"¿Qué podemos hacer? ¿Exigir una vuelta al estado de bienestar?
¿Luchar por un gobierno socialdemócrata o de orientación similar con
mayor sensibilidad social?
No, yo no creo que esa pueda ser
la solución sobre todo porque ese Estado de bienestar fue funcional al
proceso de acumulación capitalista durante una época histórica muy
concreta, dominada en la política económica por las ideas keynesianas,
en el marco de Estados soberanos en el sentido amplio de la expresión y
en los que las restricciones a los movimientos de capital impedían el
chantaje y la dictadura de los mercados financieros, como es el caso
actual.
Pero, sobre todo, fue funcional al capitalismo durante una época
en el que la clase trabajadora consiguió que el trabajo trascendiera su
mera dimensión de transacción mercantil para ser tratada como una
relación social y en la que el salario, más allá de su simple dimensión
empresarial de coste, se consideraba como la única fuente de renta -y,
por lo tanto, de acceso al consumo- de la mayor parte de la población.
En estos momentos, el trabajo ha sido desnudado de esa dimensión social
y el salario ha pasado a entenderse exclusivamente como un coste. Así
lo entiende, por ejemplo, el BCE cuando, como explicaba más arriba,
planteaba la necesidad de reducirlo para recuperar competitividad.
Ante este escenario, en el que el trabajo ha sido remercantilizado,
flexibilizado y devaluado y el derecho del trabajo desarticulado, pensar
que el Estado de bienestar, tal y como lo conocemos al menos en España
(esto es, íntimamente vinculado a la participación en el mercado de
trabajo), puede ser la solución a esta crisis no me parece acertado.
Esta crisis tiene una dimensión superior, mucho más profunda que el
simple desmantelamiento del Estado de bienestar y las políticas
socialdemócratas hace tiempo que dejaron de ser útiles porque se
convirtieron en neoliberalismo con sensibilidad social y poco más. ¿Qué
puede ofrecer en estos momentos la socialdemocracia para salir de esta
crisis? Nada.
¿Nada?
Nada. Esta crisis la supera,
la trasciende, ha sido arrastrada por las condiciones que ella misma
contribuyó a crear y que pensó que podría gobernar. Como señala Tony
Judt, y aunque sea triste reconocerlo, creo que el “momento”
socialdemócrata no ha sobrevivido a su generación fundadora y que, en
este contexto de claro ascenso del poder del capital, la confrontación
debe hacerse desde propuesta mucho más radicales y menos
contemporizadoras con los intereses de aquél.
En cualquier
caso, para mí lo que no está claro aún es cómo va a reaccionar la
ciudadanía cuando el principal elemento de legitimación del sistema
capitalista, que es el consumo, deje de funcionar, como está ocurriendo
en estos momentos; cuando las clases medias vean caer sus perspectivas
de ingresos o cómo estos merman o desaparecen, cuando dejen de acceder
al consumo tal y como venían haciéndolo e, incluso, tengan dificultades
para acceder a lo más básico.
¿Qué factor, más allá de la coerción y la
represión, puede lograr la aquiescencia con el sistema? Creo que
ninguno, lo cual nos deja ante un panorama ciertamente preocupante." (Rebelión, 05/09/2012, Salvador López Arnal)
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