"En nuestra frágil e incipiente democracia, la soberanía y la riqueza
del país está siendo vilipendiada y vendida al mejor postor, mientras
que los ciudadanos, perplejos, estamos siendo objeto de un expolio
continuado -subidas de impuestos, bajadas salariales, empeoramiento de
la sanidad, educación, de todo lo habido y por haber-.
La razón es muy
sencilla, los gobernantes han hecho dejación de responsabilidades, en
vez de servir a la ciudadanía y representar la voluntad del pueblo,
prefieren servir a los intereses de determinados grupos económicos que
no responden ante nada y ante nadie.
En nombre de un libre mercado, manipulado y corrompido, se ha
establecido una colaboración sin tapujos entre ciertas élites políticas
colaboracionistas y sus amigos y aliados económicos y mediáticos
cercanos. Juntos, ambos, nos dicen ahora que todo aquello que
construimos con sangre, sudor, y lágrimas, y que nos permitía vivir con
cierta dignidad, económica, social, y política, está en desacuerdo con
las realidades de la economía global.
La desfachatez llega a tal extremo
que osan restringir, e incluso si hiciera falta suspender, nuestras
libertades inalienables en nombre de la defensa de los intereses y del
orden de la nación.
Estamos viendo como en la mayoría de los países industrializados la
maquinaria del Estado se utiliza para traicionar a la nación en favor de
las finanzas mundiales y de una élite propietaria y acreedora.
Se trata
de una traición ya muy familiar en el tercer mundo. Aquello que
percibíamos, con sórdida complacencia, de como la riqueza de una nación
tras otra era destripada por nuestros campeones nacionales, las
multinacionales, para el beneficio de "los nuestros", pero que en
realidad en favor de unos pocos, se vuelve ahora cruelmente contra
nosotros.
En nuestro país los ejemplos son escandalosos. A la banca se le
rescata con dinero público y se le permite falsear su realidad
económico-financiera con contabilidad creativa.
Los antiguos monopolios
naturales -eléctricas y telecomunicaciones-, hacen y deshacen a su
antojo, empleando las puertas giratorias para colocar a nuestros
gobernantes de turno. Los unos quieren que les paguemos el exceso de su
producción energética, los otros imponen un único regulador a sabiendas
de que va en contra del derecho comunitario.
Y todos exigen, incluidas constructoras -Villar Mir, Florentino Pérez
y compañía-, que se les reparta, mediante las dádivas correspondientes,
las últimas migajas del mal denominado Estado del bienestar- educación,
pensiones, sanidad, servicios impartidos eficazmente por nuestros
ayuntamientos tales como la recogida de basuras, jardinería,
transporte...-.
Sin embargo, tras el expolio, la prestación de ninguno de esos
servicios va a mejorar, al contrario empeorarán de manera notoria, tal
como ya se desprende de la amplísima literatura existente en países de
nuestro entorno, pioneros en estas prácticas, como Reino Unido.(...)
Existe una nueva elite que trata de ejercer el control de los Estados,
pero que no tiene lealtad alguna a las personas de la nación o país en
la que se ubica, solo es fiel a sí misma.
El nuevo orden mundial tiene
su propia ideología, que aún no está completamente formada, pero ya está
claro que no es libertaria porque a diferencia de ella cree que el
Estado debe ser muy potente y grande, y que debe intervenir. Pero
tampoco es socialista, porque a diferencia de la izquierda, la nueva
ideología cree que esas intervenciones deben ser en nombre de los ricos y
no los pobres. (...)" (Juan Laborda, Vox Pópuli, 07/12/2013)
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