La idea de crecimiento ilimitado, un absurdo en sí mismo, empieza a tener grietas. Hay criticas desde el mainstream para ir más allá del PIB, una evidencia de que en muchos sitios crecimiento y bienestar ya no van de la mano y toda una nueva generación de autores decrecentistas

1. Pese a sus grietas, el crecimiento es aún un sentido hegemónico con el que hay que confrontar culturalmente pero es difícil hacerlo políticamente

2. El decrecimiento sigue estando demasiado cómodo en la abstracción y en lo simbólico.

Por eso en primer lugar creemos que la tarea hoy en día es articular una amplia coalición "poscrecimiento" que empuje hacia una sociedad sostenible y justa pero que no tiene por qué confrontar abiertamente con el sentido cultural dominante.

Es una coalición en la que cabrían vectores ideológicos y organizaciones con una relación más compleja con el crecimiento: desde el keynesianismo verde a incluso algunos sectores que se reconocen dentro del llamado "crecimiento verde".

¿Cómo hacerlo? Una posibilidad es a través de un enfoque de "políticas públicas poscrecimiento".

No me enrollo que es muy largo ya el hilo, pero:

1. Deben desligar una buena vida del impacto ambiental

2. Ser políticamente viables

3. Institucionalmente factibles

4. Deben apuntar más allá y forzar novedades evolutivas no predefinidas de antemano

Y ponemos tres ejemplos concretos que hemos ido trabajando desde @MasPais_Es y @MasMadridCM:

1. La reducción de la jornada laboral

2. El reciclaje de minerales críticos

3. La reforma ecológica de la contabilidad nacional

Por falta de espacio no añadimos más pero se nos ocurren: una ampliación del estado del bienestar para integrar los cuidados, las cosotecas y la economía del compartir, la democratización de las empresas, el fomento desde lo público de las instituciones comunes, etc, etc.

Las transiciones a nuevas sociedades no son producto de la ingeniería social. No lo fue el paso del feudalismo al capitalismo ni lo será la del capitalismo al ecosocialismo. Son procesos complejos, diversos y caóticos que se pueden disputar pero no controlar.

"Cruzar el río tocando las piedras" Fin.

12:10 p. m. · 12 oct. 2022 100
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Sentido común y movimiento popular son las dos fuentes de legitimidad más “luminosas” y son sobre las que hay que construir preferentemente la capacidad transformadora de la transición ecológica.

Pero hay al menos otras dos fuentes de legitimidad (o quizás habría que decir mejor frenos a la “deslegitimación”) mucho más oscuras y delicadas que siempre han estado y estarán en marcha y que han de ser o bien combatidas o bien disputadas presentando alternativas

A la primera la he llamado “instituciones suprapolíticas”. Son, por ejemplo, las famosas apelaciones neoliberales a “los mercados”, a “Bruselas” o “el BCE”: una instancia superior y aparentemente apolítica que “te obliga” a hacer cosas impopulares.

Las transformaciones a nuevas vidas mejores suelen tener enemigos furibundos y aliados tibios y por eso no son lineales: muchas veces hay transformaciones aparentemente impopulares a corto plazo e irreversibles a medio, como por ejemplo las peatonalizaciones o la ley antitabaco.

El problema de que el estado y lo público lideren la transición ecológica es que esta se vuelve "hiperpolítica". Todas las decisiones tienen responsables directos y electos: las populares y las impopulares.

El neoliberalismo recurre a “los mercados financieros”, "la prima de riesgo" y a los “Bancos centrales independientes” que en realidad son instituciones profundamente política que él mismo alienta o crea

¿Puede existir un equivalente supra-político de corte progresista? ¿un Acuerdo de París vinculante?, ¿un “leviatán climático” supranacional?, ¿un bloque comercial verde? ¿un "Ministerio del Futuro"?

No tengo nada claro que algo así sea factible o incluso deseable, pero la realidad es que esas instituciones ya existen y no parece que vayan a desaparecer a corto plazo. ¿Es reformable o incluso simplemente influenciable la Unión Europea? ¿Cómo se asalta un Banco Central?

(Por cierto, ha sido @xanlpz , al que debo buena parte de la inspiración de este hilo y sobre todo de este punto, el primero al que yo he leído plantear esta cuestión: https://amalgama.ghost.io/las-politicas-de-la-despolitizacion/Hay otra fuente “oscura” de legitimidad: los enemigos. Sabemos que los “enemigos internos” son claves en política: ¿son los males del pueblo culpa de las petroleras o de los ecologistas? ¿de las eléctricas o del Gobierno? ¿de las élites contaminantes o de los migrantes?

Buena parte del carácter progresista o reaccionario de la transición ecológica vendrá dado por dónde se tracen esas fronteras que organicen el campo político, las coaliciones populares, los imaginarios aceptables y deseables y la legitimidad de las propuestas.

Los enemigos externos son otra fuente de legitimidad y cohesión: el imperio del mal, el imperialismo, las élites globalistas y, por qué no, los mercados. No se entiende la política interna del siglo XX sin la Guerra Fría ni la política de Biden sin la disputa con China.

El campo progresista se ha enfrentado a enemigos externos que han justificado decisiones políticas internas (para bien y para mal). A veces hasta los han elegido. Eventualmente las transiciones ecológicas con justicia social se encontrarán y enfrentarán a los suyos.

Son fuentes “oscuras” de legitimidad porque las instituciones supranacionales tienden a volverse rápidamente antidemocráticas y porque los enemigos internos y externos conducen fácilmente a la purga o a la guerra. Pero siempre están ahí y no puede hacerse como que no existen.

La transición ecológica es una disputa política larga y abierta a diferentes escenarios. Ni la evidencia científica de la catástrofe en ciernes, ni los límites físicos duros del planeta nos van a ahorrar pasar por la arena de lo político y de su relativa autonomía.

Las transformaciones políticas recientes han necesitado acumulaciones políticas y afectivas enormes para lograr solo parte sus aspiraciones. La magnitud de la lucha contra la crisis climática no debe hacernos desfallecer porque, al fin y al cabo... no hay alternativa.

9:46 a. m. · 9 dic. 2022
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