19.3.14

Reforma laboral: las horas extras no pagadas han aumentando en 680.000, hasta llegar a los 3,8 millones

"(...) En concreto, y para el caso de la economía española, las autoridades de Bruselas han trasladado la idea de que el déficit externo de nuestra economía durante los años previos a la crisis (vinculado fundamentalmente a la intensa demanda interna del momento) era el reflejo de una creciente pérdida de competitividad, explicada a su vez por un excesivo crecimiento salarial.

 Esta argumentación es la que ha llevado a la Troika a imponer una estrategia generalizada de devaluación salarial una vez que la economía española firma el Memorando y se acoge al mecanismo de rescate de la Unión Europea. 

 Con el supuesto objetivo de recuperar la competitividad externa y de que las exportaciones actúen como motor del crecimiento, las autoridades de Bruselas han presionado para que se acometiesen reformas laborales que permitiesen reducir los costes laborales unitarios. 

Así, en 2012 el gobierno de Rajoy impone una reforma laboral que tendrá un impacto letal sobre la negociación colectiva, vaciándola de contenido y abriendo la puerta a un sustantivo proceso de devaluación salarial. (...)

La redistribución del poder en las empresas a favor de los empresarios facilitada por la reforma laboral no ha sido el único mecanismo de devaluación salarial. La erosión de la capacidad de negociación de los asalariados obedece también al fuerte incremento experimentado por la tasas de desempleo y al consiguiente contexto de debilidad que de ello se deriva. 

Valga como ejemplo la evolución de la horas extras no pagadas: mientras que las horas extras pagadas, según datos de la Encuesta de Población Activa, han descendido en 1,3 millones entre 2009 y 2013, las horas extras no pagadas se han comportado inversamente, aumentando en 680.000, hasta llegar a los 3,8 millones. (...)

 A la hora de juzgar esta estrategia deben tenerse en cuenta además dos cuestiones adicionales[1]. En primer lugar, la competitividad externa de una economía no depende únicamente de la evolución de los precios, sino también de otros factores (como la calidad o la gama) que difícilmente pueden mejorar con reducciones en los salarios. 

Pero además, los salarios no son la única variable que impacta sobre la competitividad precio de una economía; también los márgenes de beneficio determinan la evolución de los precios de exportación. Y precisamente lo que comprobamos cuando analizamos el efecto de salarios y beneficios sobre la inflación es que partir de 2011 son fundamentalmente estos últimos los explican la evolución de los precios.

 Así, si los recortes salariales no se han trasladado a una reducción paralela de los precios, a una depreciación del tipo de cambio efectivo real y, con ello, a una mayor ganancia de competitividad, es en buena medida debido a que estás bajadas están siendo compensadas con aumentos de los márgenes empresariales.  (...)

Además, el riesgo de deflación de la economía ha pasado a ser notable dado el desmantelamiento que han sufrido las instituciones vinculadas a la negociación colectiva. Con ello, han desaparecido los controles que permitieron en el pasado que los salarios y los precios no se deslizasen por la senda de la deflación ante la llegada de las crisis.

La política de devaluación salarial, además de prolongar la recesión e incrementar el riesgo de deflación, está teniendo otras consecuencias negativas. Por un lado, se está incrementando la desigualdad entre las rentas salariales, puesto que el proceso de devaluación se está concentrando sobre todo en el 40% de asalariados con menores ingresos. 

 Así, según un reciente informe de Fedea, la variación de los salarios experimentada entre 2008 y 2012 por el 10% de trabajadores de menores ingresos ha sido del -17%, y del -9% y -4,5% para las siguientes dos decilas respectivamente. Para las decilas de mayores ingresos apenas se constata retroceso salarial.

Por otro lado, el retroceso salarial ha incrementado también la desigualdad en la distribución funcional del ingreso entre las rentas del trabajo y las del capital, a favor de estas últimas.  (...)

Concluimos constatando por tanto que el avanzado proceso de devaluación salarial en la economía española no sólo no está contribuyendo a propiciar una salida de la crisis en beneficio de la mayoría social, sino que además está ahondando problemas anteriores, como la intensa desigualdad en el reparto de la renta. 

El balance de esta estrategia de política económica debe no obstante ir más allá. A pesar de su fracaso para propiciar el crecimiento económico y la creación de empleo, está resultando exitosa en su objetivo último: modificar sustancialmente las reglas del juego sociopolítico, erosionando la capacidad de interlocución de las organizaciones sindicales para facilitar con ello el establecimiento de un nuevo modelo económico caracterizado por la ausencia de derechos sociales y laborales."               (Nacho Álvarez Peralta, Colectivo Novecento, en Rebelión, 19/03/2014)

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