Tal postura ignora deliberadamente la
evidencia científica que muestra el error y/o la falsedad de cada uno de
sus postulados. Veamos los datos. En primer lugar, no es cierto que los
salarios reales (a diferencia de los nominales) hayan crecido más que,
por ejemplo, los salarios alemanes.
El economista David Lizoain ha
señalado en un artículo publicado en Social Europe Journal (The ECB’s
Housing Omisión, 16-02-12) que Eurostat, la agencia de datos de la UE,
no incluye en su cálculo de la inflación de los países miembros de tal
comunidad la evolución del precio de la vivienda (uno de los artículos
más importantes de consumo en nuestro país, acentuado todavía más en el
periodo de la burbuja inmobiliaria), con lo cual los datos comparativos
salariales han subestimado espectacularmente la inflación existente en
España.
Incluyendo la vivienda (para todos los países de la UE),
resultaría que el salario real español (que mide la capacidad
adquisitiva del trabajador) ha ido descendiendo en lugar de ir
aumentando, como aparece erróneamente en los datos oficiales,
incrementándose todavía más la diferencia con el salario real alemán (y
el salario promedio de la Eurozona).
Las exportaciones españolas basadas en tecnología media y media alta, y en otras de tecnología baja (agrícola, pesquero, bebidas, tabaco, textil y calzado), tienen una marca diferencial de calidad que explican su éxito por vías diferentes al precio.
Ello explica el mantenimiento –e incluso el aumento– de las exportaciones en los últimos años, desde 1999 a 2011 (para profundizar en este punto, ver mi artículo “¿Necesita España un látigo para salir de la crisis?”). (...)
En el argumento que da el Gobierno de Rajoy de que hay que disminuir los salarios para reducir los precios, deliberadamente se ignora que siguiendo el mismo razonamiento debieran reducirse los beneficios, que son también determinantes en la configuración de los precios.
Esta alternativa es sistemáticamente excluida, lo cual muestra con mayor claridad la falsedad de su postura: no es aumentar la competitividad, sino aumentar los beneficios empresariales lo que se intenta conseguir con tales reformas, acentuando todavía más lo que ha estado ocurriendo estos años." (Vicenç Navarrol: Salarios y competitividad. Parte I)
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