"(...) Al leer las palabras de Mario Draghi se llega a una conclusión: las
elites europeas (la franja de estas elites menos inclinada a hacerse
ilusiones) ha asimilado ahora que una tasa de paro del 10% o 12% es un
dato irreductible de la situación.
También han asimilado que el
crecimiento seguirá siendo muy bajo y que en el mejor de los casos
llegará al 1,5%, pero más probablemente se quede en torno al 0,5%. Aun
suponiendo que vean el día los “nuevos modelos de crecimiento” que
Draghi desea de todo corazón, sus efectos sobre el empleo solo de
sentirán dentro de unos años, incluso de décadas. Adiós a la estrategia
de Lisboa. El nuevo horizonte de los dirigentes de la UE es gobernar el
estancamiento. (...)
En caso de que una izquierda en ruptura con el neoliberalismo conozca
un éxito electoral en uno o varios países, algo totalmente posible, se
encontrará ante una alternativa implacable: rebajar sus ambiciones de
transformación ecológica y social para ser eurocompatible o desobedecer y
romper in fine con la UE.
No hay una tercera posibilidad. La
verdadera política solo podrá empezar una vez que se consume la ruptura
con la UE : política de pleno empleo, reorientación de la economía en
función de las necesidades sociales, integración internacional
solidaria, planificación de la transición ecológica…
Permitir
imaginar, como hacen los sectores mayoritarios de la “izquierda de la
izquierda”, que “otra Europa es posible” a partir de la que existe
comporta un riesgo: el de suscitar el pesimismo y la desesperación entre
los militantes y electores.
Por consiguiente, es necesario clarificar
esta cuestión de aquí a las elecciones europeas del próximo mes de
junio. En esta campaña se impone una sola consigna: ¡desobediencia a la
Unión Europea!" (Cédric Durand y Razmig Keucheyan ,Regards.fr, en Rebelión, 13/01/2014)
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