21.2.23

Para salvar a la democracia, hay que cerrar los paraísos fiscales... En las últimas décadas, paraísos fiscales offshore como las Islas Caimán, Bermuda, Chipre e Irlanda les han permitido a las corporaciones y a los individuos ricos esconder ganancias y patrimonio privado a una escala sin precedentes... mientras que algunos países quieren combatir la evasión fiscal, otros tienen un incentivo para atraer capital extranjero al reducir las tasas impositivas y hacer que el intercambio de información resulte más difícil. El hecho de que muchos países occidentales se hayan beneficiado de una riqueza ilícita durante años, al permitir que se la pudiera lavar a través de la compra de bienes raíces en ciudades como Londres y Nueva York, complica aún más las cosas. Como resultado de ello, los esfuerzos por promover una reforma fiscal global se han estancado...

 "La gente ha intentado evadir el pago de impuestos desde tiempos inmemoriales, pero la globalización ha convertido el fraude y la evasión fiscal, así como el lavado de dinero, en un modelo de negocios lucrativo. En las últimas décadas, paraísos fiscales offshore como las Islas Caimán, Bermuda, Chipre e Irlanda les han permitido a las corporaciones y a los individuos ricos esconder ganancias y patrimonio privado a una escala sin precedentes.

Si bien cuantificar el volumen de riqueza almacenada en paraísos fiscales offshore es ostensiblemente difícil, un documento de 2018 estimó que hay un equivalente al 10% del PIB mundial en jurisdicciones con bajas tasas fiscales. En los últimos años, filtraciones de alto perfil como los Panama Papers, los Paradise Papers y los Pandora Papers han arrojado luz sobre este sistema financiero en las sombras y sobre los esquemas de evasión impositiva que utilizan las élites empresariales y políticas del mundo. Cada revelación genera un protesta pública y demandas de reforma. Hasta el Papa Francisco declaró que la evasión fiscal es un pecado.

Al destacar el papel crucial que juegan los paraísos fiscales a la hora de apuntalar a regímenes autocráticos, la invasión de Ucrania por parte de Rusia ha subrayado la necesidad urgente de vigilar las finanzas offshore. Pero también ha ilustrado el poco progreso que se ha hecho al día de la fecha. En 2013, por ejemplo, la OCDE lanzó su iniciativa Erosión de la base imponible y el traslado de beneficios, un paquete de reformas fiscales corporativas destinadas a garantizar que las empresas multinacionales paguen lo que les corresponde. Pero si bien 138 países han adherido a la iniciativa BEPS (por su sigla en inglés), sus logros han sido modestos hasta el momento. Como observa un documento de 2020, el marco no logró introducir normas contables apropiadas, lo que lo privó de buenas herramientas para afrontar algunas de las formas más escandalosas de fraude y evasión fiscal corporativos.

Una razón para la falta de progreso es que BEPS y otros programas similares inevitablemente se topan con un problema de acción colectiva: para que las reformas fiscales sean efectivas, todos los países deben estar de acuerdo con ellas. Pero, mientras que algunos países quieren combatir la evasión fiscal, otros tienen un incentivo para atraer capital extranjero al reducir las tasas impositivas y hacer que el intercambio de información resulte más difícil. El hecho de que muchos países occidentales se hayan beneficiado de una riqueza ilícita durante años, al permitir que se la pudiera lavar a través de la compra de bienes raíces en ciudades como Londres y Nueva York, complica aún más las cosas. Como resultado de ello, los esfuerzos por promover una reforma fiscal global se han estancado.

Sin embargo, la batalla está lejos de haber concluido. En tanto las deudas públicas en alza y los crecientes déficits obligan a los gobiernos occidentales a buscar nuevas fuentes de ingresos, los paraísos fiscales son blancos obvios. De la misma manera, la indignación pública por las desigualdades de ingresos y de riqueza han ejercido una presión significativa sobre los responsables de las políticas para que combatan enérgicamente la industria de evasión impositiva offshore.

Pero la guerra en Ucrania es el verdadero punto de inflexión.(...)

  Si los gobiernos occidentales quieren protegerse a sí mismos y a otros de la interferencia rusa, deben seriamente combatir los paraísos fiscales offshore, que limitan la capacidad de los gobiernos occidentales de aplicar sanciones económicas. Y es crucial penalizar a las instituciones financieras que permiten esquemas de lavado de dinero como el Laundromat ruso, como han hecho, según se informó, el Meinl Bank austríaco y otros. (...)

Al ilustrar el peligro que plantea el sistema financiero offshore para el orden global basado en reglas, la guerra en Ucrania brinda a los gobiernos occidentales una oportunidad única de alcanzar una tributación más justa, reducir la desigualdad, poner un freno a la corrupción y eliminar las amenazas a la estabilidad global. Si desaprovechamos esta oportunidad, pagaremos un precio muy alto -en ingresos tributarios perdidos, erosión democrática y vidas humanas-. (...)"              

(Yuriy Gorodnichenko es profesor de economía en la Universidad de California, Berkeley. Ilona Sologoub es editora de VoxUkraine. Revista de prensa, 17/02/23; Este artículo se publicó originalmente en Project Syndicate.)

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