24.8.23

Sobre el ataque a los «levantamientos de la tierra» en Francia... 30.000 personas se dan cita en el distrito rural francés de Sainte-Soline... chocan frontalmente contra una línea policial que defiende con profusión de armamento el enorme hueco abierto por el proyecto de una megabalsa de riego... insuperable símbolo de la barbarie de la agricultura industrial... Tras 5.015 proyectiles disparados en algo más de hora y media, el balance es de 200 manifestantes heridos, 40 gravemente mutilados y dos en coma (por suerte a día de hoy ya despiertos)... durante los próximos diez años la mitad de los/as agricultores/as franceses/as se jubilarán, lo que supondrá que aproximadamente un cuarto de todas las tierras agrícolas del país tendrán que cambiar de manos y, si nadie se opone a ello, también de uso. La inquietud: que todas ellas acaben en manos de especuladores, urbanistas, ingenieros, constructores o agroindustriales que pongan en marcha un nuevo cercamiento masivo... Frente a este riesgo, el colectivo Reprise de terres insta a construir un movimiento masivo de recuperación y defensa de los terrenos agrícolas. Compras, expropiaciones, tenencia comunal… Lo que sea necesario para frenar en seco el proyecto desarrollista y conseguir que en 2050 uno, dos o hasta tres millones de nuevos campesinos hayan puesto en marcha proyectos agroecológicos en el territorio

 "El Gobierno de Macron inicia una ofensiva legal contra el movimiento ciudadano que reúne ya a más de 100.000 personas en defensa del territorio

El 25 de marzo, 30.000 personas se dan cita en el distrito rural francés de Sainte-Soline bajo la bandera de los Soulèvements de la terre (levantamientos o sublevaciones de la tierra, diríamos en castellano). Columnas de manifestantes repletas de niños, coloridos animales totémicos, fanfarrias, máscaras de gas y escudos chocan frontalmente contra una línea policial que defiende con profusión de armamento… el vacío. Granadas, cañones de agua y gases lacrimógenos para salvaguardar el enorme hueco abierto por el proyecto de una megabalsa de riego. Armas de guerra para defender un cráter –indestructible por definición e insuperable símbolo de la barbarie de la agricultura industrial– de los cutters con los que el movimiento se propone liberar el agua. Tras 5.015 proyectiles disparados en algo más de hora y media, es decir, casi un proyectil por segundo, tantos como en todo 2009, el balance es de 200 manifestantes heridos, 40 gravemente mutilados y dos en coma (por suerte a día de hoy ya despiertos).

Aunque sin demasiada intensidad, y en muchos casos desfigurado por la ambigüedad populista de los medios de comunicación, el huracán que la jornada de Sainte-Soline creó en el Estado francés comienza a alcanzar también nuestras costas. Algunas personas dentro y fuera del ámbito ecologista han comenzado a preguntarse: ¿qué son los levantamientos de la tierra? ¿De dónde han salido? ¿Cómo es posible unir a 30.000 personas bajo la bandera del ecologismo, el anticapitalismo, el feminismo, la crítica colonial o el sabotaje al desarrollismo? ¿Deberíamos imitarlos? (...)

En marzo de 2021, jóvenes rebeldes, habitantes comprometidos con la defensa de sus territorios y campesinos publicaban el “Llamamiento de los levantamientos de la tierra”. En él se reivindicaba la necesidad imperiosa de tres gestos. El primero, “tirar del freno de emergencia” y desmantelar las industrias tóxicas que destruyen la tierra. La tierra tanto en su sentido agrícola como en aquel que la comprende como el hogar de la vida, su condición de posibilidad, como Gaia. El segundo, reapropiarse de dicha tierra para convertirla en un común que haga posible la defensa del campesinado y su expansión. Y el tercero, ocupar los lugares de decisión en los que en la próxima década se dirimirá el destino de los terrenos que la desaparición de granjas dejará a merced de la agroindustria y los especuladores.

 Este llamamiento se convirtió en el pistoletazo de salida de una dinámica de movilizaciones que incluyó todo tipo de acciones: desde la defensa de terrenos agrícolas urbanos amenazados por la edificación hasta sabotajes a las industrias del cemento, pasando por la destrucción de megabalsas, los bloqueos de carreteras en construcción o la defensa de zonas boscosas y humedales. El esquema es siempre el mismo. Al inicio de cada temporada anual se designan una serie de territorios amenazados que, mes a mes, serán el escenario de encuentros in situ. Los miembros de los levantamientos, simbiotizándose con los colectivos locales y amplificando sus capacidades, ponen en pie un campamento temporal para recibir a personas venidas de todos los rincones de Francia y organizan movilizaciones en los lugares amenazados que, en la mayor parte de los casos, culminan con una acción de sabotaje (“desarme”, en sus términos) colectiva y festiva.

Sindicalistas campesinos de la Confédération Paysanne, militantes autónomos, naturalistas combativos, feministas, jóvenes del movimiento climático, defensores del territorio… Todos/as ellos/as se han venido dando cita mes tras mes, siendo testigos de un aumento exponencial de su potencia y apoyos. Si en las primeras acciones de 2021 los levantamientos atraían a unos pocos cientos de personas, en 2022 su número escaló hasta acercarse a los miles, catapultándose hasta las decenas de miles que protagonizaron la batalla de Sainte-Soline. (...)

Tan importante como la defensa de la tierra y el “desarme” del capitalismo industrial son la reapropiación de la tierra y la reconstrucción de una capacidad autónoma de subsistencia. (...)

Todos ellos comparten una constatación y una inquietud. La constatación: durante los próximos diez años la mitad de los/as agricultores/as franceses/as se jubilarán, lo que supondrá que aproximadamente un cuarto de todas las tierras agrícolas del país tendrán que cambiar de manos y, si nadie se opone a ello, también de uso. La inquietud: que todas ellas acaben en manos de especuladores, urbanistas, ingenieros, constructores o agroindustriales que pongan en marcha un nuevo cercamiento masivo y prosigan metódicamente con una destrucción de la tierra que nos empuja a marchas forzadas hacia el precipicio.

Frente a este riesgo, el colectivo Reprise de terres insta a construir un movimiento masivo de recuperación y defensa de los terrenos agrícolas. Compras, expropiaciones, tenencia comunal… Lo que sea necesario para frenar en seco el proyecto desarrollista y conseguir que en 2050 uno, dos o hasta tres millones de nuevos campesinos hayan puesto en marcha proyectos agroecológicos en el territorio. Estos no tendrían únicamente en sus manos la posibilidad de avanzar hacia la autonomía alimentaria y económica, sino también la posibilidad de defender la vida de Gaia. Tanto favoreciendo un manejo campesino compatible con la biodiversidad como directamente liberando tierras que pudieran reasilvestrarse y quedar en manos de nuestros compañeros vivientes. Agroecología y reasilvestramiento, por tanto, caminan de la mano en la propuesta de este colectivo.

 (...) el colectivo Reprise de savoirs (Reapropiación de saberes) nos propone ir más allá. Si a día de hoy nos resulta casi impensable oponernos a los desmanes de la industria (contaminación, urbanización, desigualdad Norte-Sur, agresión a Gaia) es sobre todo porque, como auguró Ivan Illich hace ya más de 50 años, nos hemos vuelto absolutamente dependientes de ella. ¿Qué comunidad es hoy capaz de construir o mantener su casa, fabricar su ropa, cultivar sus alimentos, cuidar a los cercanos, etc.? Rota la cadena de transmisión del conocimiento heredado y capturada la innovación por expertos alineados con los intereses del capitalismo industrial, los habitantes de los países del centro del mundo nos vemos condenados a ser espectadores impotentes de la catástrofe industrial. 

(...) los levantamientos están siendo objeto de una violencia represiva sin precedentes por parte del Estado francés. Por supuesto, bajo la forma de dispositivos policiales monstruosos que, en las últimas convocatorias, han llegado incluso a alcanzar en número la mitad del total de personas manifestantes, haciendo así en gran medida imposible el despliegue de las acciones del movimiento y continuando con la deriva militarista y la violencia explícita contra los manifestantes que se vivió en Sainte-Soline. Pero Macron tampoco ha dudado en utilizar todo el poder de represión burocrática con el que cuenta el Estado para tratar, casi a la desesperada, de ahogar este grito de la naturaleza que se defiende.

El 21 de junio el gobierno francés decretó oficialmente la ilegalización de los levantamientos de la tierra, de todos sus miembros y de la participación en cualquiera de sus acciones. Un movimiento que vino precedido, el día anterior, por la detención en sus propias casas de más de 15 activistas que habían participado previamente en las acciones del movimiento. Es así como el Gobierno francés pretende acabar de un plumazo con una red que ya cuenta con más de 110.000 miembros registrados, 180 comités locales y el apoyo de cientos de miles de personas y de cientos de colectivos y sindicatos. Como el propio movimiento ha señalado en el manifiesto de apoyo antirrepresivo que sigue abierto a firmas, el Gobierno se entrega a la infructuosa e imposible tarea de disolver un levantamiento, ya que “ce qui repousse partout ne peut être dissous” (“no se puede disolver lo que brota por doquier”). Un empeño que no por imposible deja de ser doloroso e impactante para decenas de vidas hoy, y quién sabe si cientos en el futuro cercano. (...)"

(Adrián Almazán Gómez , Profesor de filosofía en la Universidad Carlos III de Madrid, licenciado en física y miembro de Ecologistas en Acción y del colectivo La Torna. CTXT, 19/08/23)   

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