"(...) Pasados los cien días, la luna de miel con Lula por parte de Occidente continúa, pero sus acciones ya han comenzado a generar suspicacias.
La cercanía con China
El principal acto de este arranque de gestión, conocido el 30 de marzo, está representado en la decisión de comerciar con China en la moneda del país asiático (yuan), lo que significa una postura sin precedentes en América latina.
China se ha convertido en el principal socio comercial de Brasil, y el intercambio fijado en yuanes significa no solo un giro más del país suramericano, sino una sacudida geopolítica que puede convertirse en un patrón a seguir para las economías emergentes de América Latina y el mundo.
Esta decisión va en camino de convertirse en un acontecimiento que puede acelerar el debilitamiento del dólar como moneda hegemónica y puede abrir una senda financiera para toda la región.
De la misma forma, Brasil fue incluido en el CIPS (Cross-Border Interbank Payment System), un sistema de pago creado por China que es alternativo al sistema interbancario SWIFT.
Este nuevo estatus de complementariedad económica entre Brasil y China puede catapultar la influencia china en la región de manera irreversible.
Washington respondió con tono respetuoso y diplomático al anuncio de Brasilia: «Cada país es soberano de tomar sus propias decisiones sobre sus relaciones con otros países, incluida China», dijo el portavoz adjunto del departamento de Estado, Vedant Patel.
Pero la preocupación de esta decisión en EE.UU. puede resumirse mejor en las declaraciones del senador Marco Rubio.
«Brasil, el país más grande del sur de EE.UU. en el hemisferio occidental, acaba de firmar un acuerdo comercial con China, según el cual, desde ahora, comerciaran en sus propias monedas, sin tomar en cuenta el dólar. Ambas naciones están fomentando una economía paralela completamente independiente de EE.UU.», dijo Rubio. «De aquí a cinco años no podremos dictar sanciones a nadie con tantos países comerciando con sus propias monedas y no con el dólar, y ya no podremos imponerles sanciones», agregó.
Es posible que la situación interna en Brasil, caracterizada por el riesgo que supone la derecha extrema, así como la propia proyección internacional de Lula, haya permitido hasta ahora evitar resquemores públicos con Washington, a pesar del tenor de esta decisión. Y de varias otras.
A finales del mes pasado, Brasil se negó a firmar una declaración en la Cumbre por la Democracia, realizada en EE.UU., que condenaba a Rusia. Antes, se había negado a vender armas a Ucrania.
Giro completo hacia América Latina
Lula viajó a Argentina para la Cumbre Presidencial de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y allí anunció la creación del Sur, una moneda para América Latina que corta la dependencia con el dólar estadounidense.
Toda una cadena de actos pragmáticos en tan pocos días proyecta una agenda muy interesante para los casi cuatro años que le quedan en el gobierno. (...)
Vuelta a la geopolítica
«Brasil ha vuelto», festejó Lula en la celebración por sus primeros 100 días. Es probable que la pugnacidad al interior del país le haya impedido mayor agilidad en la toma de decisión con respecto a cuestiones internas, como la economía por ejemplo, pero resulta evidente que en el plano exterior ha movido las fichas mucho más rápido de lo que se pensaba en medio de una especie de nueva guerra fría que recorre al mundo los últimos meses.
Brasil, la economía más grande de la región, y «el país más grande
del sur de EE.UU en el hemisferio occidental» (Rubio ‘dixit’), ha vuelto
a la geopolítica en estos cien días y ya proyecta un rol protagónico en
el desarrollo económico mundial." (Ociel Alí López, sociólogo venezolano, Observatorio de la crisis, 12/04/23)
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