17.10.23

La muerte de la izquierda griega: una tragedia política... La llegada de Kasselakis propició un neto un cambio en el tono de la campaña. Repentinamente se constituyó un grupo de fervientes partidarios del candidato que emprendieron una despiadada campaña digital repleta de acusaciones infundadas... Sus apariciones públicas adoptaron la forma de paseos tranquilos con su pareja, visitas diarias al gimnasio o momentos compartidos con su perro en el sofá. Y el enigma político de su concepción política se acentuó dada su ausencia en los debates y su reticencia a dialogar con los periodistas... En ausencia de madurez política y de un compromiso firme con los valores fundamentales de la izquierda, es difícil vislumbrar cómo Syriza puede confiar en sobrevivir a una segunda muerte política

 "Las expectativas en la reciente disputa por la dirección de Syriza eran altas. La favorita entre la izquierda radical del partido para tomar el timón de la actual oposición parlamentaria griega, dado que Syriza cuenta con 47 de los 300 escaños del Parlamento heleno, era Effie Achtsioglou, diputada de 38 años y exministra. Achtsioglou parecía bien posicionada para conducir a Syriza hacia una nueva era, que habría significado un retorno a los fundamentos ideológicos tradicionales del partido. Doctora en Derecho y en posesión de un sólido conocimiento de los mercados laborales, Achtsioglou ostentaba una comprensión y dominio de la política griega que envidiaban incluso políticos veteranos bien curtidos en sus avatares.

En cambio, y contra todo pronóstico, Stefanos Kasselakis, un recién llegado a la política que debutó en ella tras las elecciones generales de junio de 2023, se hizo con la victoria en la contienda del 24 de septiembre pasado al recibir asombrosamente el 56,69% de los votos. Kasselakis, empresario de 35 años, destaca por ser el primer líder de un partido griego (abiertamente) gay y por estar casado con Tyler McBeth, un enfermero de urgencias estadounidense. Conocido a menudo como “el chico de oro”, dada su experiencia previa en el mundo de la banca de inversión al hilo de su trabajo en Goldman Sachs, Kasselakis residió en Estados Unidos hasta la primavera de este año. Su rápido ascenso ha suscitado dudas sobre su perspicacia política y su familiaridad con los entresijos de la nación de la que ahora ostenta el cargo de jefe de la oposición.

Cabe destacar que en las elecciones generales del pasado 25 de junio, Syriza recibió el respaldo de aproximadamente 930.000 ciudadanos (17,83%). Sin embargo, en la posterior contienda por el liderazgo del partido la participación se redujo notablemente, dado que únicamente participaron 132.710 personas. En particular, el Comité Central de Syriza amplió la posibilidad de votar a los nuevos miembros, siempre que se hubieran inscrito al partido antes del día de las elecciones. En total, Kasselakis obtuvo 74.285 votos, menos del 10% de los votantes de Syriza que participaron activamente en las elecciones de junio.

 

Lo que resultó especialmente extraño de la contienda por el liderazgo de Syriza fue el marcado contraste de su tono antes y después de la aparición de Kasselakis. Antes de que se incorporara a la contienda, la candidata Achtsioglou formuló diligentemente un programa progresista de izquierda pertinente para definir el futuro de Syriza. Su campaña propuso un sólido Estado del bienestar, abogó por una mayor transparencia en la política y, en su conjunto, sus propuestas habrían sido especialmente beneficiosas para las numerosas familias griegas que perciben bajos ingresos. Además, Achtsioglou defendió un programa ecológico adecuado para hacer frente al cambio climático en el Mediterráneo y propuso el aumento del salario mínimo, la reevaluación crítica de las actuales medidas de austeridad, insistió especialmente en la defensa de los derechos humanos.

La llegada de Kasselakis propició, como hemos indicado, un neto un cambio en el tono de la campaña. Repentinamente se constituyó un grupo de fervientes partidarios del candidato que emprendieron una despiadada campaña digital repleta de acusaciones infundadas contra Achtsioglou, que fue acusada de haber saboteado al anterior líder Alexis Tsipras, y trufada de desinformación y ataques misóginos contra ella. Esta cuidadosa campaña de ataques orquestados no sólo alteró el tono del discurso, sino que acabó inclinando la balanza a favor de Kasselakis.

En el sanctasanctórum de Syriza cundió repentinamente un escepticismo generalizado, debido fundamentalmente a la campaña de Kasselakis, centrada en las artes de la comunicación y en la percepción pública más inmediata de la situación. Lamentablemente, los debates políticos de fondo brillaron por su ausencia. Kasselakis, al eludir la tarea de dilucidar su programa político, dificultó la evaluación de su visión del futuro del partido. 

 La ausencia de una oposición de izquierda fuerte y potente durante un periodo de la política griega caracterizado por la catástrofe medioambiental, las acusaciones de corrupción política registradas durante el periodo de gobierno de Kyriakos Mitsotakis y el ascenso del extremismo de extrema derecha preocupa profundamente a muchos griegos y griegas

El lanzamiento de Kasselakis a la fama se debió en gran medida a su incesante insistencia en los elementos metapolíticos de su persona. Sus apariciones públicas adoptaron la forma de paseos tranquilos con su pareja, visitas diarias al gimnasio o momentos compartidos con su perro en el sofá. Y el enigma político de su concepción política se acentuó dada su ausencia en los debates y su reticencia a dialogar con los periodistas, todo lo cual ha suscitado preguntas cruciales sobre la transparencia y la responsabilidad de su desafió a concurrir al liderazgo de Syriza.

Por supuesto, los recién llegados a la política a menudo pueden insuflar nueva vida a un partido, pero dado que Kasselakis no ha articulado desde el principio los fundamentos ideológicos de su liderazgo ni su modus operandi para dirigir Syriza, existen serias dudas sobre la forma en que todo ello podría adoptar. La cuestión crucial, sin embargo, son los serios desafíos a los que se enfrenta Syriza. La ausencia de una oposición de izquierda fuerte y potente durante un periodo de la política griega caracterizado por la catástrofe medioambiental, las acusaciones de corrupción política registradas durante el periodo de gobierno de Kyriakos Mitsotakis y el ascenso del extremismo de extrema derecha preocupa profundamente a muchos griegos y griegas.

En lugar de fomentar la unidad, la nueva dirección de Syriza no ha hecho sino acentuar los profundos conflictos internos del partido, conflictos que tienen el potencial de precipitar un nuevo cisma ideológico en su seno. Este tipo de escisiones no son infrecuentes en política y a menudo sirven como medio para garantizar la supervivencia política de una organización. Sin embargo, la clave suele estar en la planificación estratégica a largo plazo. El fracaso de Syriza a la hora de pivotar decisivamente hacia una agenda de izquierda claramente definida para contrarrestar el neoliberalismo expansivo de Nueva Democracia representa un error moral, que puede perseguir al partido durante los próximos años.

Esta lucha interna, sin embargo, no es exclusiva de Syriza. Refleja una tendencia más amplia en los partidos de izquierda de toda Europa. El Partido Laborista de Keir Starmer, por ejemplo, ha trazado un rumbo centrista y ha dado pasos hacia la adopción de políticas nativistas con llamamientos a controles fronterizos más estrictos. Del mismo modo, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) ha sido testigo de un debilitante colapso bajo la dirección de Olaf Scholz, marcado por la ambivalencia ideológica y la confusión. En medio de estos acontecimientos, Syriza se enfrenta a retos similares a la hora de abordar las preocupaciones de los votantes de izquierda, hallándose obligada a navegar en un panorama político complejo.

(...) en Syriza existe una enorme preocupación ante un liderazgo inmaduro, fenómeno que puede verse exacerbado por una audiencia carente de sofisticación política.

En un momento de extrema necesidad, las bases de Syriza, o lo que queda de ellas, han optado por unirse en torno a una figura enigmática carente de una agenda discernible, acosada por un pasado dudoso y envuelta en la incertidumbre sobre sus cualificaciones (con acusaciones de que su currículo podría estar adornado). Informes procedentes de Atenas han destacado la escasa relación de Kasselakis con las ideologías de izquierda. En particular, su llamativa ausencia de mítines o campañas políticas fue un fenómeno llamativo antes de marzo de 2023. Durante este período, sus contribuciones al periódico de la diáspora griega National Herald, con sede en Nueva York, mostraron una admiración constante por el primer ministro conservador Kyriakos Mitsotakis y un respaldo a sus políticas.

Una deficiencia notable de la campaña de Kasselakis para dirigir Syriza fue su despreocupación ante la ausencia de unidad existente en el partido, un vacío que, como hemos señalado anteriormente, ha quedado puesto en evidenciad por el comportamiento de sus partidarios. En ausencia de madurez política y de un compromiso firme con los valores fundamentales de la izquierda, es difícil vislumbrar cómo Syriza puede confiar en sobrevivir a una segunda muerte política tras la verificada en 2015. De hecho, algunos llegan a afirmar que se trata en realidad de la tercera muerte del partido, teniendo en cuenta la agitación sísmica desencadenada en su seno por la dimisión de Alexis Tsipras en junio pasado tras la derrota electoral.

 En caso de que produzca eventualmente un cisma político en Syriza, las repercusiones podrían resultar más profundas que las vividas en 2015, cuando la facción de la izquierda radical, formada entre otros por Yanis Varoufakis, Costas Lapavitsas y Zoe Konstantopoulou, abandonó el partido en protesta por la decisión de Tsipras de firmar un nuevo memorando de entendimiento con la Unión Europea. Un nuevo cisma en esta coyuntura alberga el potencial de crear una ruptura de una magnitud sin precedentes, escindiendo efectivamente la facción tradicional de izquierda del partido del movimiento emergente encabezado por Kasselakis. Este movimiento, apoyado por una amalgama de antiguos miembros del Pasok, asesores centristas y un contingente de (antiguos) miembros de derecha de Nueva Democracia, podría representar la separación definitiva de caminos. El mismo partido que en su día defendió un rumbo antieuropeo, afirmando que anularía los memorandos mediante un “único acto legislativo”, promesa efectuada por el propio Alexis Tsipras, se ha desvanecido en los anales de la historia. La opacidad de la trayectoria actual de Syriza parece ominosa e inquietante, especialmente cuando se considera la aparente incapacidad del partido para reconocer los factores contextuales más amplios que se hallan en juego.(...)"             (Georgios Samaras  , El Salto, 14/10/23)

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