"(...) 2.
No hay razones técnicas que justifiquen que en España se pague la luz
tan cara en relación con los demás países de nuestro alrededor. La única
explicación es que aquí la producción y distribución de energía
eléctrica está en manos de un pequeño grupo de empresas (lo que en
economía se llama un oligopolio) que domina el mercado, que se ponen de
acuerdo para conseguir sus objetivos y que han alcanzado un poder
político extraordinario que les permite escribir a ellas mismas las
leyes y normas que regulan el sector y las condiciones en que actúan.
4.
Las principales estafas y abusos que vienen cometiendo las eléctricas y
que hacen que el recibo de la luz sea tan caro en España, entre otras,
son las siguientes:
- a) Haber aumentado irresponsablemente, con la connivencia y aprobación del gobierno de Aznar, la infraestructura para la producción, lo que ha incrementado -en su mayor parte innecesariamente- los costes del sector.
- b) Facturar a los consumidores por tener el derecho a conectar la potencia contratada cuando, a pesar de lo anterior, las compañías eléctricas no están en condiciones de garantizar el suministro de esa potencia por el inadecuado diseño de la red de distribución, por la existencia de cientos de puntos críticos y por el colapso del sistema que se produce si la potencia conectada llegara incluso al tercio de la potencia contratada. Y, con idependencia de ello, la imposición de una estrategia que de facto obliga a contratar más potencia de la necesaria.
- c) Cobrar a los consumidores por la renovación, actualización y mantenimiento del parque de contadores cuando no lo hecho en su totalidad, lo que da lugar a que paguen continuamente las imprecisiones y errores que producen como si fuese consumo efectivo.
- d) Imponer un sistema de cómputo de la energía consumida por medio de un nuevo tipo de contadores que se pueden manipular a distancia, lo que impide que los consumidores puedan saber a ciencia cierta lo que de verdad están consumiendo o si se está manipulando su consumo real.
- e) Haber cobrado los llamados Costes de Transición a la Competencia alegando el gobierno para ello que acabar con el monopolio del que disfrutaban supondría una reducción de precios y de beneficios, cuando éstos no han dejado de subir. Y han subido sin cesar porque, aunque haya desaparecido formalmente el monopolio, las empresas siguen manteniendo un poder total sobre el mercado que les permite manipular los costes e influir sobre el gobierno a la hora de fijar las tarifas.
- f) Establecimiento de un sistema de subasta para fijar el precio de la luz que está desnaturalizado y en manos de las grandes compañías y grupos financieros. En esas subastas no se compran y venden kilovatios sino productos financieros en unos mercados llamados OTC (Over The Counter o sobre el mostrador) que son los que sirven para llevar a cabo las operaciones especulativas (ver el libro de V. Navarro y J. Torres Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero. Planeta 2012). Los precios que se fijan allí están en realidad determinados por la actuación de los grandes grupos financieros como Goldman Sachs y Morgan Stanley y otros grupos eléctricos que antes de cada subasta hacen que suban según les convenga. Las compañías españolas se dejan llevar por esa “financiarización” del mercado de la luz porque les conviene que los precios suban (es lo que buscan siempre los especuladores) y porque ganan también mucho dinero especulando ellas mismas con esos productos financieros.
- g) Manipular los costes del sector para justificar el llamado “déficit de tarifa”. Este “déficit” consiste resumidamente en lo siguiente: las estafas a las que me he referido se traducen artificialmente en tarifas muy elevadas. Los gobiernos de Felipe González y de Aznar nunca se atrevieron a cortar de raíz estos abusos haciendo que bajaran las tarifas y los beneficios de las eléctricas pero eso hacía que los índices generales de precios subieran considerablemente. Para poder presentar datos de la inflación aparentemente mejores, el gobierno de Aznar limitó la tarifa y reconoció entonces que ésta era menor que los costes que soportaban las empresas eléctricas, comprometiéndose a devolver esa diferencia, ese “déficit”, a las empresas por otra vía.
La estafa radica en que, gracias a lo que estableció el gobierno de
Aznar, ese déficit no es la diferencia entre lo que las empresas
ingresan por tarifas y sus costes reales, sino entre lo que ingresan (la
tarifa) y los costes muy sobrevalorados que presentan al gobierno y que
éste acepta sin rechistar.
Más concretamente, esa estafa se lleva cabo,
entre otros, por los siguientes procedimientos:
- - No se reflejan los costes reales de la producción de energía según las diferentes tecnologías o fuentes sino que se utiliza el más caro, por ejemplo, aplicando el coste de las nuevas centrales a otras que ya están completamente amortizadas y que producen mucho más barato.
- - Se toma como coste de la electricidad de cada franja horaria el de la unidad generadora más cara.
- - Como he dicho antes, se sobrevaloran las inversiones que se hicieron en los últimos años.
Y, para colmo, el gobierno estableció como sistema de pago de este
déficit un sistema que en la práctica lo convierte en una especie de
préstamo hipotecario pero de garantía pública y con un sistema que es el
que más intereses genera, naturalmente en perjuicio de los
consumidores.
5) La prueba manifiesta de estas estafas y de la connivencia de los
grandes partidos con los intereses de las eléctricas, es que se hayan
negado en el Parlamento a poner en marcha una auditoría energética que
aclarase los costes reales del sector, tal y como propuso el grupo
parlamentario Izquierda Plural. (...)" (Juan Torres López, 21/12/2013)
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