"Más del 40% de las exportaciones argentinas tienen por destino alguno de los estados que integran el BRICS. El ingreso de nuestro país al bloque es una ventana que se abre en un mundo cada vez más plural y heterogéneo, una alternativa para resolver las urgencias financieras y las desestabilizaciones cambiarias. (...)
Con este gesto político, apuesta por que Argentina encuentre en el Sur Global (esa identidad de límites difusos que, a grandes trazos, puede incluir a los países de África, América Latina y Asia) un espacio de referencia y estabilidad desde el cual poder sostener sus compromisos exteriores.
El ingreso al BRICS abre la posibilidad a pensar una política exterior de mayor flexibilidad en términos internacionales y discutir la necesidad de un alineamiento rígido con Estados Unidos. (...)
Es más bien un agrupamiento o foro de países distintos entre sí, nucleados por su carácter de economías emergentes y por la expectativa de coordinar posiciones y acciones para potenciar su influencia en los asuntos globales. Las coincidencias en torno de agendas de reclamos al occidente político (mayor cooperación económica y social, nuevas reglas para el sistema monetario y financiero internacional, mayor incidencia del Sur Global en la toma de decisiones que afectan a la política global) surgieron de manera paulatina, tras un largo proceso de búsqueda y diálogo. Los BRICS interpelan al mundo buscando ampliar el juego de la política internacional. Sin exagerar el grado de legitimidad internacional de esta expectativa, la agrupación consolidó un lugar relevante en el imaginario global y constituye una voz de peso en el planteo de alternativas a mecanismos de cooperación asociados con las instituciones del llamado “Orden Liberal Internacional”.
El foro creó algunas pocas instancias formalizadas de cooperación, a partir de las que busca apuntalar su relevancia en una nueva arquitectura económica internacional. Uno de ellos es el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), con sede en Shanghai: una alternativa para el financiamiento de proyectos de desarrollo e infraestructura por fuera de los organismos multilaterales dominantes como el FMI y el Banco Mundial. Otra iniciativa de trascendencia fue el Acuerdo de Reservas de Contingencia (ARC), diseñado para evitar presiones de liquidez en el corto y mediano plazo, corridas financieras y alentar una mayor seguridad financiera global. Desde hace ya un tiempo la agrupación propicia el uso de monedas propias en el intercambio comercial entre sus miembros, evitando así el paso por el dólar estadounidense. Incluso Brasil llevó a la última cumbre en Sudáfrica la propuesta de acuñar una moneda común para estos intercambios. (...)
El BRICS se caracteriza por su flexibilidad tanto en términos de funcionamiento como en sus aspectos normativos. Esto permite que convivan en ella Estados sumamente heterogéneos. Quizás los únicos dos elementos que comparten todos sus miembros (los originales y quienes fueron invitados a sumarse) sean su condición de “economías emergentes” y su no occidentalidad, en el sentido de que ninguno de ellos es parte de Europa ni de América del Norte. Por lo demás, la organización política, social, económica y cultural de los países que lo integran muestra un nivel de heterogeneidad que puede resultar difícil de comprender para quienes piensen la cooperación internacional solamente desde la perspectiva de la experiencia histórica “occidental”.
La imagen de esta agrupación como un espacio político monolítico se resquebraja al constatar que persisten entre algunos de sus miembros importantes conflictos territoriales y políticos no resueltos, como es el caso de las disputas por sus fronteras entre China e India. Esto aplica también a algunos de los nuevos invitados. Arabia Saudita e Irán mantienen intensas disputas políticas y militares en el Medio Oriente desde la irrupción de la revolución iraní de 1979. Del mismo modo, el país persa y Emiratos Árabes Unidos mantienen conflictos sin resolver respecto de la soberanía sobre una serie de islas en el Golfo Árabe/Pérsico.
Esta heterogeneidad también se manifiesta en las relaciones y alianzas que los miembros de la agrupación mantienen en el plano internacional. No debe pensarse que se trata necesariamente de una alianza anti-Estados Unidos. Ese clivaje, que podría parecer determinante al pensar las estrategias de proyección internacional de China y Rusia, se vuelve irrelevante al considerar las buenas relaciones que India, Sudáfrica e incluso Brasil gozan con la potencia norteamericana. Pensar el BRICS requiere dejar a un lado las dicotomías y, en cambio, prestar atención a matices, complejidades y agendas multifacéticas. Esta heterogeneidad da cuenta de otro modo de lidiar con la diferencia en la política internacional, de la posibilidad de coexistir con ella y en ella: ni un único régimen político, ni un único modo de relacionarse con la religión, ni un único modo de relacionarse con los otros, ni un único modo de desarrollo posible. (...)
Fue tal la importancia del ingreso de Argentina al BRICS que llevó a la reaparición pública de Alberto Fernández luego de las PASO. (...)
Se abren, así, posibilidades de aumentar el comercio exterior y vías de financiación alternativas al FMI.
Ser parte de los BRICS no otorga per se ninguna preferencia comercial. Pero es esperable que una mayor intensidad de contactos entre los países produzca nuevas formas informales de facilitación de comercio. El comercio no se desarrolla en un vacío social, regido de manera perfecta por las supuestas “reglas del mercado” de eficiencia y asignación perfecta de recursos. La repetición de reuniones entre las comitivas enviadas a cada cumbre (compuestas por agentes estatales y no estatales, especialmente empresariales), así como la multiplicación de agendas de debate y coordinación a través de distintas rondas de diálogo, implica un paulatino crecimiento del conocimiento mutuo. Bajado a tierra, esto quiere decir que nos conocemos más y mejor, que sabemos quiénes producen qué, qué intereses tiene cada miembro, qué sectores estratégicos quiere desarrollar cada uno y qué oportunidades de cooperación mutuamente beneficiosa pueden surgir (comerciales, científicas, tecnológicas, políticas, etc.).
Un eventual acceso al NBD representa una alternativa para que Argentina resuelva necesidades financieras urgentes. Instrumentos financieros y monetarios como el ARC podrían, también, disminuir los problemas de balanza de pagos, corridas y desestabilizaciones cambiarias.
Finalmente, para un país con restricción externa (dolarizada) como
Argentina, sumarse a la desdolarización del comercio que se viene
impulsando entre los miembros del BRICS abre la posibilidad de respirar.
Argentina ya tiene algunos avances al respecto con Brasil y China.
Incorporarse a la agenda del BRICS podría dar un nuevo impulso a las
negociaciones ya iniciadas, así como incorporar esta agenda a la
relación con los otros países miembro. (...)
En el marco de este mundo más plural y heterogéneo que se está imponiendo a pasos firmes, el ingreso al BRICS es una ventana que se abre, la posibilidad de tomarnos un respiro. Es solo oportunidad abierta para Argentina: posibilidades económicas, posibilidades de juego político. Por supuesto, posibilidad no es garantía y dependerá de qué es lo que los distintos actores involucrados puedan hacer con ella. "
( , Rebelión, 04/09/2023)
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