"¿Por qué mal llamadas de austeridad?
La austeridad es una palabra noble, siempre ha tenido una connotación
positiva y ahora la austeridad equivale en la práctica a la reducción
drástica de las transferencias sociales del Estado de bienestar. Sus
defensores hablan de que es expansiva porque gracias a ella llegaremos a
una etapa de crecimiento que Krugman llama ‘el hada de la confianza’.
Yo creo más en que estamos viviendo una época de despilfarro
contractivo, porque estamos despilfarrando el capital más importante que
tiene un país que es su capital humano.
Y todo ello bajo el pretexto de control del déficit y de salvar el euro. ¿Es verdad que se ha salvado el euro?
El euro ciertamente se ha salvado. Hemos pasado la fase aguda de la
crisis en la que estábamos hace un año. De hecho se salvó cuando el 28
de julio pasado, Draghi [presidente del BCE] dijo esa frase para la
historia que es que ‘haría todo lo que fuera necesario para salvar el
euro y que lo necesario sería suficiente’.
Desde entonces la fase aguda
ha pasado y creo que hemos entrado en una fase crónica, el enfermo no ha
muerto, pero se ha convertido en una enfermedad caracterizada por
mercados financieros desintegrados, por altos tipos de interés para la
actividad productiva con racionamientos del crédito, con expectativas
muy negativas, con altos niveles de paro, y por lo tanto, con una
situación que a medio plazo es socialmente insostenible. (...)
¿Y cree que puede derivar en una mayor conflictividad social en los países afectados?
Lo que puede haber es una revuelta social. Lo que ha pasado en Italia
demuestra claramente que la sociedad rechaza esas políticas. Parece que
todo se reduce a la cifra mágica del 3% de déficit, parece que es lo
único que importe, el paro puede llegar al 26%, el PIB se puede caer un
10%, la pobreza puede crecer tantos por ciento, qué importa, mientras el
déficit esté por debajo del 3% parece que lo demás no tenga ninguna
relevancia, y esto es la preponderancia ideológica de una cierta forma
de concebir la economía y la sociedad.
Es el neoliberalismo alemán que
se ha impuesto en toda Europa. Es curioso, porque se suponía que el euro
iba a ser la forma de embridar la potencia política de la Alemania
reunificada.(...)
El sentimiento en las clases populares europeas es que se puede cambiar
de gobierno pero no se cambia de política porque viene muy dictada por
condicionantes exteriores, por los mercados financieros.
En el caso del PSOE esa desafección comenzó cuando Zapatero
bajó el salario de los funcionarios y congeló las pensiones. Eso tuvo un
coste político, la pérdida de más de 4 millones de votos. ¿Cree que fue
un error?
Supongo que el PSOE era consciente de que esas medidas iban a tener
un alto coste electoral. Zapatero lo dijo. Todo depende de cómo juzgues
la negociación que en ese momento tuvo lugar en Europa. Probablemente la
respuesta europea frente la crisis y en particular las medidas de
ajuste respondieron a una cierta histeria ante los ataques de los
mercados.
Hubiese sido mucho mejor para todos que los ajustes, entonces y
ahora, hubieran sido mucho más graduales. Aquello fue una circunstancia
excepcional, e, insisto, afrontada con una cierta histeria. (...)
¿Entonces Zapatero no tuvo margen de maniobra?
No, no parece que lo tuviera, pero insisto que la respuesta europea
frente a la crisis ha sido siempre tardía, lenta, incompleta y un tanto
histérica. No se pueden combinar políticas de reformas estructurales con
políticas de restricción de la demanda, es un plantel muy peligroso
porque empujan al país a la recesión." (Entrevista a Borrell, Nuevatribuna.es, 18/03/2013)
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