26.1.12

Mamá, he vuelto a casa. Desde 2008 más de medio millón de los jóvenes emancipados han tenido que regresar con sus padres al no encontrar medios para subsistir

"Salieron de casa jóvenes. Se formaron lejos del hogar de sus padres. El país crecía a un ritmo del 4% y los políticos prometían el pleno empleo. Después pasó lo que pasó y los sueños se convirtieron en pesadillas.

Según el último informe del Observatorio de la Juventud en España, que depende del Instituto de la Juventud (Injuve), desde el año 2008 a la actualidad, el 20,7% de los jóvenes entre 16 y 29 años emancipados, más de medio millón de personas, han tenido que volver a casa: ha llegado la desemancipación.

Es el caso de Carlos Guisasola, de 31 años, que hace dos tuvo que regresar a casa de sus padres y con ellos continúa. En el 2002, en plena burbuja inmobiliaria, este joven montó una empresa de maquetas para nuevas construcciones.

El negocio marchaba viento en popa y los proyectos surgían uno tras y otro. "Con mi empresa y los ingresos no dudé en irme a vivir solo, como es natural", reconoce. (...)


Pero la burbuja no fue para siempre y, al estallar, la empresa de Carlos fue una de las primeras en caer. Desapareció su única fuente de ingresos, dejó a deber un préstamo importante a una entidad bancaria y el dinero que había invertido en la casa a edificar se evaporó.

La única solución que tuvo Carlos fue volver a casa de sus padres. "Por suerte la familia siempre está para apoyarle a uno", señala. De hecho, sólo en el último año 140.500 jóvenes (el 6,8% de los emancipados) han tenido que regresar a casa de sus familiares al no encontrar medios para subsistir de manera independiente. (...)

"Es obvio que aunque toda la economía se ha visto afectada por igual, eran más los hombres jóvenes que se han visto afectados. Eran ellos los que se ponían el mono de albañil recién acabada la ESO o el Bachillerato", señala.

Adrián Martínez se puso uno de esos monos con 20 años recién cumplidos. Hasta entonces había estado haciendo cursos del paro, como el de instalador de aires acondicionados.

Durante cuatro años, su salario sobrepasó con frecuencia los 1.500 euros mensuales y decidió probar suerte e irse a vivir con su pareja. "Afortunadamente, preferimos no hipo-tecarnos. Estuvimos cerca porque mucha gente nos decía que el alquiler era regalar el dinero mientras que hipotecarte era una inversión, pero preferimos probarnos como pareja", recuerda ahora Adrián.

Y esa precaución les salvó de la ruina. Al cabo de dos años viviendo juntos comprobaron que funcionaban como pareja pero los dos perdieron sus empleos y tuvieron que volver con 24 años a casa de sus padres. "Volver siempre es un fracaso. Pero lo peor no es eso, sino no saber cuándo me podré marchar otra vez", se pregunta Adrián. (...)


El problema de la desemancipación no afecta sólo a jóvenes sin estudios víctimas de la burbuja del ladrillo. Hay un sector de la población especialmente azotado por la recesión: los estudiantes. "Siempre les hemos dicho a nuestros jóvenes que si estudian obtendrán trabajo y mejorarán su nivel de vida. Hemos mitificado la formación", opina Ayala.

Y ahora pagan las consecuencias jóvenes como Antía Valbuena, una gallega licenciada en Comunicación Audiovisual en Santiago de Compostela y con un máster de dirección de cine en Barcelona. Tiene 26 años pero de repen-te suelta una frase más propia de sus abuelos: "Es lo que nos ha tocado vivir".

Aunque mucho menos grave que una guerra, lo que le ha tocado vivir a Antía también está marcando su juventud. Había planeado instalarse en Barcelona pero le ha tocado volver a casa de sus padres porque no encuentra trabajo.

"Hice prácticas en una empresa y me iban a coger, pero al final, nada", cuenta ahora desde su Coruña natal. "No encontraba trabajo y me daba vergüenza que mis padres me siguieran manteniendo", explica.

La única solución que se plantea es emigrar al extranjero. "Si me llaman de Barcelona, me vuelvo a ir. Y si no me llaman, me voy fuera. Para estar aquí sin hacer nada, me marcho a otro país y al menos aprendo un idioma", señala esta joven, que se pregunta: "¿Tanta formación para acabar siendo dependienta? No es justo".         (Público, 09/01/2012)

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