"(...) Es tanta la vergüenza con la que convivimos cada día que, para secarse
las lágrimas, no basta con comprar todos los pañuelos de papel que
venden los mendigos en los semáforos de las ciudades españolas. (...)
Es para llorar de vergüenza que una vicepresidenta del Gobierno se
permita denunciar a 520.000 desempleados por cometer fraude con el
subsidio.
Lo de menos es la mentira de la cifra. Lo demás es otra cosa:
el verdadero fraude que debilita la fiscalidad española tiene que ver
con los impuesto de las grandes empresas. Una legislación vergonzosa
permite por mil caminos la ingeniería del no pago. Y, por si faltaba
algo, los inspectores de hacienda tienen una tradicional obligación de
cerrar los ojos ante el fraude de los poderosos. Se facilita hasta el
blanqueo del dinero defraudado.
Aquí sólo se vigila al sector medio de
los autónomos y a los asalariados. Ahora se criminaliza también a los
españoles que, por culpa de unos gobiernos sumisos a la especulación y
las instituciones financieras, sufren el paro. Es para llorar. (...)
Da vergüenza también que el Tribunal de Derechos Humanos de
Estrasburgo tenga que paralizar el desalojo de 43 ciudadanos españoles.
Da vergüenza nuestra ley hipotecaria. Da vergüenza nuestra manera de
pagar la factura de los bancos y sus malos negocios a costa de
empobrecer a la mayoría de la población. Da vergüenza el sometimiento de
los partidos mayoritarios a la oligarquía económica.
Es para llorar, pero no basta con llorar. Hay que tomar el Estado,
cambiar las leyes que nos condenan a las lágrimas y a la vergüenza." (Luis García Montero, Attac madrid, 22/10/2013)
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