"Lo que Luce ve en Gary, yo lo vi en Nueva orleans, tras la catástrofe
bien rentabilizada del Katrina en el 2005, un ejemplo perfecto del shock doctrine
en el cual el ciclón y las aguas del Misissipi, arrasaron toda
normativa urbanística y medioambiental y toda regulación diseñada para
prevenir el impacto degradante de la industria del juego, allanando el
camino a la gigante de casinos Harrah’s.
Mientras decenas de miles de
damnificados mal vivían durante años en trailers prefabricados
proporcionados como vivienda provisional por el estado federal, en el
centro de Nueva Orleans se construyó en tiempo récord un mega hotel con
2.000 máquinas tragaperras de nombres como Stinking Rich (forrados) o
House of the Dead (casa de los muertos).
Pronto se llenaron de los
traumatizados superviventes del diluvio . “El juego con máquinas –a
diferencia del póquer o la ruleta– es para aislarte y meterte en una
cáscara individual”, me dijo entonces el periodista y jugador
empedernido Marc Cooper. El negocio de Harrah’s en Nueva Orleans se
disparó un 20% en el primer año después del huracán pese a la
desaparición de la mitad de los habitantes de la ciudad.
Necesitada de
cualquier clase de actividad económica, la ciudad ofreció vacaciones
tributarias a Harrah’s y hasta le vendió la calle Fulton Street, que,
bajo el criterio estético de los imaginieros de Harrah’s, se transformó en un bulevar temático basado en las Ramblas de Barcelona.
El shock doctrine
ocurre ahora en la post crisis sin necesidad de huracanes. “Existe un
consenso bastante amplio en EE.UU. en los ayuntamientos de ciudades en
EE.UU. respecto a las virtudes del juego”, ironiza Luce. “Solo hace
falta darles (a los casinos) una licencia y algunas desgravaciones
tributarias”.
Se percibe como un método rápido y fácil de crear empleo
en tiempos de decisiones imposibles. Pero, al igual que Nueva Orleans,
la entrada de los casinos en Gary, tampoco ha cortado la hemorragia.
“Pese a todos los casinos, la población ha encogido desde 145.000 en
1980 hasta 80.000”.
Luce habla con un trabajador de la construcción en
Gary y le pregunta si conoce a gente que trabaja en el casino. El obrero
solo conoce a un limpador en el hotel casino Ameristar. “Pero conoce a
mucha gente que gasta lo poco que tiene en la mesa de black jack o las
máquinas tragaperras”, advierte Luce.
Es más, muchos estudios
demuestran que los casinos pueden hasta perjudicar los ingresos
tributarios, prosigue . Según un estudio citado por Luce, cada dólar que
se gana en un casino se ve anulado por los tres dólares que se gastan para contrarrestar el impacto negativo social de los casinos.
“Los casinos pueden ser una forma de sustituir algunos de los empleos
perdidos (debido a la competencia de) China, Brasil y otros países pero
son también un imán para estafadores, chulos de prostitucion, drogas y
gente que viven en los margenes de la sociedad”, explica el corresposnal
del FT. Como en Nueva Orelans , la crisis y el paro deshacen la
sociedad y crean el público marginado y traumatizado para los casinos y
sus industrias auxiliares. (...)
Pero, por lo menos EE.UU. entiende el daño que puede hacer su modelo. Tiene conocimiento de causa. (...)
Increíblemente, en Europa, tenemos, al igual que en EEUU, la selva del
mercado monopolizado por lobbies y carteles, solo que nuestros
gobernantes están atrapados en un paradigma economico prekeynesiano que
adora la austeridad sádica al igual que lo adoraba Churchill, Hoover y
Montagu Norman en los años veinte y treinta.
Y Hoover – con toda sus
fetiches en favor de la disciplina y el sacrificio – acabó por crear el
caldo cultivo de la mafia. Ahora tenemos el corsé deflacionista del
euro, el shock doctrine de la crisis, y tenemos a Sheldon Adelson. Por
lo menos, en la Gran Depresión, los casinos estaban prohibidos." (Rebelión, 06/04/2012, 'Shock doctrine post industrial', Andy Robinson,La Vanguardia)
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