"La Universidad remata el curso como lo empezó: atrapada por los problemas económicos.
Salarios y plantillas congelados, recortes sobre recortes, deudas y
facturas acumuladas en los cajones.
Los problemas económicos no son
homogéneos, como tampoco lo ha sido la subida de las tasas para los
alumnos. Cada campus sangra por una herida. En las universidades más
antiguas se hace complicado sustituir a los profesores que se van
jubilando; algunas combaten las deudas con los proveedores cortando la
calefacción, otras limitan el papel para fotocopias; con la disminución
de las titulaciones que se imparten tratarán de aliviar el presupuesto.
Pero todas son acreedoras de la Administración en mayor o menor medida.
Ese es origen del derrumbe de las piezas de dominó.
La rectora de Málaga y presidenta de la Conferencia de Rectores de
las Universidades Españolas (CRUE), Adelaida de la Calle, habla sin
ambages: “Es un momento malo”, que divide en dos problemas bien
definidos: la reposición del personal y la financiación. La falta de
dinero lo ahoga todo, pero una universidad sin calefacción pasa frío,
sin profesores está a la intemperie.
“Hemos pedido insistentemente que se cambie la tasa de reposición”,
cuenta De la Calle. Hoy se permite que se cubran 10 de cada 100 bajas de
docentes. “Estamos dispuestos a disminuir los gastos de personal, pero
queremos tener capacidad para redistribuir los fondos”, sostiene la
presidenta de la CRUE. “Entre 1975 y 1985 fue el gran auge de alumnos y
se contrataron de golpe muchísimos profesores.
¡Éramos más malos que la
tos!”, recuerda con sorna José Ginés Mora, profesor de la Universidad de
Londres y especialista en la gestión de la enseñanza superior. “La edad
media de los profesores funcionarios es de 55 años. Así que en los
próximos 10 años se van a jubilar muchísimos, pero puede que nos
encontremos con un hueco generacional, sin recambio”, lamenta. (...)
“Quienes están sufriendo más son las universidades históricas —la
Complutense de Madrid, Santiago o Salamanca...— con unas plantillas
consolidadas muy envejecidas. Es insostenible”, añade. El rector de
Salamanca, Daniel Hernández, asegura que peligran departamentos de
Medicina, Enfermería o Fisioterapia.
“Los rectores que modernizaron la Universidad de Santiago y que
durante 40 años formaron a gente muy buena se van ahora. Dejamos que se
vayan todos: los que forman y los formados; no nos queda nada”,
preconiza Lourenzo Fernández Prieto, catedrático de Historia
Contemporánea.
“El frenazo de ahora tardará en notarse aún, porque la
universidad funcionará un tiempo por inercia —las patentes y artículos
tienen tres años de vida—, pero una vez frenado el buque será muy
difícil ponerlo en marcha. En tres años, estaremos como en 2003”,
prosigue Antonio Pérez, portavoz del personal de este campus.
El de personal es el mejor capítulo para ahorrar, pero, antes de eso,
los rectores hacen un esfuerzo en otros gastos. En buena medida son los
proveedores los que pagan el pato. “La media de pago de las
Administraciones públicas es de 151 días, pero con grandes diferencias”,
explica Lorenzo Amor, presidente de la Asociación de Trabajadores
Autónomos (ATA).
Las pequeñas empresas y los autónomos copan el 75% de
los servicios a los campus: limpieza, transporte, provisión de
materiales o personal que trabaja allí. Recuerda que 150.000 negocios
que surtían a la Administración han cerrado.
Las grandes empresas, con mayor margen de maniobra para hacer frente a
impagos, también aguardan el abono. Endesa amagó con cortar la luz a la
Universidad de Zaragoza por una factura de 2,5 millones. No son tiempos
para el dispendio energético. El rector de la de Oviedo, Vicente Gotor,
ha llegado a reconocer que pasan frío. Un día menos de calefacción
supone un ahorro de 10.000 euros. (...)
En Alcalá de Henares han pasado de tener 18 facultades y 43
departamentos a 9 centros y 23 departamentos; producen parte de su
energía o han reducido los gastos protocolarios, de publicidad o dietas.
Hay también un acuerdo común en que existe demasiada oferta de
titulaciones —la CRUE calculó en 2008 que el 13% de los títulos
sobraba—, pero cerrar universidades divide a los expertos.
“Es verdad
que está sobredimensionada, pero hay que gestionar con cabeza. Si
cierras, por ejemplo, una titulación en Extremadura tendrás que dar más
becas para que esos alumnos puedan estudiar en Madrid”, piensa Ramón
Sans, de FETE-UGT. (...)
“Como se está echando a profesores, los hay impartiendo una materia
que no dominan y se sienten inseguros. El ambiente es triste. Todo el
mundo está preocupado”. En su universidad, la Politécnica de Valencia,
los 25.000 euros del presupuesto de los alumnos se han gastado en cubrir
tasas de compañeros morosos. Es un parche, cree que se necesita una
estrategia.
El origen de todos estos parches, que no pueden contener las
múltiples vías de agua que amenazan los estudios superiores en España,
es el dinero: la financiación. (...)
“Si no invertimos en ciencia y educación. No hay futuro”, piensa el
catedrático José Ginés Mora. Y pone el ejemplo de Finlandia, con una
tasa de paro del 18% en los ochenta. Invirtió en educación, ciencia y
tecnología aumentando el gasto hasta el 3% del PIB. “Ahora son un espejo
en el que mirarse. Es de Perogrullo”.
Pero hasta ahora, piensa Mora, la
gente no le daba la importancia que merece a la educación. “La crisis
ha servido para tener sentido común y eso ha cambiado”, se alegra. “Hace
20 años un consejero me dijo: ‘Tienes razón, habría que invertir más en
educación. Pero los políticos tenemos prioridades y las encuestas que
manejamos nos dicen que eso no interesa”, rememora.
Desde entonces,
piensa, se ha hecho mucho “pero a este paso lo vamos a perder. Para
salir de la crisis necesitamos un nuevo modelo económico y tiene que
basarse en el conocimiento. Es casi más importante que comer”. (El País, 22/07/2013)
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