18.9.12

Al entierro de Espe, asistió Gallardón... y Sheldon Adelson llegó del brazo del Bigotes, acompañados por la pareja Tamayo-Sáez, mientras Correa observó la comitiva desde un coche con los cristales tintados

"Mil años tardó en marcharse, pero por fin dimitió. Los usuarios de lo público están de fiesta mayor. Seguro que está en el cielo neocon, a la derecha de Thatcher. Adivina, adivinanza, escuchen con atención.

A su entierro de paisano asistieron Gallardón, Paco Granados y Manolo Cobo, medio ocultos tras un árbol. En la primera fila de los dolientes estaban el jefe de la patronal madrileña, Arturo Fernández, del brazo del maltrecho Gerardo Díaz Ferrán, que cojeaba mientras murmuraba “Esperanza es cojonuda, Esperanza es cojonuda”.

 Tras ellos, en procesión, los consejos de administración al completo de las principales constructoras, los propietarios de colegios privados, además de Rodrigo Rato encabezando el consejo de Caja Madrid al completo y de riguroso luto.

Sheldon Adelson llegó del brazo del Bigotes, acompañados por la pareja Tamayo-Sáez, mientras Correa observó la comitiva desde un coche con los cristales tintados aparcado a pocos metros. 

Propietarios de suelos recalificados, alcaldes de decenas de municipios que multiplicaron su oferta de viviendas por cuatro o por cinco, directivos de grandes superficies, disputaban por arrojar una flor. Varios jefes de informativos de Telemadrid eran consolados por un par de directores de periódico, y tras ellos estremecía oír los aullidos de varias docenas de tertulianos.

Ese día en el infierno madrileño hubo gran agitación. Profesores, médicos, bomberos y funcionarios de toda condición, bailaban de sol a sol. Padres, usuarios del transporte público, inmigrantes, sindicalistas, parados, usuarios de servicios sociales y de todo tipo de servicios públicos, rectores universitarios, trabajadores de Telemadrid y de otras empresas públicas, alumnos que la despedían en bilingüe, internos en centros de menores, y los sucesivos líderes y candidatos de PSOE e IU que no pudieron con ella elección tras elección.

Siete días con siete noches duró la celebración, en leguas a la redonda el champán se terminó. Sus víctimas políticas y los ciudadanos perjudicados por sus políticas celebraban una victoria que las urnas no les dio. Más que alegría, la suya era desesperación."            (Rebelión, 18/09/2012,Isacc Rosa, Zona Crítica)

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