" ¿Debería el estado español pedir la salida del euro? ¿Bajo qué argumentos?
(...) Los motivos que justificarían la salida del euro en el
caso español estarían ligados a las gravísimas consecuencias que está
soportando la mayor parte de la población española como consecuencia de
tener que cumplir rigurosamente los dictados impuestos por la troika
(FMI, BCE y Comisión Europea) en lo relativo a la austeridad a ultranza.
A priori, se hace difícil pensar que el futuro que tendríamos fuera del
euro pueda ser peor aún del que se nos presenta siguiendo dentro de la
eurozona. Por tanto, entiendo que el Gobierno de España debería exigir
una flexibilización del Pacto de Estabilidad y unas nuevas reglas de
funcionamiento del BCE, en ambos casos para evitar la actual asfixia que
la carga de la deuda está produciendo sobre el conjunto de la economía.
De lo contrario, el Gobierno de España debería, para evitar su
deslegitimación ante la ciudadanía, no solo dejar de pagar la deuda,
sino también plantear la salida del euro, lo que no sería un caso
excepcional, pues tres países de la UE que podrían estar dentro de la
moneda única, no lo están porque así lo han decidido libremente.
El
argumento fundamental que justificaría nuestra salida del euro es la
postura absolutamente inflexible, ineficaz e injusta que la UE tiene
respecto a la forma de afrontar esta crisis de deuda y de desorden
financiero. La UE no asume medidas como:
- La recapitalización directa de los bancos a través de fondos europeos y su conversión en entidades financieras públicas.
-
La posible quita (condonación) de la deuda ilegítima asociada a gastos e
inversiones que no han contribuido a prestar servicios sociales
básicos.
- El cambio de las reglas de funcionamiento del BCE para
que además de la inflación se preocupe por la recuperación de la
actividad económica ligada a las necesidades reales de la gente, y para
que compre deuda pública a bajos intereses directamente a los estados
que la emiten, sin pasar por el filtro de los especuladores financieros
que la revenden en los mercados secundarios.
- El control
democrático y ciudadano de los mercados financieros y de las
instituciones que operan en ellos, que están en el origen, difusión y
persistencia de la actual crisis. En esta línea, avanzar en el impulso y
consolidación de una banca pública y cooperativa que atienda con
criterios sociales aquellos ámbitos que la banca privada deja de lado o
bien atiende con criterios de usura.
- El cierre y la persecución
de los paraísos fiscales, colaboradores imprescindibles para que el
fraude fiscal siga mermando los ingresos impositivos y por lo tanto
socavando nuestras democracias.
Salir del euro implica, sobre
todo, recuperar instrumentos de política económica que tradicionalmente
tenían los estados de la UE, y de los que hoy incluso siguen disponiendo
EE.UU, Reino Unido, Suecia, Dinamarca, China y la mayor parte de los
estados del mundo.
Me refiero a utilizar la política monetaria y
financiera para favorecer la consecución de objetivos como el impulso de
la actividad económica dirigida a satisfacer las necesidades básicas de
la ciudadanía, fundamentalmente vía tipos de interés, tipos de cambio y
supervisión bancaria.
Salir del euro implica, imponer férreos
controles de movimientos de capital para evitar que la especulación
continúe con sus estragos, teniendo claro que ello (los controles de
capital) fue la norma en todos los países desde el final de la II Guerra
Mundial hasta los años 80 del siglo XX, en que el pensamiento único
neoliberal puso precio a todo, de la mano de legislaciones
desreguladoras y liberalizadoras, favoreciendo la concentración del
poder y la privatización y desmantelamiento de lo público.
Hoy
por hoy, la posible salida de España del euro no es una ocurrencia
insensata, ni un suicidio colectivo, ni nada apocalíptico. Es la única
vía que queda para intentar invertir la actual senda de deterioro
inexorable por la que está moviéndose la economía y la sociedad española
en los últimos tiempos.
La UE sólo se va a plantear cambios radicales
en sus políticas anticrisis cuando algunos países miembros “se planten” y
se nieguen a asumir las imposiciones de la troika. Quizás hoy no
imaginemos al Gobierno del Partido Popular en España en esa postura de
plante, pero tiempo al tiempo." (Gregorio López Sanz , Rebelión, 01/11/2012)
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