"La constitución americana, antigua como es, tiene algunos artículos un poco pasados de moda. Hay derechos fundamentales arcaicos, como esa enmienda que reza que nadie puede ser obligado a albergar tropas en su casa sin su consentimiento. Tambien hay alguna prohibición que parece redundante o excesivamente detallada, como si los redactores hubieran puesto por escrito algo que ahora nos parece obvio.
Ese es el caso del artículo I, sección 9, cláusula 8, conocida habitualmente como la foreign emoluments clause (cláusula de emolumentos extranjeros):
'No Title of Nobility shall be granted by the United States: And no Person holding any Office of Profit or Trust under them, shall, without the Consent of the Congress, accept of any present, Emolument, Office, or Title, of any kind whatever, from any King, Prince, or foreign State.'
('Ningún título nobiliario será concedido por los Estados Unidos, y ninguna persona que ocupe un cargo remunerado o de confianza podrá recibir, sin el consentimiento del Congreso, ningún regalo, emolumento, cargo o título de ninguna clase de ningún rey, príncipe o estado extranjero').
En el contexto en el que fue redactado, incluir una cláusula en la constitución que prohíbe a cargos públicos recibir prebendas o regalos de otras potencias tenía sentido. Estados Unidos era una república de gentilhombres acomodados, pero no excesivamente ricos. Era perfectamente posible creer que las monarquías europeas podrían intentar halagar a sus líderes de no mediar una fuerte, clara prohibición. Otras leyes constituciones posteriores, sin embargo, no han creído necesario incluir una prohibición al soborno en su texto, relegando esta clase de afirmaciones al código penal, junto a las penas imponibles por ello.
La ventaja de tener la emoluments clause ahí, ocupando espacio en la constitución es que es al menos sirve de bonito recordatorio al extraordinario espíritu igualitario de los fundadores del país, y su radical rechazo a la aristocracia y títulos hereditarios. Estos días sirve también para recordar que Donald Trump es exactamente la clase de persona que los redactores de la constitución temían que pudiera llegar a la presidencia.
El avión del presidente
El presidente de los Estados Unidos viaja por el mundo en un Boeing VC-25, la versión militarizada del 747. La fuerza aérea tiene dos de estos aviones, en servicio desde 1990¹. Su (relativa) antigüedad hace que sean caros de mantener y operar, así en el 2015 anunciaron que Boeing iba a fabricar dos substitutos, basados en una versión más moderna del 747.
Como suele ser habitual en cualquier obra pública o contrato militar en este país, el proyecto ha sufrido problemas y retrasos importantes. El 747, para empezar, dejó de fabricarse el 2023, así que de entrada serán dos bichos un tanto únicos. Para ahorrar dinero, Boeing no está fabricando aviones nuevos, sino que utilizarán dos aparatos encargados por una empresa rusa quebrada que nunca llegaron a entrar en servicio que tenían en un almacén en Mojave. Se pusieron a trabajar en los aparatos el 2020 con la intención de ponerlos en servicio el 2024, pero tras múltiples pifias y errores, no estarán listos, como muy temprano hasta el 2027.
Como os podéis imaginar, a Donald Trump le hace mucha, mucha ilusión ser el primer usuario del nuevo avión, y quiere decorarlo a su gusto, con doraditos y horteradas ochenteras varias. Al presidente no le gustan los VC-25 actuales, con sus interiores diseñados por Nancy Reagan y aire de vaga obsolescencia. Así que el hombre anda desesperado por o bien conseguir que Boeing entregue los aviones cuanto antes, o bien tener un juguete nuevo para su corte imperial.
Un regalo generoso, dicen
La familia real de Qatar son gente sensible, cordial, amable, llenos de empatía, que entienden lo difícil que es gobernar. Son gente que habla a menudo con Trump y su familia, que conocen sus problemas. Son relaciones profundas, de confianza, basadas en el peloteo desaforado y hacer negocios millonarios con ellos de forma totalmente desinteresada.
Han escuchado los gritos y el sufrimiento de Trump, el horrible dolor que supone volar por el mundo en un humillante 747-200 modificado en vez de en un lujoso y moderno 747-8I. Así que, para remediar esa terrible situación, han decidido darle un regalo en forma de un nuevo, reluciente, lujoso, espléndido 747-8I, para que pueda volar con más tranquilidad el resto de mandato.
Para ser más preciso, los qataríes van a donar el avión, que definen como un “palacio con alas”, al gobierno de Estados Unidos. Cuando termine el mandado (y previsiblemente los VC-25B encargados a Boeing entren en servicio) el avión sería transferido a la fundación de la biblioteca presidencial de Trump. Es decir, el gobierno de Qatar quiere regalar a Donald Trump un avión que vale 400 millones de dólares de forma abierta y descarada.
Y saben que el avión es del agrado de Trump. El hombre visitó uno idéntico en febrero cuando el aparato casualmente estaba aparcado en Florida.
Reacciones
La noticia del regalo se hizo pública ayer domingo, primero por ABC News, después confirmada por otros medios. El plan era anunciarlo esta semana, antes del viaje de Trump a Qatar en su segunda visita al extranjero durante este mandato. Media internet y todo el partido demócrata salió en tromba aullando emoluments clause y diciendo que esto era obviamente una flagrante violación de la constitución.
Aunque (que yo sepa) ni un sólo republicano de primera línea ha levantado la más mínima queja al respecto, lo de recibir un regalito de 400 millones por parte de un gobierno árabe dudosillo ha generado desconfianza incluso entre gente MAGA con acceso directo a Trump:(...)
A Trump, sin embargo, esto le importa poco:
El hombre se muere de ganas de que le den el avioncito, y según parece ya tiene encargadas las reformas necesarias para que pueda ser usado como avión presidencial, como comunicaciones seguras y eso de poder activar el arsenal atómico de Estados Unidos y destruir el mundo. El escándalo ha sido tal, sin embargo, que los qataríes se empezaron a desmarcar ligeramente del tema, diciendo que todavía estaba “en estudio”.
Por si toda la historia no apestaba a corrupción suficiente, la familia Trump acaba de firmar un contrato para construir un campo de golf de lujo en Qatar. La “donación” ha sido aprobada por Pam Bondi, la fiscal general de Trump, que antes de entrar en la administración era una lobista a sueldo de Qatar cobrando $1115.000 al mes.
Lo cierto es que Qatar debería haber aprendido de sus amiguetes en Dubai, que en vez de hacer cosas raras con aviones están sobornando limpia y sanamente con criptomonedas, que es lo que hacen los criminales modernos. Toda la familia se está poniendo las botas recibiendo contratos y haciendo “negocios” sin tener que darles un trasto tan difícil de ocultar.
Consecuencias
Es Trump, por supuesto. El hombre hizo toda clase de cosas cómicamente corruptas en su primer mandato. Su hotel en Washington era casi un cajero automático para sacarle dinero a lobistas; esta clase de comportamiento no sorprende.
Pero sigue siendo extraordinario. Al presidente de los Estados Unidos le van a regalar un maldito Boeing 747-8I, y el tipo no es que lo niegue, es que dice que no aceptar el soborno es cosa de perdedores. A cualquier otro político le fusilarían por esto. Hunter Biden (que nunca tuvo cargo público alguno en la administración de su padre) se pasó años siendo investigado porque vendió pinturas a alguien a un precio excesivo (unos ciento de miles de dólares). A Trump le van a regalar un avión que vale 400 millones.
Y no será delito, claro. Porque el Supremo, en su dicharachera sentencia del año pasado, dijo eso de que el presidente tiene inmunidad absoluta en cualquier cosa relacionada con el ejercicio de sus poderes presidenciales. Las relaciones exteriores lo son, así que recibir un avión de un aliado es la mar de aceptable.
Por cierto: no quiero ni imaginarme la cantidad de micrófonos y dispositivos de escucha variados que los Qataríes van a meter en ese “regalo”. Sólo por los riesgos de seguridad es una idea horripilante." (Roger Senserrich, blog, 12/05/25)
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