Resulta muy ilustrativo al respecto la
resistencia, activa y exitosa, por parte de las economías más poderosas,
lideradas por la alemana, a que se pongan en común recursos que
pudieran financiar intervenciones comunitarias más estratégicas.
Destaca, asimismo, la continua presión llevada a cabo por los países que
contribuyen en mayor medida al presupuesto comunitario para que éste se
reduzca; pretensión que han conseguido.
Recordemos que este presupuesto (que no
expresa sino la voluntad política de implementar acciones comunitarias)
ya se había recortado antes del estallido de la crisis, hasta situarse
en un exiguo e insuficiente 1% del PIB comunitario (muy lejos de los
recursos que, por ejemplo, maneja el presupuesto federal
estadounidense). (...)
Los grandes países son también los que
más se han beneficiado de un proceso de integración económica, el
comunitario, que cada vez más ha descansado en los mercados. La UEM ha
situado a las firmas más competitivas, buena parte de las cuales procede
de estos países, en las mejores condiciones para acrecentar sus
beneficios, transnacionalizando la cadena de creación de valor,
ampliando la escala de producción y aumentando las ventas.
Recordemos,
igualmente, que la economía alemana ha cosechado superávits con la mayor
parte de sus socios comunitarios, especialmente desde la implantación
de la moneda única.
¿Qué significa adelgazar todavía más el
presupuesto comunitario? Supone, en primer lugar, un claro mensaje
político enviado desde Bruselas: No existe otro proyecto europeo que el
promovido por los mercados y las elites.
Las instituciones comunitarias,
al seguir la senda de los recortes en unos presupuestos que ya eran a
todas luces insuficientes, renuncian a asumir un papel destacado en una
salida de la crisis que necesitaría de la aplicación de un importante
plan de inversiones públicas y de gasto social.
Los recortes en los dineros de Bruselas,
además de entrar en colisión y apuntar exactamente en la dirección
contraria de una Europa más ambiciosa y estratégica, perjudica más a
aquellos que, en mayor medida, se beneficiarían de un proyecto
comunitario con un formato más redistributivo que mercantil.
El
resultado de todo ello es que aquellas economías cuyas finanzas públicas
no lo permitan o que permanezcan atrapadas en el bucle de las medidas
de austeridad no podrán implementar las políticas que antes se cubrían
con fondos comunitarios. El resultado final: Más fracturas y
desigualdades." (Fernando Luengo, Economistas frente a la crisis, 13/03/2014)
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