"Noche del miércoles en Atenas (esa frívola manía de tomar las
decisiones con nocturnidad). Representantes del ministerio de Finanzas
griego e integrantes de la misión de ese engendro llamado troika se
reúnen por enésima vez para ver si rompen el espinazo del pueblo griego
de una sola tacada o en varias tandas. La negociación también aborda la
contundencia de los golpes.
Parece que no hay acuerdo (por el
momento) sobre si los 11.500 millones de euros que van a hurtar de las
arcas públicas tendrán que retirarse en su mayor parte el próximo año
(como pide el Fondo Monetario Internacional)[1] o dejar parte del
sacrificio para 2014 (según suplica el gobierno griego).
Atrás quedan
las falsas promesas electorales de Antonis Samarás de renegociar las
condiciones del memorando y pedir una moratoria de dos años para aplicar
los drásticos recortes exigidos por los prestamistas internacionales.
En
medio de la discusión un nuevo punto de fricción salta entre ambos
contendientes. Según el viceministro de Finanzas griego, Jristos
Staikuras, las instituciones bancarias griegas deberían devolver este
año a las arcas públicas la suma de 500 millones de euros en forma de
dividendos, por las ayudas estatales recibidas en 2008.
El representante
gubernamental recuerda que ese dinero está incluido en los presupuestos
del año actual y que ya fue reclamado el pasado 7 de septiembre al
gobernador del Banco Central de Grecia, Yorgos Provopulos, y al
presidente de la Asociación Helénica de Bancos, Yorgos Zanias.
Llegados
a ese punto la petición de la sedicente troika es tan escandalosa como
perversa: condonar la deuda de los bancos y suplir el agujero
presupuestario mediante la aplicación de algún nuevo impuesto o
adelantar a este mismo año el recorte previsto sobre la paga
extraordinaria de funcionarios y pensionistas.
Rechazada de plano la
propuesta por el gobierno (que no se caracteriza precisamente por su
sensibilidad social) los representantes del capital financiero global
plantean la posibilidad de llevar a cabo un mayor recorte en los sueldos
de todos los asalariados griegos o fijar una contribución
extraordinaria únicamente a los del sector bancario.
La posibilidad de
que se hicieran cargo del pago de los 500 millones los legítimos
deudores, es decir, los bancos griegos, parece ser que no se les pasó ni
fugazmente por su imaginación." (Rebelión, 12/10/2012, Antonio Cuesta)
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