14.10.26

Los estudiantes alemanes han salido masivamente a la calle para oponerse a la posibilidad de un servicio militar obligatorio. Sus manifestaciones se han desarrollado al son del lema «no participaremos en vuestras guerras»... Los jóvenes no quieren saber nada de la guerra, sobre todo porque, si realmente estallara, serían los primeros en ser enviados al frente a sacrificarse por los valores sagrados de Europa, es decir, por la competitividad y la desigualdad, por el Pacto Fiscal... es imposible no estar totalmente del lado de los estudiantes teutónicos... Más aún cuando, si se analiza en profundidad, las nuevas generaciones resultan ser las más desafortunadas de la historia reciente: son las generaciones del precariado indefinido; una precariedad que, hasta ahora, se limitaba al ámbito laboral, pero que, con la guerra, corre el riesgo de convertirse en precariedad existencial, exponiendo la vida de las nuevas generaciones al riesgo muy concreto de morir en el frente por voluntad del káiser Merz y de toda la comitiva de euroadictos... Nos habían garantizado que la Unión Europea mejoraría nuestras condiciones de vida y, en cambio, estamos experimentando no solo un empeoramiento general de la situación de las clases trabajadoras y las clases medias, sino que, con los vientos de la guerra soplando con fuerza, estamos asistiendo al riesgo concreto de que nuestras vidas se vean en peligro... ¿quién es realmente el equivalente a Hitler en el explosivo escenario actual? ¿Quién quiere realmente la guerra? (Diego Fusaro)

"Estudiantes alemanes se manifiestan contra el servicio militar obligatorio

Los estudiantes alemanes han salido masivamente a la calle para oponerse a la posibilidad de un servicio militar obligatorio. Sus manifestaciones se han desarrollado al son del lema «no participaremos en vuestras guerras». En definitiva, el mensaje es alto y claro, y además totalmente comprensible. Los jóvenes no quieren saber nada de la guerra, sobre todo porque, si realmente estallara, serían los primeros en ser enviados al frente a sacrificarse por los valores sagrados de Europa, es decir, por la competitividad y la desigualdad, por el Pacto Fiscal y por la «cancel culture». No hace falta tener un doctorado en Ciencias Políticas por Oxford para comprender que, en caso de guerra, los que serían reclutados y enviados al campo de batalla no serían, desde luego, sir Macron, el káiser Merz o la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen. La paradoja, que no es nueva, de la guerra radica también en esto: quienes la quieren no la libran en primera persona, y quienes no la quieren se ven obligados a participar en ella. Como ya decía, es imposible no estar totalmente del lado de los estudiantes teutónicos y, más aún, esperar que iniciativas similares se desarrollen igualmente en el resto de Europa, con el regreso del protagonismo de las masas juveniles, hasta ahora mudas e inactivas. 

 Más aún cuando, si se analiza en profundidad, las nuevas generaciones resultan ser las más desafortunadas de la historia reciente: son las generaciones del precariado indefinido; una precariedad que, hasta ahora, se limitaba al ámbito laboral, pero que, con la guerra, corre el riesgo de convertirse en precariedad existencial, exponiendo la vida de las nuevas generaciones al riesgo muy concreto de morir en el frente por voluntad del káiser Merz y de toda la comitiva de eurofílicos. 

Nos habían garantizado que la Unión Europea mejoraría nuestras condiciones de vida y, en cambio, estamos experimentando no solo un empeoramiento general de la situación de las clases trabajadoras y las clases medias, sino que, con los vientos de la guerra soplando con fuerza, estamos asistiendo al riesgo concreto de que nuestras vidas se vean en peligro a causa de una guerra que, recordemos, ha sido impulsada principalmente por Bruselas, la cual, además, finge, con suma hipocresía, que es la Rusia de Putin la que desea y busca el conflicto. 

No me gustan las analogías fáciles con el pasado nazi y con la figura de Hitler, que suele emplear el discurso neoliberal para demonizar a cualquiera que no forme parte de su régimen. Pero si realmente queremos arriesgarnos a utilizar dicha analogía, bien, ¿quién es realmente el equivalente a Hitler en el explosivo escenario actual? ¿Quién quiere realmente la guerra?"

(Diego Fusaro , blog, 14/10/26, traducción DEEPl)

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