"Pero lo más probable es que no encontraran ustedes muchas referencias a Charles Dallara y Josef Ackermann.
Se trata de dos de los banqueros más veteranos del mundo, de los que
están entre el 1% del 1% más alto. Dallara trabajó en el Tesoro con
Ronald Reagan, antes de pasar a Wall Street, en tanto que Ackermann es
alto ejecutivo del Deutsche Bank.
Pero su papel en las negociaciones del
euro, y a la hora, por tanto, de decidir el futuro de Grecia, consistía
en actuar como representantes del Instituto Internacional de Finanzas
[Institute of International Finance, www.iif.com].
El IIF es un grupo de presión de 450 de los mayores bancos del mundo,
entre cuyos miembros se cuentan Barclays, RBS y Lloyds. Dallara y
Ackermann y sus colegas estuvieron presentes a lo largo de esas cumbres
del euro, y disfrutaron de un singular y pasmoso acceso a los jefes de
Estado europeos y otros responsables políticos.
Los funcionarios de la
UE y el FMI consultaron a los banqueros respecto a cuánto debería pagar
Grecia, el comisario de Asuntos Económicos Olli Rehn compartió
multiconferencias con ellos.(...)
Tras llegar a un acuerdo el pasado Julio, el IIF publicó una nota en la
que se jactaba de su papel de "catalizador" y vindicando que su oferta
"forma parte integral de un paquete completo".
A estas alturas ya habrán captado la gracia del chiste: ese acuerdo de
julio fue terrible para los griegos y brillante para los banqueros. Fue
duramente criticado en su momento, por cercenar solamente un 21% del
valor de los préstamos a Grecia, cuando Angela Merkel y muchos otros
convinieron que los financieros deberían estar asumiendo un impacto
mayor.
Tal como señaló más tarde el asesor económico del gobierno
alemán, Wolfgang Franz, en una entrevista: "Si se echa un vistazo al
21% y a nuestra exigencia de una participación de un 50% de los
acreedores particulares, el sector financiero ha tenido mucho éxito".
Otra forma de expresarlo sería afirmar que los banqueros dominaron
incluso al Estado más fuerte de Europa. (...)
En toda Grecia hubo protestas repetidas y masivas sobre los enormes
recortes de gasto que sufrirían sus ciudadanos para poder pagar a
Goldman Sachs y los demás. Y se registró un movimiento creciente en
Grecia y Portugal y Francia, entre otros países, cuestionando la
legitimidad de algunos de estos préstamos.
Ninguno de estos votantes, ninguna de estas opiniones consiguió siquiera
una fracción de la consideración, y no digamos ya una videollamada,
concedida a Dallara y Ackermann.(...)
De manera que los banqueros cuyos excesos contribuyeron a que Europa
acabase en este desbarajuste consiguen entonces sentarse en torno a la
mesa grande de la UE, como cualquier otro gobierno, y deciden quién
debería pagar por ello. Y la respuesta, como no ha de sorprender, es:
ellos, no. La pregunta de calado todavía mayor es: ¿por qué se le ha
otorgado ese poder a las finanzas?
En un trabajo a punto de publicarse
titulado Deep Stall [Atasco profundo] el Centro de Investigación del
Cambio Sociocultural [Centre for Research on Socio-Cultural Change, de
The University of Manchester/Open University www.cresc.ac.uk ]
proporciona una razón: porque tantos países de toda Europa, tanto en su
sector público como privado, dependen tanto de los financieros de otros
países por lo que respecta al crédito.
Entre ellos se cuenta Gran
Bretaña, que depende de diez países de la eurozona en préstamos por
valor de más del 70% de su renta nacional anual, una proporción mayor
incluso que la de Italia." (Jaque al neoliberalismo, 29/04/2012)
No hay comentarios:
Publicar un comentario