"Nunca sabremos qué hubiera pasado en los países del sur de Europa, el
nuestro incluido, si la canciller alemana, Angela Merkel, y la Unión
Europea, en su conjunto, hubieran decidido desde el primer momento,
desde el inicio de la crisis de la deuda, que la reducción de los
déficits se haría de una manera más equilibrada, sin la formidable
urgencia que imprimieron y que exigieron. (...)
Es posible que Merkel y sus asesores creyeran que los ciudadanos del sur
somos ganado al que la única forma de conducir es echarles perros que
les muerdan las patas. La realidad es que los ciudadanos del sur no
somos un conjunto de personas criadas para la explotación o la
corrupción, o por lo menos, no más que los ciudadanos del norte.
Aquella
decisión fue un error brutal, una decisión tosca, adoptada como si no
tuviera consecuencias sobre seres humanos, sino sobre materiales poco
valiosos, en beneficio de unos intereses determinados y muy poco
gloriosos: los bancos acreedores de los países del norte y los intereses
electorales de sus partidos políticos.
“Ni el canciller Kohl, ni ninguno de sus predecesores, hubieran
consentido que se abusara de un país de la Unión para mayor gloria
nacional como usted consintió que se abusara de Grecia”. Peer
Steinbrurck, el candidato socialdemócrata que se enfrentará a Merkel en
2013, subrayó su duro juicio con un puñetazo en el atril de su escaño
parlamentario, el pasado jueves. (...)
El dirigente socialdemócrata dijo algo que muchos hubiéramos querido
oír proclamar bien alto en Bruselas, en boca de nuestros políticos y de
los miembros de la Comisión: cuando invierten en la Unión Europea, los
alemanes invierten también en su propio futuro.
“Europa es nuestro
futuro y tenemos que invertir en él, igual que invertimos en la
reunificación de Alemania”, proclamó, con rotundidad, Steinburck. “Y su
deber, señora canciller, era haber explicado esto a los alemanes mucho
antes, sin que la realidad hiciera saltar por los aires la tapa de la
olla”.
Alemania y la Unión han intimidado y han abusado de Grecia. ¿Cómo
compensar ahora los daños que han causado las políticas de austeridad
galopante? ¿Cómo proseguir las políticas de ajuste, que siguen siendo
necesarias, en Grecia y en otros países europeos, pero equilibrando el
ritmo?
¿Cómo recuperar una actividad económica que ha quedado arrasada y
a unos ciudadanos que han sido descartados? ¿No sería razonable que la
propia Unión se responsabilizara por lo ocurrido y ayudara a echar a
andar a quienes quedaron con las piernas desgarradas a mordiscos?" (
Soledad Gallego-Díaz
, El País, 21 OCT 2012)
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