"Esta política represiva, gemela de la política de austeridad,
adquirió una dimensión excepcional el martes día 9 con ocasión de la
visita de Ángela Merkel. El Ministerio del Interior y la policía
declararon que las manifestaciones en el centro de Atenas estaban
prohibidas debido a la visita de la canciller alemana.
No obstante, hubo
una gran manifestación. Según los sindicatos, 80.000 personas. Más allá
de las declaraciones de Ángela Merkel que dijo sentirse triste por la "mala suerte"
del pueblo griego, lo fundamental de su mensaje se resume en exigir la
aplicación de todas las medidas de austeridad presupuestaria como
condición para desbloquear los 31 millardos de euros que irán
directamente a manos de los prestamistas.
Pero, sobre todo, Ángela
Merkel envió el siguiente mensaje: entre las prioridades, la fundamental
es la de las privatizaciones. Especialmente cuando los industriales
alemanes están interesados en la adquisición de la compañía pública de
electricidad -cuyos trabajadores sufrieron la brutal represión -, la
compra de los terrenos adyacentes al antiguo aeropuerto de Atenas
(Ellinilo), y en la compañía ferroviaria OSE.
Merkel contaba con el
apoyo de los empresarios alemanes que, paralelamente a los encuentros de
la canciller con Samaras, elaboraban minuciosos planes de posibles
privatizaciones con sus correligionarios griegos durante una reunión en
la Cámara de Comercio greco-alemana. (...)
En ese momento no sólo algunos pequeños comerciantes se plantean la
cuestión (o la imposibilidad) del futuro en términos de "ruptura". De
forma cada vez más asidua, algunas empresas aún en buenas condiciones,
se deslocalizan por primera vez; a ser posible fuera de la zona euro e
incluso a veces fuera de la Unión Europea.
Como una empresa conocida que
hace poco decidió instalar sus filiales en los Estados Unidos y
Turquía. Esta decisión, al contrario de lo que podría creerse, no estuvo
motivada por la falta de competitividad a causa de costes laborales
insostenibles.
En su caso, se trata, sobre todo, de escapar a la
imparable caída de la demanda y de la solvencia interna. Digamos que
esta empresa, que no está endeudada, acaba de crear su propio
departamento jurídico para hacer frente a los numerosos impagos que le
vienen encima.
No se trata sólo de que los pequeños revendedores no le
reembolsen el dinero de las ventas realizadas, sino que tampoco lo hacen
algunos grandes distribuidores del sector. Este "agujero negro"
representa ya un valor equivalente al 20% de la facturación anual de la
empresa. Por el momento, la empresa no se plantea ni reducir salarios ni
despedir personal.
Porque, como explica su dueño (que quiere guardar el anonimato), "ni
siquiera una reducción del 50% de los salarios resolvería el problema.
Lo que haría sería reducir aún más la productividad a causa del
hundimiento moral de los cuadros y los empleados. Todo el mundo sabe que
a partir de un nivel de remuneración, ya no se trata de vivir sino de
sobrevivir".
Sin embargo… desde hace algunos meses las
indemnizaciones por despido se han reducido al mínimo simbólico, al
mismo tiempo que los nuevos contratos de trabajo "tipo Memorándum"
imponen salarios de 550 euros netos al mes para la nueva gente
contratada a tiempo completo. En otros tiempos se diría que "esto no
tiene ningún sentido".
La crisis supone también una contaminación
de la razón y convierte al país en un basurero. Nos hemos convertido en
desechos "reciclados" por la Escuela de Chicago (Milton Friedman &
consortes).
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