"(...) Con los datos en la mano, los expertos discuten si se trata sólo de un proceso de "desinflación" o disminución temporal de los precios o de deflación
(algo que ya sucedió en el año 2009), que supondría un periodo
prolongado de caída de los precios, con importantes repercusiones
negativas en el empleo y en las cuentas públicas.
Debates académicos al margen, lo cierto es que el derrumbe de los precios compromete el diiscurso de la recuperación, esgrimido esta misma semana en el Congreso por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Los precios caen porque la actividad y el consumo están paralizados y porque la actividad en la eurozona, renqueante, también es discreta.
Para el ciudadano de a pié, la caída de los precios, que a primera vista podría parecer algo positivo, tiene consecuencias negativas. Si la caída se prolonga, se genera un círculo vicioso muy difícil de romper. Los consumidores dejan de comprar los bienes más caros, esperando bajadas de precios y, en general, se extiende una mentalidad que acaba por afectar al empleo.
Se vende menos, se produce menos y se necesitan menos trabajadores para fabricar y vender bienes.
El desplome no sólo afecta al empleo. Puede afectar también al valor de las propiedades. Si la deflación es severa (en 2009 se registraron ocho meses con tasas negativas), los bienes tienden a perder valor en el mercado, lo que acaba por afectar a casas, locales, garajes etc.
Para las cuentas del Estado, la caída de precios es una malísima noticia. Cuando la deuda pública se encamina como una flecha hacia el billón de euros (100% del PIB), una inflación moderada ayuda a disolver esa carga. Con el tiempo, la subida de precios lima el endeudamiento y la carga de intereses. Por el contrario, si la inflación es negativa, la carga de la deuda aumenta.
La consecuencia es que parte de los sacrificios realizados, que en el caso de España se han traducido en un tejido industrial y un mercado laboral arrasados, no han servido para nada.
La situación es preocupante y más aún si se tiene n las manos atadas para tomar medidas. (...)
La política monetaria la marca el Banco Central Europeo, vigilado estrechamente por Alemania para que contribuya a la política de austeridad y además está obligado a cumplir objetivos de déficít que impiden subir el gasto público para estimular la demanda. (...)" (Info Libre, 28/02/2014)
"La deflación está cada día más cerca tras publicarse el Índice de Precios de Consumo (IPC) del mes de febrero, que bajó un 0,1% respecto al mes de enero y redujo tres décimas su tasa interanual, hasta el -0,1%, debido al descenso de precios de los carburantes y lubricantes, según el indicador adelantado sobre la evolución de los precios en España publicado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y recogido por Europa Press.
Debates académicos al margen, lo cierto es que el derrumbe de los precios compromete el diiscurso de la recuperación, esgrimido esta misma semana en el Congreso por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Los precios caen porque la actividad y el consumo están paralizados y porque la actividad en la eurozona, renqueante, también es discreta.
Para el ciudadano de a pié, la caída de los precios, que a primera vista podría parecer algo positivo, tiene consecuencias negativas. Si la caída se prolonga, se genera un círculo vicioso muy difícil de romper. Los consumidores dejan de comprar los bienes más caros, esperando bajadas de precios y, en general, se extiende una mentalidad que acaba por afectar al empleo.
Se vende menos, se produce menos y se necesitan menos trabajadores para fabricar y vender bienes.
El desplome no sólo afecta al empleo. Puede afectar también al valor de las propiedades. Si la deflación es severa (en 2009 se registraron ocho meses con tasas negativas), los bienes tienden a perder valor en el mercado, lo que acaba por afectar a casas, locales, garajes etc.
Para las cuentas del Estado, la caída de precios es una malísima noticia. Cuando la deuda pública se encamina como una flecha hacia el billón de euros (100% del PIB), una inflación moderada ayuda a disolver esa carga. Con el tiempo, la subida de precios lima el endeudamiento y la carga de intereses. Por el contrario, si la inflación es negativa, la carga de la deuda aumenta.
La consecuencia es que parte de los sacrificios realizados, que en el caso de España se han traducido en un tejido industrial y un mercado laboral arrasados, no han servido para nada.
La situación es preocupante y más aún si se tiene n las manos atadas para tomar medidas. (...)
La política monetaria la marca el Banco Central Europeo, vigilado estrechamente por Alemania para que contribuya a la política de austeridad y además está obligado a cumplir objetivos de déficít que impiden subir el gasto público para estimular la demanda. (...)" (Info Libre, 28/02/2014)
"La deflación está cada día más cerca tras publicarse el Índice de Precios de Consumo (IPC) del mes de febrero, que bajó un 0,1% respecto al mes de enero y redujo tres décimas su tasa interanual, hasta el -0,1%, debido al descenso de precios de los carburantes y lubricantes, según el indicador adelantado sobre la evolución de los precios en España publicado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y recogido por Europa Press.
De esta forma, el IPC interanual vuelve a entrar en negativo,
como ya hizo el pasado mes de octubre, cuando, por primera vez en
cuatro años, marcó una tasa negativa, también del -0,1%. Sin embargo, en
noviembre retornó a signo positivo, con un 0,2%, descartándose desde el
Gobierno una posible deflación.
Para considerarse como tal se requiere una caída generalizada de
precios durante un periodo prolongado de tiempo, según fuentes del
organismo estadístico. De hecho, el IPC interanual estuvo ocho meses
consecutivos en negativo entre marzo y octubre de 2009 y el Gobierno de
entonces, con José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza, entendía que la
economía española no estaba en una situación de deflación porque para
ello debería producirse un descenso generalizado y permanente de los
precios.
Con el dato del segundo mes del año, ya son seis los meses en los que
el IPC interanual se mueve en tasas muy bajas. Estadística atribuye el
descenso de la tasa interanual del IPC logrado en febrero al
abaratamiento de los carburantes y lubricantes frente a la subida que
experimentaron en el segundo mes de 2013.(...)" (Vox Populi, 28/02/2014)
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