1.3.13

Y sin embargo, vistas de cerca, las elecciones italianas están llenas de buenas noticias.

" Como ha insistido recientemente el director de La Stampa, Mario Calabresi, han traído el remedio lo que estaba universalmente considerado como uno de los grandes males de un Viejo Continente bloqueado: hoy, Italia tiene uno de los Parlamentos más jóvenes de Europa, con una buena proporción de mujeres y de caras nuevas, y muchos de los que han ocupado puestos en el mismo durante los últimos veinte años han sido excluidos. 

De una u otra manera, la enorme presión de esta renovación frenada desde tiempos inmemoriales, por fin ha abierto una brecha.

El mérito le corresponde en gran parte al M5S, que, a pesar de la personalidad polémica y de los propósitos con frecuencia inadmisibles de su líder, se ha transformado en la rendija que ha permitido que decenas de jóvenes outsiders accedan a la pista del circuito cerrado de la política institucional. 

Estos recién llegados merecen respeto: no son autómatas teleguiados por Grillo y, una vez entren en el Parlamento, tendrán derecho a ejercer el voto secreto.

Deslegitimando el compromiso de su líder para no llevar a cabo acuerdos con nadie, muy numerosos electores del M5S han expresado ya su voluntad para apoyar a un posible Gobierno del PD. De todos los errores cometidos por Bersani, acudir a a ellos en lugar de aceptar la oferta de una gran coalición con Berlusconi, no sería desde luego el peor.

Un Gobierno minoritario dirigido por el PD con el apoyo del M5S sería una experiencia completamente nueva e interesante en la Europa de las coaliciones blindadas, de la gobernabilidad como valor absoluto y del consenso de Bruselas.

 Un laboratorio en el que las decisiones no responderían al imperativo de mostrar a los mercados una sacrosanta estabilidad, sino que nacerían de una dialéctica permanente que debe ser la base de la democracia.

 Y es, sobre todo, la única manera para componer entre las exigencias con frecuencia contradictorias de una sociedad que se ha fragmentado dramáticamente, como la nuestra, y por extensión de las sociedades europeas.

No será una tarea fácil. En el programa del M5S hay puntos que serán con seguridad favorablemente acogidos en Europa, como la reducción de los costes de la política, y otros potencialmente explosivos, como, por no citar más que uno, el referéndum sobre la moneda única.

 Pero tras cuatro años de crisis, el conflicto que se alimenta en el seno de la Unión Europea y en sus Estados miembros no puede ya ser considerado como un simple debate de salón.

Como ha escrito Adriana Cerretelli en el Sole 24 Ore, “Angela Merkel ha hecho todo lo posible para despejar de su camino hacia las elecciones de septiembre el peligro de nuevos sobresaltos de inestabilidad europea". Pero su fracaso es ahora más evidente y las montañas de polvo acumulados bajo la alfombra pronto pesarán en la balanza. 

Ha llegado el momento de abrir un nuevo período en el que se trate abiertamente de los problemas y se expongan en la plaza pública, en lugar de dejarlos a la gestión del sistema intergubernamental habitual de discusiones de cenáculo y a puerta cerrada.

Berlín y sus aliados ya no tienen partido en Italia, ni en España, donde todo el sistema político está pendiente de un hilo, y con el riesgo de que pronto se encuentre sin interlocutor. La dialéctica de la austeridad y las predicciones contrastadas sobre el futuro de la Unión Europea deberán ser debatidas a partir de ahora fuera del cenáculo, y ante la vista de todos."            (Presseurop, 28 febrero 2013)

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