20.2.23

Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto: Ni Rusia, ni Ucrania pueden vencer... Victoria Nuland, secretaria de Estado norteamericana considera que posibles ataques ucranianos contra instalaciones militares en Crimea, y de una posible escalada como consecuencia de ello, son "objetivos legítimos y los apoyamos"... así pues, guerra abierta entre las dos facciones del Imperio. Ya veremos. Lo que queda es que la Ucrania de la posguerra, será aún más que antes, propiedad privada de los bancos y de los grandes fondos de inversión. Al pobre pueblo ucraniano no le espera un destino feliz

 "(...) dábamos cuenta de una dialéctica interna en el seno del imperio, que enfrenta a los halcones antirrusos con los halcones antichinos, estos últimos deseosos de poner fin a la guerra de Ucrania para reorientar la política exterior estadounidense hacia la contención de China.

La dialéctica en el seno del imperio está adquiriendo tintes de conflicto abierto. La entrevista de ayer del jefe del Estado Mayor Conjunto, general Mark Milley, con el Financial Times, en la que reiteró lo que había dicho en noviembre pasado, a saber, que ninguno de los dos ejércitos puede ganar la guerra, de ahí la inevitabilidad de abrir negociaciones.

La entrevista de Milley

Tanto el contenido de la entrevista como algo más relacionado con ella son interesantes. En primer lugar, el contenido: Milley explica que Rusia no puede ganar porque no puede "conquistar Ucrania. Eso no sucederá". El detalle es importante, porque Rusia ya no pretende controlar Ucrania, y de hecho ese nunca fue el objetivo, sino controlar el Donbass.

Así, implícitamente, Milley accede a la idea de que las negociaciones podrían incluir concesiones sobre el Donbass a los rusos. Lo que confirma en su respuesta posterior, cuando explica que "es muy difícil para Ucrania expulsar a los rusos de todo el territorio", añadiendo que el escenario por el que Kiev ganaría rotundamente "requeriría esencialmente el colapso del ejército ruso".

Lo que él sabe perfectamente que es imposible, porque significaría la incineración de la propia Rusia, lo que Moscú no permitiría (véase cabezas atómicas).

Aparte del contenido, también es interesante observar que cuando el general había dicho cosas similares en noviembre, posteriormente había tenido que dar marcha atrás debido a la presión de los halcones antirrusos. El hecho de que ayer relanzara esas perspectivas significa que su posición es más sólida, que tiene fuerzas que le respaldan.

Además, es interesante observar que la entrevista se concedió al periódico de la City de Londres, el país más implicado en la guerra ucraniana, como para enviar un mensaje al aliado para que modere su agresividad.

Agresividad relanzada ayer por el primer ministro británico Rishi Sunak que, en una cumbre conjunta con el presidente polaco Andrzey Duda, pidió que se acelerara el envío de armas y aviones de la OTAN a Kiev. Con razón, Dagospia tituló: "Londres y Varsovia juegan con fuego".

En la cumbre, ambos se elogiaron mutuamente por el "papel de liderazgo" que habían asumido en el apoyo a Ucrania... y este es precisamente el meollo del asunto: frente al conflicto interno estadounidense, Londres, con el apoyo de la subordinada Polonia, quiere alzarse con el dominio del frente antirruso (obviamente gracias al respaldo neocon).

Choque abierto, por tanto, con la administración estadounidense. Y con la pobre Unión Europea, que además del yugo estadounidense se está echando al cuello la soga que le enjabona Londres, que ve en esta contienda con Moscú una oportunidad existencial... la única forma, según sus estrategas, de sobrevivir y relanzarse en la era post-Brexit.

Crimea el ministro de Defensa ucraniano

No sólo por la disputa del Canal de la Mancha, la administración estadounidense también tiene que hacer frente a una fortísima presión neoconservadora, plasmada de forma plástica en una reciente polémica.

En una conversación mantenida el miércoles con expertos, informa Politico, Blinken afirmó que atacar Crimea cruza una línea roja de Moscú, lo que podría desencadenar una respuesta contundente. Comentando la noticia, Dave DeCamp explica que se trata de una inversión de lo que "el New York Times informó el mes pasado, a saber, que la administración [estadounidense] quería ayudar a Ucrania a atacar la península y no estaba preocupada por la escalada".

Perspectiva reavivada ayer por las incendiarias declaraciones de Victoria Nuland en el Carnegie Endowment for International Peace. Hablando de posibles ataques ucranianos contra instalaciones militares en Crimea y de una posible escalada como consecuencia de ello, la Secretaria de Estado estadounidense declaró que se trata de "objetivos legítimos y los apoyamos" (Reuters). Un marcado contraste, pues, con Blinken.

La guerra ahora abierta en el corazón del imperio tiene en la suerte del ministro de Defensa ucraniano, Oleksej Reznikov, una partida importante, ya que la administración estadounidense quería deshacerse de él y sustituirlo por el más fiable Kyrylo Budanov.

Hace una semana, Reznikov había anunciado su dimisión, pero tras el viaje de Zelensky a Londres y la reunión de ministros de Defensa de la OTAN celebrada ayer en Bruselas, el ministro de Defensa declaró que el presidente aún le quiere en su puesto.

Uno de sus tuits es indicativo en este sentido: "Ha sido un honor para mí ser invitado y participar en la sesión #DefMin del Consejo del Atlántico Norte". No se invita a un dimisionario. Traducido: la OTAN quiere que se quede....

Budanov podría haber presionado para poner fin al conflicto y posiblemente ser útil si fuera necesario destituir a Zelensky, algo que el presidente ucraniano debe haber intuido.
Guerra y capital

Sin embargo, el papel del gran capital en este juego también es interesante. La semana pasada, el presidente y consejero delegado de JP Morgan, Jamie Dimon, viajó a Kiev, donde se reunió con Zelensky.

Dimon declaró: "Estamos orgullosos de nuestro apoyo de larga data a Ucrania y nos comprometemos a poner de nuestra parte para levantar al país y a su pueblo". Todos los recursos de JPMorgan Chase están a disposición de Ucrania en su camino hacia el crecimiento tras el conflicto".

Dimon llega a Kiev cuando Zelensky ya ha vendido lo que debía a Blackrock, el mayor fondo de inversión del mundo. Y cuando incluso Goldman Sachs et similia "ya han pasado a formar parte de nuestro mundo ucraniano", como dijo Zelensky durante la visita de Dimon.

En definitiva, hay ganas de hacer negocio, tanto especulando con la guerra, como escribe American Conservative, de donde hemos tomado esta noticia, pero también más allá de los petroleros.

La guerra, para los tiburones de las finanzas, representa una oportunidad, pero también podría convertirse en un problema. No en vano Milley concedió su entrevista al diario de la City, deseoso de participar más en el banquete ucraniano, tanto durante como después de la guerra.

Guerra abierta, pues, entre las dos facciones del Imperio. Ya veremos. Lo que queda es que la Ucrania de la posguerra, cuando ésta comience, será aún más que antes propiedad privada de los bancos y de los grandes fondos de inversión. Al pobre pueblo ucraniano no le espera un destino feliz."           

(PiccoleNote, 17/02/23; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

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