16.12.11

O nos vamos del euro o ya podemos despedirnos del Estado de bienestar

"A los países de la unión europea con problemas serios de financiación, se les brindan tres opciones a cual más atractiva:
  1. Solicitar un rescate puro y duro a los organismos internacionales. Sin duda, la peor de todas, por constituir una variante posmoderna del timo de la estampita. Te prestan para que puedas pagar a tus acreedores, acumulando esos intereses al principal, con lo que se entra en una espiral de endeudamiento creciente, imposible de satisfacer, que hasta ahora era típica del tercer mundo, pero que con la globalización ha alcanzado a occidente. Solo te ayudan a caer. Un caso bien reciente y cercano, es el de Portugal que deberá abonar 34.400 millones de euros de intereses por el rescate de 78.000 millones que firmó en mayo de 2011.
  1. Aceptar un draconiano plan de recortes, reduciendo el gasto estatal, privatizando a mansalva los bienes públicos, deprimiendo la economía del país y convirtiendo a los asalariados en mano de obra de bajo coste. La economía entra en la UVI, y tras la parálisis, sobreviene el desplome.
  1. Salir del euro, lo que, según la voz sapientísima de los mercados, constituye la antesala del infierno. (...)
 Alterar el guión de austeridad que nos han marcado, requiere sopesar con cuidado la salida del euro, examinando serenamente sus pros y sus contras, sin dejarnos embaucar con discursos sesgados y catastrofistas:
    «Volver a monedas nacionales permitiría utilizar el banco central para imprimir dinero y comprar deuda pública con él. Con la moneda devaluada, el sector exterior se convertiría en el gran beneficiario. Como contrapartida, se produciría una caída fulgurante de la demanda interna que sería compensada en poco tiempo por el tirón de las exportaciones y el turismo. Al más leve indicio de la reintroducción de la peseta, particulares y empresas empezarían a retirar sus ahorros en euros de la banca española. Por dos razones: los euros que se salven de convertirse de forma obligada en pesetas no perderán valor con la posterior depreciación. Y mantener ese valor es importante para pagar las deudas que sigan contabilizadas en euros.
    El resultado sería una quiebra generalizada del sistema bancario por la retirada masiva de depósitos. Miles de empresas cerrarían. Las ventajas competitivas de la devaluación se esfumarían con el repunte de la inflación y los aranceles a las exportaciones que fijaría el resto de la UE». 6
¿De verdad se desarrollarían las cosas de ese modo? ¿no se omite nada fundamental en este análisis?

Porque, de entrada, lo prioritario sería acometer la reestructuración total de la deuda, negociando una quita de parte de la misma, acordando períodos más largos de devolución y de carencia de intereses, tipos más bajos, etc., tal y como hicieron Argentina o Islandia con excelentes resultados.

Mejor tener fiebre un día que estar toda la vida enfermos. Les guste o no, los acreedores estarían obligados a negociar porque un impago supondría la puntilla para ellos y de retruque la debacle en cadena del sistema capitalista.

Un régimen de semiautarquía económica durante una temporada, serviría por otra parte para poner orden en la casa. Claro que habría que instaurar “un corralito”, (recordemos que el argentino no llegó a un año) para evitar la fuga masiva de capitales, pero si se hiciera estableciendo unos límites razonables para la retirada de efectivo (cosa relativamente sencilla dado que el 60% de los trabajadores españoles son mileuristas), dicha medida, aunque impopular, no alteraría significativamente la vida cotidiana de la gente, ni supondría mayores inconvenientes para ella. Es más la mala prensa y la sicosis creada que la realidad.

El sistema financiero se depuraría y limpiaría de bancos tóxicos que se nacionalizarían sin coste alguno para las arcas del estado, lo que permitiría que el crédito fluyera al sector productivo. Las importaciones se encarecerían, y especialmente las energéticas, lo que contribuiría a desarrollar las energías renovables, uno de los pocos campos tecnológicos en que España es puntera.

Toda la producción de origen nacional en general se vería reforzada, y las empresas que desarrollan buena parte de su actividad en el extranjero y cobran en divisas, así como las empresas exportadoras, mejorarían notablemente su posición competitiva.

En cuanto a los aranceles, caso de existir, serían recíprocos, afectando tanto a las exportaciones como a las importaciones, con lo que su impacto final sería nulo o despreciable. La inflación generada por el aumento de precios de los productos de importación, quedaría suavizada por el “corralito”, ya que el dinero líquido sería un bien escaso.

El cambio inicial de euros a pesetas debería hacerse lo más relajado y amplio posible para evitar que las deudas actuales nominadas en euros y en otras divisas no creciesen con devaluaciones posteriores de la peseta. Tasa de cambio que favorecería la entrada de capitales, de inversiones y de turismo extranjero, reactivando la compraventa de viviendas.

Habría inversión, dinamismo y crecimiento: en una palabra trabajo y actividad, que se traduciría en mayores ingresos fiscales, con la consiguiente reducción del déficit público y mejora de la balanza comercial. Con el beneficio añadido de que al comprar el banco de España deuda del estado, se tornaría innecesaria la mediación de la banca privada, abaratándose considerablemente su coste para todos.

Como la palabra solidaridad no existe en el diccionario europeo, si no es posible plantear soluciones conjuntas, cada cual tendrá que buscar la suya. El retorno de la peseta no constituye la panacea maravillosa, pero sí la solución menos mala en las actuales circunstancias, y con seguridad la más justa socialmente si no queremos terminar, gracias a los recortes, con los ojos oblicuos y trabajando de sol a sol para comer una porción de arroz. Porque aunque dios descansó al séptimo día, los chinos no.
O nos vamos del euro, o el euro se irá de nosotros."           (Rebelión, 16/12/2011, 'O nos vamos del euro o ya podemos despedirnos del Estado de bienestar' ,Andrés Herrero,Rebelión)

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