"(...) Esta es la pregunta que deambula en los distintos círculos y centros de debate europeos.
Conviene recordar que fue la acción combinada de los gobiernos de
llevar adelante el ajuste estructural (conocido por aquí como
“austeridad sin fin”) impuesto por la troika -centrada en las deudas, en
los déficit fiscales y en contrarreformas laborales- el que llevó a la
región a una recesión desde fines del 2007 hasta mediados del 2009, y a
una recaída en el 2011 que duró casi dos años, de la que ahora estaría
recuperándose.
Esta potencial salida de la crisis es resultado
de la emisión monetaria más grande de la historia, miles de millones de
dólares, de euros, de yenes han sido lanzados al mercado sin
contrapartida alguna, constituyendo una plétora de capital liquido que
presiona en busca de alternativas financieras de inversión.
Entonces se
imponen nuevas preguntas que también recorren el viejo continente:
¿Puede considerarse finalizada la crisis sin que esta enorme masa de
capital financiero sea reabsorbida? ¿Si se reabsorbe, no se estaría
frente a un riesgo de deflación mundial? Más aún ¿como se resolverá el
desempleo masivo y las crecientes desigualdades sociales?
Alemania ha
sido el eje ordenador del ajuste y la austeridad, pero su economía no
alcanza para traccionar al conjunto. Así el fantasma de la crisis se
muestra de larga duración.
El horizonte que se avizora no permite despejar el temor de que se trata
de una recuperación frágil y malsana, que incluye la permanencia de
altos índices de desocupación (12.0 en la Zona Euro y 10.7 en la UE),
con picos altísimos en Grecia, España, Portugal, Italia y Chipre entre
otros países, que afecta doblemente a los jóvenes, un incremento de la
precarización laboral y una degradación de las condiciones de vida.
Esta combinación trágica se expresa con fuerza en el plano de la
política, donde por derecha e izquierda –los movimientos sociales de
masas se multiplican, aunque sin unidad política- se cuestiona
fuertemente el régimen instituido. (...)
Europa esta hoy atravesada por viejos fantasmas, sumergida en un
entramado de crisis económica irresuelta; de movimientos democráticos
autoorganizados; de nacionalismos y xenofobias varias y el regreso de
los tambores que preanuncian una nueva guerra en la región. Resultado:
se han encendido todas las alarmas." (Eduardo Lucita, Rebelión, 13/03/2014)
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