"Tras los años de crisis provocados por la pandemia del Covid-19, la economía marroquí sigue enfrentándose a una situación extremadamente difícil.
Mayor dependencia
La economía marroquí está estrechamente vinculada a la situación en Europa. Europa es el primer socio comercial, financiero y económico del Reino. Absorbe casi el 60% de las exportaciones marroquíes y proporciona el mismo porcentaje en importaciones. Es el destino de las principales remesas de los nacionales marroquíes en el extranjero, y es la fuente de ingresos procedentes del turismo, la ayuda al desarrollo y los préstamos, etc. La economía marroquí es, por tanto, muy dependiente de Europa. La economía marroquí es, por tanto, muy dependiente de la Unión Europea y de las crisis que pueda sufrir. Lo hemos visto con la ralentización que afecta actualmente a Europa -sobre todo debido a las repercusiones de la guerra en Ucrania-, que está provocando una caída de la demanda de productos extranjeros, incluidos los marroquíes.
Según el Banco Mundial, Marruecos es actualmente uno de los países con economías más abiertas al exterior, con una tasa de apertura superior al 65% para el periodo 2008-2013, superior a la de Egipto (39,5%), India (36,6%), Argentina (35,8%) o Turquía (43,6%), y con un nivel de importaciones muy superior al de exportaciones.
Décadas de políticas neoliberales, bajo la égida de las Instituciones Financieras Internacionales (IFI), han modelado la economía marroquí y profundizado su dependencia del mercado capitalista mundial a todos los niveles, conduciendo incluso a la pérdida de su soberanía para elaborar sus propias políticas económicas y sociales...
Decadente soberanía alimentaria
Desde 2022, Marruecos sufre una crisis inflacionista, con tasas de inflación de los precios de los alimentos básicos que oscilan entre el 5% y el 30%. Además, según el Banco Mundial (enero de 2023), «la caída de las precipitaciones muy por debajo de la media amenaza al sector agrícola [marroquí] con la sequía por sexto año consecutivo». A mediados de enero, la tasa de llenado de los embalses era muy baja (23,3%, frente al 31,5% a mediados de enero de 2023), lo que pone en peligro los cultivos y la producción alimentaria local [1].
Mientras que la factura alimentaria del país aumentó en más de 3.000 millones de dirhams (300 millones de euros) en 2023, todos los productos alimenticios que Marruecos compra en el extranjero experimentaron un aumento significativo, tanto en valor como en volumen. Según las estadísticas oficiales, la factura de importación de animales vivos (es decir, el rebaño de ovejas y vacas que Marruecos acabó trayendo del extranjero tras décadas de autosuficiencia) costó unos 3.000 millones de dirhams (300 millones de euros).
Por ejemplo, la balanza comercial de Marruecos [2] pone de relieve el hecho chocante de que el país vende 8.000 millones de dólares en verduras, frutas y cítricos (anegados y que consumen año tras año el 80% de nuestros menguantes recursos hídricos) para comprar 9.000 millones de dólares en cereales.
Desde la independencia formal de Marruecos [3], el sector agrícola ha absorbido una parte muy importante de las ayudas bajo distintas formas: en infraestructuras, presas, insumos y equipos, además de ayudas financieras y exenciones fiscales, etc. A esto se añade el hecho de que en el sector se mantienen salarios bajos y duras condiciones de trabajo.
Todo esto es el fruto amargo de una política consciente para beneficiar a los grandes inversores agroalimentarios privados locales y extranjeros. Es el resultado de la política agrícola neoliberal dictada por las IFI, conocida como Plan Marruecos Verde (2008-2018) [4] y ahora como Generación Verde (2020-2023) [5]. Una política en virtud de la cual, entre otras opciones, se decidió reducir la superficie de cultivo de cereales de 6 millones de hectáreas a 1,5 millones de hectáreas y sustituirlos por cultivos de sandías, aguacates, tomates... y Marruecos, que hasta finales de los años 60 era principalmente un país exportador de cereales, ha pasado a depender en gran medida del mercado internacional.
Una aguda crisis del agua
«Mientras que se espera que las necesidades de agua de los cultivos aumenten entre un 8 y un 27%, el rendimiento de los cultivos de secano, sobre todo cereales y hortalizas, podría disminuir entre un 5 y un 30%».
Un estudio comparativo de los países del Magreb pone de relieve la especial vulnerabilidad de Marruecos al cambio climático. La subida de las temperaturas y el consiguiente aumento de la evapotranspiración, combinados con la disminución de las precipitaciones, aumentarán la presión sobre los recursos hídricos, mientras que en algunas zonas los balances de aguas subterráneas ya son deficitarios [6]. [6]. Un aumento de la temperatura de 2 °C con respecto al periodo 1980-2010 provocaría una disminución del 30% de los caudales de agua de aquí a 2050 y un aumento del 50% de la frecuencia de los días de sequía de aquí a finales de siglo.
La importancia de la agricultura de secano (95% de la superficie agrícola total utilizada) y la captación de agua para actividades agrícolas (87% de la captación total) son factores decisivos en las tendencias de la productividad. Mientras que se prevé que las necesidades de agua de los cultivos aumenten entre un 8% y un 27%, el rendimiento de los cultivos de secano, sobre todo cereales y hortalizas, podría disminuir entre un 5% y un 30%, según un estudio de la FAO, entre otros. La vulnerabilidad también tiene en cuenta la importancia económica del sector agrícola en Marruecos, tanto en términos de PIB (17% del PIB) como de empleo (casi el 45% del empleo) [7].
El sobreendeudamiento y la cura neoliberal
Marruecos es actualmente uno de los países más endeudados, el tercero del mundo árabe después de Egipto y Argelia en términos de deuda exterior. Se ha vuelto incapaz de embarcarse en un programa sin pedir prestado al extranjero. A cambio de estos préstamos, las IFI recomiendan que el país revise radicalmente el fondo de compensación, lo que llevaría a su eliminación y amenazaría seriamente las subvenciones a los alimentos básicos de los que depende la gran mayoría de la población.
Mientras tanto, el gobierno actual sigue aplicando las nefastas recomendaciones del BM y del FMI, que han llevado a Marruecos a una degradación de las condiciones de vida y de trabajo de la inmensa mayoría de la población. Según estas instituciones, la salida del callejón sin salida es que Marruecos prosiga y profundice las mismas políticas aplicadas durante los años del programa de ajuste estructural y de apertura al mercado mundial. Aún más privatizaciones y orientación a la exportación, menor gasto público, deducciones fiscales a costa de las clases trabajadoras, etc.
La austeridad presupuestaria ha tenido graves consecuencias. Las infraestructuras sociales, como escuelas y hospitales, y los servicios que prestan, se han deteriorado. Lo mismo ocurre con otras infraestructuras como carreteras, redes de agua y electricidad, etc. El endeudamiento de los hogares, sobre todo entre los pobres, ha aumentado y la tasa de emigración ha crecido entre los jóvenes que buscan escapar del infierno del desempleo masivo. Las clases trabajadoras se han visto especialmente afectadas por la subida de los precios y el elevado coste de la vida.
Este es un resultado amargo y catastrófico para nuestro pueblo, ya que el subdesarrollo se ha agravado y nuestra clasificación se ha deteriorado en términos de indicadores de desarrollo humano (nivel de educación, salud y renta per cápita), a veces superada por países en situación de guerra e inestabilidad. La política de endeudamiento ha intensificado la dependencia de los países imperialistas, agravando la pérdida de soberanía política, económica, financiera, alimentaria, medioambiental y cultural de Marruecos.
Liberarse del yugo de la dependencia y el subdesarrollo
El país se enfrenta a una disyuntiva histórica: mantener su dependencia y seguir sirviendo a los intereses de las empresas multinacionales y los países imperialistas, o romper el círculo vicioso de la deuda y el libre comercio que obstaculiza su desarrollo. El país debe encontrar su propio camino. Para ello, hay que acabar con el sistema de despotismo político y corrupción, instaurar un Estado de derecho y de justicia social, poner en marcha una política que favorezca el desarrollo industrial del país y unas estructuras agrícolas adecuadas, etc. Hay que implantar políticas que protejan al ser humano y a la naturaleza, y fomentar la buena gestión de los recursos naturales, su explotación y transformación... todo ello en beneficio de la población trabajadora.
Una vez reunidas estas condiciones y puestas en práctica por una autoridad popular al servicio de las clases trabajadoras, se podrá sacar al país del subdesarrollo y activar su desarrollo económico, lo que a su vez liberará los recursos necesarios para poner en marcha un sistema de políticas sociales coherentes y eficaces que satisfagan las necesidades de bienestar del conjunto de la población.
Para avanzar hacia la soberanía alimentaria, necesitamos :
- Situar la agroecología en el centro de las políticas gubernamentales. La agroecología es una alternativa al modelo productivista neoliberal. Garantiza los derechos colectivos de los campesinos, protege la biodiversidad, fortalece los sistemas alimentarios locales y valora el trabajo de las mujeres, que es literalmente vital.
- La puesta en marcha de una reforma agraria popular y global, que acabe con el acaparamiento del agua, las semillas y la tierra por parte de las empresas transnacionales, y que garantice a los pequeños productores derechos justos sobre los recursos productivos.
- Una gobernanza alimentaria basada en los intereses de los pueblos y no en los de las empresas transnacionales. A escala mundial, regional, nacional y local, debemos poner fin al dominio de las multinacionales sobre la gobernanza alimentaria y situar los intereses de las personas en el centro. Debe reconocerse a los pequeños productores un papel clave en todas las instancias de gobernanza alimentaria;
- Acabar con el círculo vicioso de la deuda pública ilegítima, que es uno de los principales obstáculos para satisfacer las necesidades humanas básicas, incluido el acceso a una alimentación digna. La satisfacción de las necesidades humanas básicas debe primar sobre cualquier otra consideración, ya sea geopolítica o financiera. En términos morales, los derechos de los acreedores, rentistas y especuladores no están a la altura de los derechos fundamentales de ocho mil millones de ciudadanos, pisoteados por el implacable mecanismo que es la deuda [8]."
( Mohamed Hadi , CADTM, 23/05/25, traducción DEEPL, notas en el original)
No hay comentarios:
Publicar un comentario