"(...) ¿cuántas personas ganan lo suficiente como para ahorrar con su solo
sueldo mientras trabajan lo suficiente para vivir con dignidad cuando se
jubilan?
Por eso les resulta tan complicado a bancos y seguros conseguir
directamente la opción a la que realmente aspiran, privatizar las
pensiones públicas para gestionarlas por entero.
Y por eso es por lo que
han tenido que elegir un camino intermedio, debilitar progresivamente
al sistema público para que la gente, temerosa de que sea insuficiente
para garantizarle una vejez decente, trate de cubrirse las espaldas
(quienes pueden) ahorrando en planes privados.
Para conseguirlo, la estrategia seguida por los bancos y por los que
defienden sus intereses ha sido muy clara: asustar constantemente a la
población diciéndole que dentro de unos años no se podrán financiar las
pensiones públicas, así que lo más razonable y previsor es justamente
eso, ahorrar en planes privados.
Y la convicción se ha conseguido
divulgando hasta la saciedad un argumento que aparentemente es
indiscutible: como cada vez vivimos más y hay más personas jubiladas
resulta que la factura a pagar por las pensiones públicas será tan cara
en un futuro próximo que el sistema será materialmente insostenible.
Con el fin de convencer a la gente de esa idea los bancos y compañías
de seguros vienen financiando generosamente a un buen número de
economistas que periódicamente presentan sus previsiones siempre de la
misma forma.
Es muy significativo que ninguno de ellos (he dicho bien, ninguno) haya
acertado nunca.
Algo normal porque sus modelos son muy sofisticados pero
concebidos a propósito para “demostrar” lo que estaba establecido de
antemano para asustar: que habría déficit en 1990, en 1995, en 2000,
2005, 2010, 2030, 2060…
(...)
En todos
esos informes los argumentos que dan para asustar a la gente y lograr
que el mayor número posible de personas salga corriendo a suscribir
planes de ahorro privados son aparentemente muy sofisticados y se
presentan como el último grito del conocimiento científico. Pero en
realidad son una manipulación grosera de los hechos y de lo que de
verdad sabemos sobre las pensiones y la evolución de los sistemas de
seguridad social. (...)
Parten
de una idea también aparentemente indiscutible: hay que lograr que el
sistema de pensiones públicas sea sostenible, es decir, que sus gastos
no superen a los ingresos porque si no se vendría abajo. Y, para ello,
como he dicho, lo único que se les ocurre es rebajar la cuantía de las
pensiones. Una falacia porque equivale a decir que para que no bajen las
pensiones en el futuro lo que hay que hacer es que bajen ya, desde
ahora.
Podemos afirmar que este tipo de argumentos son falsos porque,
suponiendo que lo adecuado sea lograr la sostenibilidad equilibrando
ingresos y gastos (en muchos países se financian a través de los
Presupuestos del Estado), no podemos actuar solo sobre los gastos sino
también sobre los ingresos.
Y resulta que es falso que los ingresos del sistema de pensiones
públicas dependan solo de variables demográficas y particularmente de la
mayor esperanza de vida (un concepto que, como explicamos en el libro,
utilizan erróneamente). También dependen de otras variables, algunas de
las cuales nunca se mencionan.
Una de ellas es el empleo, otra el nivel de salario y, por tanto, la desigualdad.
Pongamos un ejemplo muy fácil.
Supongamos que financiar las pensiones públicas cuesta 7 euros, que
los ingresos totales de una sociedad son de 40 euros que se reparten al
50% entre los propietarios del capital y los asalariados y que éstos
dedican la mitad de sus salarios a financiar las pensiones, es decir, 10
euros. Por tanto, en este caso, habría 3 euros de superávit (10-7=3) en
el sistema de pensiones, dinero de sobra para financiarlas.
Pero ahora supongamos que se han aplicado políticas muy injustas que
disminuyen los salarios en beneficio de las rentas del capital, por
ejemplo, haciendo que a éstas últimas le corresponda 30 euros y a los
asalariados solo 10 euros. Si aceptamos que la población trabajadora y
los pensionistas siguen siendo los mismo, a las pensiones solo irán
ahora 5 euros y por tanto, no habría suficiencia para pagar las
pensiones, el sistema tendría un déficit de 2 euros (5-7= -2).
Es fácil comprobar, por tanto, que los ingresos con los que se
financian las pensiones públicas se deterioran no solo porque vivamos
más y haya menos gente trabajando (incluso esto puede ser un factor poco
preocupante si logramos, como suele suceder siempre a lo largo de la
historia, que los que trabajan sean más productivos y que menor número
de empleados puedan mantener a más número de pensionistas). Como en el
ejemplo que acabo de poner, el sistema puede entrar en déficit si la
masa salarial disminuye, bien porque haya menos empleo, bien porque los
empleados perciban menos salario.
Por tanto, basar la sostenibilidad del sistema solo en el factor
demográfico del envejecimiento (sin hablar nada de la gran concentración
de la renta a favor del capital que se viene produciendo) es un truco
para rebajar la pensión y lograr lo que he dicho que de verdad persiguen
los bancos y compañías de seguro.
Por tanto, lo que en realidad pone en peligro a las pensiones
públicas (entre otras cosas que explicamos en el libro) no es que
vivamos más años, sino las políticas de austeridad que crean paro, y que
por tanto hacen que haya menos cotizantes.
Y, sobre todo, la mayor
desigualdad de rentas, que es lo que se viene produciendo en los últimos
años, porque, como he mostrado en el sencillo ejemplo anterior, con la
desigualdad disminuye la masa salarial con la que se financian.
En definitiva. El problema que amenaza a las pensiones no es de
naturaleza demográfica. No. Lo que hay detrás es en realidad un
conflicto de intereses entre grupos sociales, entre los de arriba y los
de abajo, entre banqueros y financieros y la inmensa mayoría de la
población que vive de su salario, entre propietarios del capital y
asalariados. Dicho más claramente, es la lucha de clases." (Juan Torres López, 08/06/2013)
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