8.3.23

La UE ha emitido 11.000 sanciones económicas contra Rusia. ¿Han ido a parar a algún lugar efectivo? Medios serios –como The Economist– apuntaron la posibilidad de que Rusia proclamara la bancarrota en abril del año pasado. Y, visto lo visto, como que no. Que nos falle The Economist es, por cierto, importante. Explica que está pasando algo gordo en las cosas del informar... Rusia, a su vez, ha emitido, como quien dice, una sola sanción a Occidente: chulearle las materias primas. La información sobre el resultado de ello también es difusa... En Alemania, por ejemplo, BASF se pira... Lo que supone el inicio, con todas las letras, de la desindustrialización en Alemania... las alemanias desindustrializadas, recuerden, nunca nos han sentado muy bien

 "(...) La Guerra. Se ignora el número de muertos que ha creado. Se ignora la propia razón de la guerra, más allá de una invasión fuera de derecho. ¿Es una guerra por territorios? ¿Por materias primas? ¿Para que un dictador recupere el mojo? Ni siquiera sabemos si todavía es una guerra balcánica al uso, o si ya han matado al archiduque en el Pacífico.

 No sabemos oficialmente la autoría del mayor acto de guerra de esta guerra, si exceptuamos la propia guerra: el atentado al Nord Stream. En el Báltico, un mar que, como el Carrefour, está equipado, estimados clientes, con instalaciones de videovigilancia para su seguridad. La autoría de ese atentado puede hipotecar una candidatura presidencial demócrata en Estados Unidos por décadas. O no. 

La UE ha emitido 11.000 sanciones económicas contra Rusia. ¿Han ido a parar a algún lugar efectivo? Medios serios –como The Economist– apuntaron la posibilidad de que Rusia proclamara la bancarrota en abril del año pasado. Y, visto lo visto, como que no. Que nos falle The Economist es, por cierto, importante. Explica que está pasando algo gordo en las cosas del informar. En las que no fallaban, quiero decir. Imagínate en las otras. Rusia, a su vez, ha emitido, como quien dice, una sola sanción a Occidente: chulearle las materias primas. La información sobre el resultado de ello también es difusa. 

Pero, a ratos, como los estorninos cuando buscan dónde dormir, adquiere una densidad precisa. En Alemania, por ejemplo, BASF se pira –¿a Turquía? ¿A China? ¿A Argelia? ¿A Estados Unidos? ¿A Rusia?–. Lo que supone el inicio, con todas las letras, de la desindustrialización en Alemania –las alemanias desindustrializadas, recuerden, nunca nos han sentado muy bien–. 

Estados Unidos ha sustituido a Rusia –o a Argelia, según– como principal exportador de gas a Europa. A un precio que no es una ganga. Países que nunca habían exportado petróleo exportan petróleo manufacturado ruso a Europa, cobrando por el milagro, como durante la Ley Seca. Se están confirmando –apunta Gilles Kepel– dos instituciones que parecen ser importantes en el mundo futuro. No son instituciones democráticas. Ni siquiera son instituciones edificantes. 

Una es la OTAN. Integra a países abiertamente no democráticos, como Turquía. La otra es la OPEP. Integra a países abiertamente no democráticos, como los de siempre en la OPEP, más Turquía y Rusia. La Comisión, tras un año de guerra, no ha intervenido los mercados. No intervenir los mercados es, de hecho, la sanción internacional más importante y determinante emitida por la UE. Y va y la hace contra nosotros mismos, zas. Con un alto coste. En inflación, como poco. 

Ni siquiera –ay, uy– se han intervenido los mercados energéticos. La excepción Ibérica –un chiste: pagar los beneficios a las empresas para que se corten relativamente– se ha revelado como una genialidad, en ausencia de cualquier tipo de inteligencia para paliar la selva. En plena guerra, la Comisión prosigue con los ajustes neoliberales/la selva, esa otra guerra, a la vez que, por primera vez desde 2008, promueve el gasto y da pasta para realizarlo siempre y cuando se gaste lejos del Bienestar. 

Parece ser que el dinero europeo se gastará en a) la empresa y b) la clase media –¿qué puede salir mal?–. La a) empresa, a partir de cierto tamaño/sector, empieza a ser un objeto protegido del mercado por el Estado. Se está dibujando –ojo– una suerte de comunismo/no-mercado derechista. La b) clase media ya no es aquel punto igualitario de los años sesenta y setenta. Es una condición que no nace del trabajo, sino de la herencia. Como señala Emmanuel Rodríguez, si heredas inmueble/s y/o rentas, eres clase media. Si no, chungo. Defender la clase media hoy es, por tanto, una suerte de violencia económica. 

En España esa violencia es también no regular los alquileres. Empieza a haber fallos en la unanimidad ante la guerra en Europa. En esos fallos es determinante la extrema derecha, esa cosa cada vez más determinante. Juega y gana en los dos bandos. Lo que es un win-win. En uno es el nacionalismo en el que pueblo y Estado coinciden tanto que no necesitan democracia. En el nuestro es la palabra  patria de la frase: “¿Cuánta patria necesita una persona? Si tiene poco, mucha”. 

La izquierda, un tanto apollardada, emite un pacifismo antiguo, casi cristiano. La izquierda no solo tiene problemas de correlación: carece de palabras, lo que es más severo. David Graeber y David Wengrow dibujan que solo posee una palabra: desigualdad. Es una palabra tan poca cosa que la utiliza el neoliberalismo y/o la extrema derecha. Desde el siglo XIX, y hasta el último tercio del XX, se disponía de más palabras. De todas. 

Mis favoritas: plusvalía y compañero/a/e/i/o/u. Por ausencia de políticas sociales, por presencia de neoliberalismo y de su mascota, la guerra, por desaparición de palabras, esto puede ser un momento chachi para la extrema derecha, esa electricidad. Lo veremos, o no, el invierno que viene. Esta guerra, en fin, sucede en invierno, a través de los combustibles y de mercados crípticos, no intervenidos en modo economía de guerra. Lo demás son matanzas. De las que sabemos poco o nada. Chimpón. (...)"                   (Guillem Martínez   , CTXT, 3/03/2023)

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