11.10.26

El sistema electoral penaliza a la izquierda, que necesita rentabilizar hasta el último voto. ¿Qué opciones tiene para conseguirlo? En el supuesto de un Frente Amplio unido y con el PSOE por separado, se evitaría la mayoría absoluta de las derechas a partir de un 41,5 % del voto entre ambos. En concreto, el PSOE debería quedar por encima del 30 % y el Frente Amplio por encima del 10 % (escenario muy parecido al de 2023). Las derechas estatales, por su parte, deberían retroceder al 44,5 %. Este es el punto de inflexión a partir del que se arrebata con claridad la mayoría absoluta a las derechas (incluso aunque cuenten con UPN y CC)... La tarea es titánica. Hay que cerrar la brecha de 14 puntos que pronostican las encuestas y convertirla en una de tan solo 3 puntos el 29N... si ganan con mayoría absoluta, PP y Vox tendrán a su alcance cambiar leyes orgánicas (ley electoral, ley de partidos, código penal, etc.) y toda la fuerza de los aparatos del Estado. Estamos ante un desafío integral, ante una encrucijada histórica de posibles consecuencias adversas muy duraderas que no se puede menospreciar. Hay que intentar involucrar a todas las izquierdas (Fray Poll)

"El sistema electoral es cruel. Favorece de manera sistemática a unas derechas que, para colmo, van muy por delante en las encuestas. La situación es desesperada. 

Así que las preguntas urgentes son: ¿Cómo pueden ayudar las candidaturas unitarias a la izquierda? ¿Qué otros recursos hay disponibles? A continuación, examinamos varios escenarios y concretamos qué medidas podrían utilizarse.

Para ello comenzamos simulando diferentes escenarios de unidad de la izquierda y su traducción a escaños. El punto de partida es la distribución territorial del voto de las generales de 2023, con una estimación aparte para Adelante Andalucía basada en sus resultados en las autonómicas de 2026.

Empleamos el promedio de las 2 primeras encuestas publicadas tras la convocatoria, el viernes 9 de octubre (de 40db e IMOP), que pronostican una importante desmovilización de la izquierda. Más adelante expondremos qué puede suceder si se revierte esa tendencia. Utilizamos información auxiliar de otras encuestas recientes para estimar el voto a las formaciones de ámbito no estatal: ERC, Junts, Bildu, BNG, CC y UPN. También nos basamos en encuestas para describir el peso de Podemos frente a Sumar, del PSOE respecto al Frente Amplio y del PP frente VOX. El resto de los factores hemos supuesto que se mantienen constantes.

Estos son los escenarios (recordemos que la mayoría absoluta son 176 escaños):

a) División total de la izquierda. Sumar y Podemos van por separado. Obtendrían 9 y 2 escaños respectivamente. La división en Andalucía supondría bajar de 6 a 2 o 3 escaños, todos para Adelante Andalucía. Las derechas quedarían en torno a los 197. La coalición gobernante, en 120.

b) Frente Amplio. Sumar y Podemos van juntos en todos los territorios, compitiendo con las izquierdas no estatales. Saltarían a 18 escaños a costa del resto de fuerzas políticas. Por eso, en este escenario las derechas estatales bajan solo a 193 escaños. Todavía muy por encima de la mayoría absoluta. La coalición gobernante en 127.

c) Una coalición electoral del Frente Amplio con el PSOE. Una papeleta con este formato sería, de largo, la más votada. Se beneficiaría de los efectos mayoritarios del sistema electoral. Con poco más del 36 % de los votos una coalición así podría obtener el 41 % de los escaños (144). No evitaría la mayoría absoluta de PP-VOX (177) pero quedaría cerca de lograrlo.

Cuando un partido renuncia a ciertos territorios, las encuestadoras bajan su estimación de voto y eso desmoraliza a sus votantes

Existe una cuarta opción, no explícitamente formulada pero presente en algunos debates. Consiste en que Sumar y Podemos no presenten candidaturas en las circunscripciones donde exista una izquierda territorial bien situada, cediéndoles el espacio y los votos a cambio de que incorporen a alguna persona de consenso en sus listas. La apuesta es arriesgada. En 2019 Más País optó por no presentarse en más de 30 provincias y le salió fatal. El problema está, en buena medida, en las encuestas. Cuando un partido estatal renuncia a presentarse en muchos territorios las encuestadoras le bajan su estimación de voto. Eso desmoraliza a sus votantes, que lo ven caer en las encuestas, entrando en una espiral negativa.

No digo que sea inviable. Tal vez podría salir bien si hubiera un acuerdo entre todas las izquierdas para presentarse bajo un “paraguas” común plurinacional. No hablo de una coalición. Podría ser una especie de “movimiento”. Una etiqueta que añadir al nombre de cada formación que suscribiera un manifiesto, acuerdo, alianza o pacto común de contenido social (con compromisos en vivienda, salarios, pensiones, etc). Esto permitiría presentar a los partidos de este “pacto” bajo una denominación parcialmente compartida en las encuestas (aunque seguramente algunas encuestadoras se negarán a agregarlas), con un posible efecto positivo en la movilización. Honestamente, no veo agua en la piscina. Ni en la izquierda madrileña, que parece querer liderar el proceso, ni en la territorial, que parece creer que esto no les afecta porque van a mantener sus resultados. Creo que ambos se equivocan. Todos están en riesgo ante una ultraderecha que las odia profundamente, que tendrá a su alcance cambiar leyes orgánicas (ley electoral, ley de partidos, código penal, etc.) y toda la fuerza de los aparatos del Estado. Estamos ante un desafío integral, ante una encrucijada histórica de posibles consecuencias adversas muy duraderas que no se puede menospreciar. Hay que intentar involucrar a todas las izquierdas. Al menos con algún manifiesto o declaración conjunta preelectoral que les permita presentarse como bloque histórico y que suponga un pacto de no agresión entre ellas durante la campaña.

Estamos ante una encrucijada histórica y hay que involucrar a todas las izquierdas

Pero volvamos a los escenarios inicialmente planteados. Hemos simulado qué sucedería si la izquierda estatal se movilizase y recuperase votantes. Actualmente el promedio de las encuestas publicadas otorga a la suma de PP y VOX un 50 % del voto, frente al 36 % que reúnen PSOE, Sumar y Podemos. En el supuesto de un Frente Amplio unido y con el PSOE por separado, se evitaría la mayoría absoluta de las derechas a partir de un 41,5 % del voto entre ambos. En concreto, el PSOE debería quedar por encima del 30 % y el Frente Amplio por encima del 10 % (escenario muy parecido al de 2023). Las derechas estatales, por su parte, deberían retroceder al 44,5 %. Este es el punto de inflexión a partir del que se arrebata con claridad la mayoría absoluta a las derechas (incluso aunque cuenten con UPN y CC).

La tarea es titánica. Hay que cerrar la brecha de 14 puntos que pronostican las encuestas y convertirla en una de tan solo 3 puntos el 29N. Tal vez por eso, algunos dirigentes podrían estar dando por descontada la derrota y pensando más bien en mantener su marca y su protagonismo en el estrado del Congreso. Por sus actos los reconoceréis.

En el improbable caso de una coalición entre el PSOE y el Frente Amplio, la oportunidad de desbancar a las derechas es mayor (al menos sobre el papel, ya que es un terreno inédito de consecuencias poco predecibles). A esta hipotética coalición le bastaría con subir 3 puntos, al 39 % de los votos, para lograr su objetivo. A partir de ahí, el sistema electoral le beneficiaría lo suficiente como para asegurar que PP y VOX no obtengan la absoluta ni con el 47 % de los votos.

Pero antes de terminar, queremos introducir otro tema. Hablemos seriamente del Senado. Es importante. El PP saca ahí mejor resultado en votos que en el Congreso. El sistema electoral es mucho peor. El hecho de que todas las provincias elijan el mismo número de senadores les favorece muchísimo, en particular si quedan primeros (sacaron mayoría absoluta en 2023). Es decir, en el Senado se amplificaría la victoria de las derechas. El Frente Amplio tiene cero posibilidades de lograr escaños.

El Senado tiene poco poder y parece irrelevante, pero cuidado. Tiene pendiente realizar importantísimos nombramientos. Una mayoría de 3/5 de senadores de derechas sería desastrosa. Designaría a su gusto al tercio de miembros del Tribunal Constitucional que está pendiente de renovar. Recordemos que el PP ha bloqueado ese nombramiento con el propósito claro de repartírselo con VOX. El tribunal que decide qué es constitucional pasaría a tener una rotunda mayoría ultra. Recuerden que a los magistrados del Constitucional se los nombra para nueve años. Si sucede, es algo que lamentaremos profundamente durante mucho tiempo.

Un poder absoluto de las derechas en las instituciones se utilizará con ánimo vengativo contra la izquierda

Además, al Senado le toca nombrar durante la próxima legislatura a un tercio de los miembros del CGPJ y a la mitad del Tribunal de Cuentas. Estos órganos pasarían también a tener mayorías ultras de larga duración. Por eso, lo coherente es que el Frente Amplio llegue a un acuerdo con el PSOE y con la izquierda territorial, que renuncie a presentar candidaturas y anime a participar pidiendo el voto para las opciones con posibilidades. Por responsabilidad, pero también por instinto de supervivencia. Un poder absoluto para las derechas en estas instituciones clave del Estado se utilizará, previsiblemente, con ánimo vengativo contra toda la izquierda.

Nunca he votado al PSOE y reconozco que la sola idea se me hace complicada. Pero en el caso del Senado no veo otra salida para salvar los muebles (salvo en Cataluña y País Vasco, donde ERC y Bildu pueden sacar senadores). Luego pienso: en Francia la izquierda ha sido capaz de apoyar a Macron en el balotaje (¡dos veces!) para evitar una presidencia de Le Pen. Pues haré un esfuercito votando al PSOE en el Senado. Se llama “votar con la nariz tapada”. Qué remedio.

Nunca he votado al PSOE, pero en el caso del Senado no veo otra salida

Nota final: una vía para intentar rentabilizar hasta el último voto del Frente Amplio consiste en que, en los últimos días de campaña, cuando ya no se puedan publicar encuestas, analices los datos disponibles con un objetivo: concretar los lugares donde no tienes posibilidades de sacar escaño y, además, está en juego que otra candidatura se lo quite a las derechas. Si hay margen, te reúnes con los candidatos de esas provincias, les explicas la situación y, si hay acuerdo, pedís conjunta y públicamente el voto para las opciones que puedan ganar ese o esos escaños finales en esos lugares concretos (distribuyendo un mapa claro). Sería un sacrificio final, un último esfuerzo para evitar la victoria de la ultraderecha. Es una sugerencia. Solo lo emplearía como recurso si realmente se está cerca de revertir la situación y, obviamente, delimitándolo a unas pocas provincias.

Al respecto, señalar que en ninguno de los escenarios que hemos barajado, incluso en los más favorables, la izquierda estatal del Frente Amplio obtendría escaños para el Congreso en las siguientes provincias (indicamos entre paréntesis las alternativas que sí tienen posibilidades): Álava (Bildu, PSOE), Albacete (PSOE), Almería (PSOE), Ávila (PSOE), Badajoz (PSOE), Burgos (PSOE), Cáceres (PSOE), Cádiz (Adelante Andalucía, PSOE), Cantabria (PSOE), Ciudad Real (PSOE), Córdoba (PSOE), Cuenca (PSOE), Girona (ERC, PSOE), Granada (PSOE), Guadalajara (PSOE), Guipúzcoa (Bildu, PSOE), Huelva (PSOE), Huesca (PSOE), Jaén (PSOE), La Rioja (PSOE), León (PSOE), Lleida (ERC, PSOE), Lugo (PSOE), Málaga (Adelante Andalucía, PSOE), Ourense (PSOE), Palencia (PSOE), Salamanca (PSOE), Segovia (PSOE), Sevilla (Adelante Andalucía, PSOE), Soria (PSOE), Teruel (PSOE), Toledo (PSOE), Valladolid (PSOE) y Zamora (PSOE). 

Esto no quiere decir que en todas estas provincias haya que dejar de votar al Frente Amplio. Muchas de ellas reparten pocos escaños y en la mayoría la aportación de voto que pueda hacer la izquierda seguramente sea irrelevante. Solo en algunas provincias estará en juego quitarle un escaño a la derecha. Una pelea escaño a escaño de la que habrá que estar pendientes." 

(Fray Poll , CTXT, 09/10/26) 

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