"¡Pobres palabras! Son las primeras víctimas de los dirigentes
europeos, que usan y abusan de ellas hasta el punto de que acaben por no
querer decir ya nada.
Por "solidaridad" el alemán entiende lo siguiente: "Ahí vienen esos
molestos europeos del sur a pedirme dinero". Por "solidaridad" el griego
entiende: "Ahí vienen esos molestos alemanes a imponerme más
sacrificios".
Para ciertos agentes políticos, "federalismo" es una
palabra vacía que les sirve para darse aires de moderno; para otros, una
palabra vacía que sirve para meter miedo. Pero ni para los unos ni para
los otros tiene "federalismo" su sentido original de descentralización y
democracia.
Sarkozy llegó incluso a emplearla como sinónimo de sistema
intergubernamental, cuando es justo lo contrario. Y cuando faltan las
palabras, se dice que es necesario que haya "más Europa", expresión que
no quiere decir en sentido estricto nada: quizá necesitemos más
democracia, más integración, más cohesión: de todo esto se sabe qué
quiere decir. Pero más Europa, yo no sé qué es.
Objetivos nefastos
Justo antes del verano, el "crecimiento" conoció su hora de gloria.
Nuestros eurojefes hicieron una "cumbre del crecimiento", y los
socialistas en particular vociferaron por el crecimiento. Hollande lo
avisó: solo firmaría el nuevo pacto fiscal con la condición de que lo
acompañara un plan para el crecimiento.
Hubo un momento en que se
anunció que se iban a dedicar poco más de cien mil millones de euros a
proyectos que sostendrían el crecimiento y el empleo. Es decir, una
décima parte de lo que se prestó a los bancos en dos días, pero en
fin...
Casi, casi nos engañan, ¿a que sí? Unos meses después, Francia está
dispuesta a firmar el tratado fiscal, que vacía de sentido al Parlamento
Europeo, fija objetivos irreales, incluso nefastos, y esboza un modelo
que, si se lleva a cabo, acabará por destruir la Unión por el supuesto
bien del euro, y no salvará ni al uno ni al otro, ¿Y los fondos de
crecimiento? De creer las últimas noticias que circulan por el Consejo
de la UE, Francia se negaría a poner su parte.
Sería solo triste si no fuese tristísimo. Cada país de la Unión juega
con el destino de los otros países sin comprender que se trata también
del suyo.
El ejemplo más claro es el de la evasión fiscal. Como todo el mundo
sabe, la casi totalidad de las veinte mayores empresas de la Bolsa de
Lisboa, a fin de escapar de sus obligaciones contables y de los
impuestos que se les exigen aquí, tienen su domicilio fiscal en los
Países Bajos.
Los Países Bajos hacen oídos sordos a las reclamaciones de
los países víctimas, entre ellos Portugal, que de todas formas, a decir
verdad, no hacen gran cosa contra el problema.
Eso sí, ha sido muy oportuno que se descubriese en plena campaña
electoral que la compañía ferroviaria holandesa (pública, por encima del
mercado) practica también la evasión fiscal, en Irlanda. Los políticos
holandeses se conmocionan, se indignan, de que se pueda hacer
exactamente lo que su país les deja hacer a otros." (Presseurop,
10 septiembre 2012, Público
Lisboa)
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