31.7.23

Ahora, a Feijóo hasta le apean la tilde del apellido... nunca había perdido unas elecciones, él personalmente, el partido en Galicia sí... y por primera vez en su vida política, Feijóo no controla su entorno... no nos basta con tener éxito; los demás deben fracasar. Al candidato conservador a la presidencia del Gobierno le falta calle, es cierto. Pero no eres tú. Alberto, son ellos

 "(...) Feijóo nunca había perdido unas elecciones –él personalmente, el partido en Galicia sí–. En la anterior ocasión en que pudo haber optado a la presidencia del PP, para suceder a Rajoy, se retiró de la carrera cuando ya estaba en el cajón de salida, y todo apunta a que fue porque no tenía garantizada la victoria. Cuando finalmente accedió a ocupar el despacho grande de la calle Génova, no tenía rivales a la vista. Es normal que ahora experimente una considerable frustración, por mucho que en su fuero interno reitere el mantra de que es el vencedor de las elecciones y en el fuero externo se invoque la aceptación de la lista más votada como animal constitucional de compañía.

Además, por primera vez en su vida política, Alberto Núñez Feijóo no controla su entorno. En Galicia podría tener rivales incómodos, que solía despachar con displicencia, pero salvo los díscolos del PP de Ourense, tenía el partido más pacificado de lo que lo tuvo nunca Manuel Fraga. A sus espaldas no pasaba nada, ni siquiera un tirón muscular. Sin embargo, pese a lo espectacular de su llegada, sobre una alfombra roja demoscópica, Madrid, España, Génova (o Huelva, lo que sea), fue de entrada un avispero. Y al contrario que en Galicia, cada avispa tenía sus terminales mediáticas donde inocular su veneno. El antídoto para calmar los ánimos era aquel que describió magistralmente Alfonso Guerra, aquel socialista entonces díscolo y hoy sensato: el que se mueva no sale en la foto (ni cargos, ni sinecuras, ni nada de nada). Pero las urnas no se lo concedieron, al menos de momento. (...)

Nada más revelador que el semblante del candidato del PP en los actos del Día de Santiago, en donde ignorante de lo que el destino había determinado para sus fuciños, él se había reservado un papel estelar. En 48 horas se convirtió en un verso suelto en el protocolo (el líder de uno de los grandes partidos, pero en el día de autos un mero senador por designación autonómica, ¿precede o antecede a la alcaldesa de la ciudad, al presidente del Parlamento?). Y en el paseo por el Obradoiro, la plaza de las coronaciones civiles de Galicia, iba, como el duque de Edimburgo, un par de pasos detrás del presidente que él había designado, saludando con cara de circunstancias a una mezcla de curiosos, turistas de autocar e indígenas entusiastas.

Ahora, hasta le apean la tilde del apellido. En Galicia siempre se ha dicho que se escribe “Feijoo”, pero allá cada cual con su nombre. (Antes del político, los “Feijoos” tradicionalmente conocidos eran un circo y una marca de gaseosa, además del fraile benedictino que nació a muy pocos kilómetros de Alberto Núñez). Pero alguien con tanto pedigrí conservador como Juan Manuel de Prada acaba de proclamar, nada menos que en ABC que debe ser “Feijoo”, “porque es palabra llana y no aguda, como es llano y no agudo el hombre que no consiguió derogar el sanchismo y se conformó con derogar la ortografía”.

Liberado por el ejemplo de Soledad Gallego-Díaz, que el otro día concatenaba dos citas, me permito hacerlo también. El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso, dijo Eduardo Galeano. Desde el rincón opuesto, el publicista Maurice Saatchi matizó: en general, no nos basta con tener éxito; los demás deben fracasar. Al candidato conservador a la presidencia del Gobierno le falta calle, es cierto. Pero no es él. Son ellos."           (Xosé Manuel Pereiro  , CTXT, 29/07/2023)

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