"(...) La desigualdad creciente impedirá una recuperación sana y sostenida.
La caída de ingresos y los bajos salarios mantendrán el consumo de las
familias muy anémico. Como consecuencia, el motor principal de la
economía, el sector privado, seguirá al ralentí. Varios ejemplos nos
sirven para documentar esta afirmación.
El de Estados Unidos es el más ilustrativo. Al contrario de lo que
ocurrió en la zona euro, allí no se abortó la recuperación de 2010. A
pesar de los intentos del Tea Party y de los republicanos de provocar un
“precipicio fiscal”, la Administración de Obama ha conseguido mantener
un cierto activismo fiscal.
Y, lo que ha sido más importante, la Reserva
Federal ha mantenido una política monetaria y financiera que ha
permitido a la economía norteamericana sortear el riesgo de segunda
recesión.
Pero aun así, la recuperación ha sido pobre y la economía
norteamericana no ha sido capaz de dejar atrás la crisis. Una de las
causas fundamentales está en la caída de ingresos de las clases medias y
trabajadoras y los bajos salarios.
La polarización de la renta en el
10% de la población más rica está haciendo que el consumo de lujo
funcione, pero el consumo masivo, que es lo que dinamiza la economía de
mercado y el empleo, sigue gripado.
Además, en la medida en que el consumo de masas está bloqueado, las
empresas tienen pocos incentivos para invertir en nuevos activos. En
esta circunstancia, la liquidez que las autoridades monetarias están
inyectando en la economía no va a financiar nuevas inversiones de
empresas y familias, sino que se dirige a la compra de activos ya
existentes.
Esto hace aumentar sus precios y amenaza con crear una nueva
burbuja en las Bolsas. Algo que ya se está comenzado a ver.
Los ejemplos de Reino Unido y de la propia Alemania son también
ilustrativos y van en la misma dirección. Son dos países que no tenían
problemas de financiación de su deuda, ni necesidad de políticas de
austeridad. Pero aun así, su recuperación ha sido raquítica, lastrada
por el mismo problema de la desigualdad.
Lo que tienen en común estos tres casos es que la caída de ingresos y
los bajos salarios debilitan el motor principal de sus economías. De
poco vale en estas circunstancias que el motor auxiliar de la
exportación funcione bien, como es el caso alemán o español. Mientras no
se recupere el motor principal, no habrá una recuperación sostenida.
No es por casualidad que en los tres países haya vuelto el debate sobre el salario mínimo.(...)" (
Antón Costas
, El País, 22 DIC 2013)
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