17.10.12

El endeudamiento privado español ha llegado a alcanzar un monto equivalente al 235% del PIB. Y muchos riesgos acechan a los bancos españoles, muchísimos más de los que se reconoce oficialmente hoy

"Tras el fuego a discreción del Banco Central Europeo ha vuelto la calma. La crisis ha dejado atrás una fase aguda y vuelve a ser crónica. El nuevo paraguas salvador del Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM, por sus siglas en inglés) a echado a andar. Se negocia sobre la unión bancaria. En noviembre presentará España su solicitud de rescate. Prietas las filas del establishment italiano todo tras Mario Monti.(...)

 Hay, en efecto, una buena noticia: el BCE ha logrado orillar el llamado “riesgo de suceso extremo” [1]. En verano, los inversores habían huido despavoridos de la Eurozona, porque veían una pequeña pero clara probabilidad de una desintegración del euro. Ya no. La sensación de agudo peligro no esta ya viva en la Eurozona.

Pero lo que no han cambiado son los hechos económicos. El país que a mí más me preocupa no es ni siquiera Grecia, sino España. En Grecia se llegará a la gran quita de deuda. Eso sólo ocurrirá tras las elecciones parlamentarias alemanas. Pero cuando eso ocurra, la aguda crisis griega podrá darse por terminada.(...)

 No es el caso de España. Una quita de la deuda pública española cambiaría poco. El problema radica allí en un abrumador sobreendeudamiento del sector privado y en una obstrucción de todos los canales de la adaptación económica. (...)

El endeudamiento privado español ha llegado a alcanzar un monto equivalente al 235% del PIB. Y muchos riesgos acechan a los bancos españoles, muchísimos más de los que se reconoce oficialmente hoy. 

La prevista recapitalización con 60 mil millones de euros es un chiste, a la vista de los riesgos a los que están expuestos los bancos españoles. En su informe económico, el FMI ha destacado también que muy difícilmente se puede salir de la trampa de la deuda sin una limpieza de los balances bancarios. (...)

En España, la burbuja fue más grande, y el sistema bancario asumió riesgos mayores. España no puede devaluar. El volumen de dinero y el crédito siguen cayendo. El Estado español ahorra con recortes presupuestarios, y así seguirá previsiblemente. (...)

¿Qué pasará ahora? Yo no veo cambios a la vista en la política, ni veo cambios en las circunstancias externas. En el mejor de los casos, el primer ministro español, Mariano Rajoy, pondrá fin a su juego del gato y el ratón con la UE y se resolverá a pedir un programa de ayuda. 

No antes, en cualquier caso, de las elecciones gallegas y catalanas, o sea, no antes de fines de noviembre. Y en el mejor de los casos, eso reducirá los costes de financiación del Estado español. En nada altera eso la negativa dinámica económica en curso.

Yo sólo veo dos salidas: o bien España, y necesariamente entonces, Portugal, abandonan el euro, o los euro-países desendeudan al sector privado español. 

Esto último significaría un sobreesfuerzo para la Eurozona, y no se ven mayorías políticas favorables a ello. Lo que nos devolvería a los “riesgos de sucesos extremos”.          (Wolfgang Münchau, Sin Permiso, Jaque al neoliberalismo, 14/10/2012)

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