27.11.13

Se está generando un ambiente de enfado y desdén entre acreedores y deudores, entre teutones y latinos

"(...) ¿quién votó en contra de la rebaja de los tipos? Los dos miembros alemanes de la directiva del BCE, respaldados por los dirigentes de los bancos centrales holandés y austriaco. ¿Quién, fuera del BCE, fue más crítico con la medida?

 Los economistas alemanes, que defendieron sus argumentos no solo atacando el contenido de la decisión, sino también poniendo de relieve la nacionalidad de Mario Draghi, el presidente del banco, que es italiano. 

El influyente economista alemán Hans-Werner Sinn dijo que lo único que quería Draghi era que Italia pudiese acceder a préstamos con intereses bajos. El jefe de economía del semanario WirtschaftsWoche tachó la rebaja de los tipos de “decreto de un nuevo Banco de Italia con sede en Frankfurt”.

Estas insinuaciones son terriblemente injustas con Draghi, cuyos intentos de frenar la crisis del euro han sido poco menos que heroicos. A estas alturas, me atrevería a decir que, sin su liderazgo, el euro probablemente habría fracasado en 2011 o 2012. Pero las personalidades son lo de menos. 

Lo que da miedo en este asunto es el modo en que se está convirtiendo en una pugna entre teutones y latinos, con el euro, que debía servir para unificar Europa, dividiéndola en vez de unirla.
 
¿Qué está pasando? En parte, tiene que ver con los estereotipos nacionales: la ciudadanía alemana está permanentemente en guardia ante la posibilidad de que esos perezosos europeos del sur vayan a largarse con el dinero que a ellos tanto les ha costado ganar. Pero también hay un verdadero problema. 

Los alemanes sencillamente odian la inflación, pero si el BCE tiene éxito en su intento de lograr que la inflación media europea vuelva a situarse alrededor del 2%, hará que la inflación alemana —que está aumentando aun cuando otros países europeos sufren unas tasas de paro similares a las de una depresión— suba hasta un nivel considerablemente superior, quizás hasta el 3% o más.

Puede que esto parezca malo, pero así es como se supone que debe funcionar el euro. De hecho, es el modo en que tiene que funcionar. Si uno va a compartir moneda con otros países, a veces tendrá una inflación que estará por encima de la media.

 En los años anteriores a la crisis financiera mundial, Alemania tenía una inflación baja mientras que países como España tenían una inflación relativamente alta. Ahora, las reglas del juego exigen que se intercambien los papeles, y la pregunta es si Alemania está preparada para aceptar esas reglas.

Lo verdaderamente triste es que, como he dicho, se suponía que el euro debía unir a Europa, de un modo tanto fundamental como simbólico. Debía reforzar los vínculos económicos y, al mismo tiempo, alimentar un sentimiento de identidad común. Lo que está generando, sin embargo, es un ambiente de enfado y desdén por parte de acreedores y deudores. Y sigue sin vislumbrarse el fin."               ( , El País, 16 NOV 2013 )

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