"Fíjense primero en el modo en que los dirigentes europeos han estado
haciendo frente a la crisis bancaria en España. (Olvídense de Grecia,
que es en gran medida una causa perdida; España es el lugar donde se
decidirá el destino de Europa).
Como Austria en 1931, España tiene
bancos con problemas que necesitan desesperadamente más capital, pero
ahora el Gobierno español, como entonces el Gobierno de Austria, ve en
entredicho su solvencia.
¿Y qué deberían hacer los dirigentes europeos (a quienes les interesa
enormemente contener la crisis española)? Parece evidente que los
países acreedores europeos necesitan, de una forma u otra, asumir
algunos de los riesgos financieros a los que se enfrentan los bancos
españoles.
Y no, a Alemania no va a gustarle, pero con la propia
supervivencia del euro en juego, un poco de riesgo financiero debería
ser un problema menor.
Pero no. La “solución” de Europa ha sido prestar dinero al Gobierno
español y decirle a este que rescate sus propios bancos. Los mercados
financieros no han tardado ni un segundo en darse cuenta de que esto no
resolvía nada, que simplemente endeudaba todavía más al Gobierno de
España. Y la crisis europea es ahora más profunda que nunca.
Pero no
ridiculicemos a los europeos, porque muchos de nuestros dirigentes
políticos están actuando igual de irresponsablemente. Y no me refiero
solo a los republicanos del Congreso, que a menudo dan la impresión de
estar intentando sabotear la economía deliberadamente.
Hablemos mejor de la Reserva Federal. La Reserva tiene lo que se
conoce como una doble misión: se supone que aspira a lograr tanto la
estabilidad de los precios como el pleno empleo. Y la semana pasada, la
Reserva publicó su más reciente conjunto de pronósticos económicos, que
mostraban que prevé que fracasará en ambos aspectos de su misión, con
una inflación por debajo del objetivo y un paro muy por encima del
objetivo durante los próximos años. (...)
¿Y qué propone hacer al respecto la Reserva Federal? Prácticamente nada.
Es cierto que, la semana pasada, la Reserva anunció algunas medidas que
supuestamente estimularán la economía. Pero creo que es justo decir que
cualquiera que esté mínimamente familiarizado con la situación
considera estas medidas lamentablemente inadecuadas (un gesto poco menos
que simbólico para eludir las acusaciones de que no está haciendo nada
en absoluto). (...)
No debería estar sucediendo nada de esto. Como en 1931, los países
occidentales tienen los recursos que necesitan para evitar la catástrofe
y, de hecho, recuperar la prosperidad (y tenemos la ventaja añadida de
saber mucho más que nuestros bisabuelos sobre cómo se producen las
depresiones y la manera de ponerles fin). Pero el conocimiento y los
recursos no sirven de nada si quienes los poseen se niegan a
utilizarlos.
Y eso es lo que parece estar ocurriendo. Los fundamentos de la
economía mundial no son, en sí, tan preocupantes; es la casi universal
abdicación de la responsabilidad la que me llena, a mí y a muchos otros
economistas, de una sensación de angustia cada vez mayor." (La gran abdicación',Paul Krugman , El País, 25 JUN 2012)
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