28.8.13

El objetivo de la reforma laboral y de toda la política económica de Mariano Rajoy... es la devaluación interna, ¡estúpido!.

" (...) Tiene razón el Gobierno. La reforma laboral está dando sus frutos. Se buscaba abaratar el coste del factor trabajo, mediante el despido fácil, la reducción de los salarios y la indemnización por despido. Era el objetivo de la reforma laboral y de toda la política económica de Mariano Rajoy.
 
   Es la devaluación interna, ¡estúpido!.

  En el debate de la Comisión de Economía, el pasado jueves, día 25, el ministro de Economía, Luis de Guindos, explicaba todo esto así: "Las ganancias de competitividad que resultan de procesos de devaluación interna como los que ha llevado y está llevando a cabo la economía española que son mucho más duraderas que las devaluaciones externas basadas en el tipo de cambio". (...)

España paga, de facto, unas reparaciones de guerra. Estas reparaciones se llaman hoy devaluación interna. Para expiar nuestros rasgos malsanos.
  ¿Rasgos malsanos?
  Veamos que piensa Hélène Rey sobre cómo se transmitió la Gran Recesión a la eurozona. (...)

"Para entender cómo se transmitió la crisis a Europa es importante mirar, otra vez, el balance completo de los países. Europa no tenía endeudamiento neto", explica. "Pero algunos países tenían exposición a activos tóxicos de Estados Unidos. También se alimentaron burbujas inmobiliarias en Irlanda y España vía endeudamiento interno y otros bancos europeos".

   Según razona, hay una ironía en las peleas que hoy día tienen entre sí muchos líderes europeos. "Muchos de los países del norte de Europa, cuya fama es la de `trabajar duro´, no quieren prestar a los países perezosos del sur (de Europa) afectados por la crisis porque ello premiará el mal comportamiento. Pero olvidan que sus propios bancos se comportaron mal y asumieron grandes riesgos".  (...)

España ha atravesado por dos recesiones, hemos conocido por fin lo que es el llamado double dip (doble hoyo recesivo) y nuestro propio patrón oro, un euro con defectos evidentes de mala fabricación, nos ha conducido a un política económica y social devastadora que es lo más parecido a un hara-kiri para toda una nación. A una guerra virtual. Y por ella, por haberla perdido (junto con Grecia, Irlanda, y Portugal) estamos pagando las reparaciones bajo la factura de la devaluación interna.  (...)

Los ajustes que nos exige la tecnocracia de Bruselas difuminarán cualquier espejismo temporal.
 
   Con el credit crunch, o restricción crediticia, que es coherente con una economía sin demanda, y con nuevas necesidades de saneamiento del sistema financiero, hablar de una recuperación invisible o meramente estadística parece más adecuado que de una recuperación a secas. (...)"                 (Ernesto Ekaizer, El País, 30/07/2013)

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