29.12.13

Estamos viendo como en la mayoría de los países industrializados la maquinaria del Estado se utiliza para traicionar a la nación en favor de las finanzas mundiales

"En nuestra frágil e incipiente democracia, la soberanía y la riqueza del país está siendo vilipendiada y vendida al mejor postor, mientras que los ciudadanos, perplejos, estamos siendo objeto de un expolio continuado -subidas de impuestos, bajadas salariales, empeoramiento de la sanidad, educación, de todo lo habido y por haber-.

 La razón es muy sencilla, los gobernantes han hecho dejación de responsabilidades, en vez de servir a la ciudadanía y representar la voluntad del pueblo, prefieren servir a los intereses de determinados grupos económicos que no responden ante nada y ante nadie.

En nombre de un libre mercado, manipulado y corrompido, se ha establecido una colaboración sin tapujos entre ciertas élites políticas colaboracionistas y sus amigos y aliados económicos y mediáticos cercanos. Juntos, ambos, nos dicen ahora que todo aquello que construimos con sangre, sudor, y lágrimas, y que nos permitía vivir con cierta dignidad, económica, social, y política, está en desacuerdo con las realidades de la economía global.

 La desfachatez llega a tal extremo que osan restringir, e incluso si hiciera falta suspender, nuestras libertades inalienables en nombre de la defensa de los intereses y del orden de la nación.

 Estamos viendo como en la mayoría de los países industrializados la maquinaria del Estado se utiliza para traicionar a la nación en favor de las finanzas mundiales y de una élite propietaria y acreedora.

Se trata de una traición ya muy familiar en el tercer mundo. Aquello que percibíamos, con sórdida complacencia, de como la riqueza de una nación tras otra era destripada por nuestros campeones nacionales, las multinacionales, para el beneficio de "los nuestros", pero que en realidad en favor de unos pocos, se vuelve ahora cruelmente contra nosotros.

En nuestro país los ejemplos son escandalosos. A la banca se le rescata con dinero público y se le permite falsear su realidad económico-financiera con contabilidad creativa. 

Los antiguos monopolios naturales -eléctricas y telecomunicaciones-, hacen y deshacen a su antojo, empleando las puertas giratorias para colocar a nuestros gobernantes de turno. Los unos quieren que les paguemos el exceso de su producción energética, los otros imponen un único regulador a sabiendas de que va en contra del derecho comunitario.

Y todos exigen, incluidas constructoras -Villar Mir, Florentino Pérez y compañía-, que se les reparta, mediante las dádivas correspondientes, las últimas migajas del mal denominado Estado del bienestar- educación, pensiones, sanidad, servicios impartidos eficazmente por nuestros ayuntamientos tales como la recogida de basuras, jardinería, transporte...-.

Sin embargo, tras el expolio, la prestación de ninguno de esos servicios va a mejorar, al contrario empeorarán de manera notoria, tal como ya se desprende de la amplísima literatura existente en países de nuestro entorno, pioneros en estas prácticas, como Reino Unido.(...)

 Existe una nueva elite que trata de ejercer el control de los Estados, pero que no tiene lealtad alguna a las personas de la nación o país en la que se ubica, solo es fiel a sí misma.

El nuevo orden mundial tiene su propia ideología, que aún no está completamente formada, pero ya está claro que no es libertaria porque a diferencia de ella cree que el Estado debe ser muy potente y grande, y que debe intervenir. Pero tampoco es socialista, porque a diferencia de la izquierda, la nueva ideología cree que esas intervenciones deben ser en nombre de los ricos y no los pobres. (...)"                 (Juan Laborda, Vox Pópuli, 07/12/2013)

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