Javier Gil @Gil_JavierGil
1/ Hemos entrado en un nuevo paradigma económico donde cada vez importa menos producir o trabajar y cada vez más controlar activos como viviendas. La vivienda ya no funciona solo como un lugar para vivir: se ha convertido en el gran motor de acumulación de riqueza y desigualdad
Hoy el beneficio depende menos del empleo o de la economía real y más de tener una vivienda, acciones o deuda bajo la expectativa de que seguirán subiendo. Eso es lo que llamo paradigma rentista.
Este modelo se sostiene sobre tres elementos: liquidez masiva desde 2008, tipos de interés bajos y exceso de deuda pública. Y buena parte de ese dinero ha terminado refugiándose en los mercados inmobiliarios.
A diferencia de la burbuja anterior, hoy quienes más acceden a esa financiación no son tanto los hogares, sino los grandes fondos y los patrimonios más altos.
El problema es que cuando la vivienda se convierte en un activo especulativo deja de cumplir su función social. Los alquileres absorben renta que ya no se gasta en comercio, cultura, ocio o bienestar.
La economía productiva genera riqueza, empleo y actividad. El rentismo no produce: redistribuye hacia arriba riqueza ya creada.
Por eso la desigualdad ya no depende solo de los salarios. Cada vez depende más del patrimonio inmobiliario y de quién tiene activos y quién no.
Y esto tiene consecuencias políticas y sociales muy profundas. Cada vez más jóvenes estudian, trabajan y aun así no pueden emanciparse. Eso genera frustración, desafección y conflicto social.
No estamos ante una anomalía pasajera, sino ante un cambio de modelo. Y mientras la prioridad siga siendo sostener el precio de los activos, el problema de la vivienda seguirá agravándose.
Entrevista completa en @el_pais a proposito del libro "Generación inquilina".
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