"Ni está en recesión ni está recuperándose. La economía griega ha colapsado. Pero hay otra historia.
Mientras el mundo financiero está celebrando la vuelta de Grecia al
mercado de bonos me planteo la siguiente pregunta: ¿es un buen momento
para que Grecia no pague su deuda externa? Ello no es tema de
conversaciones políticamente correctas en Bruselas o Atenas.
Tampoco
parece ser un tema popular para conferencias de inversores. Por primera
vez desde la crisis Grecia está en posición de impago. Tiene un
excedente presupuestario primario – antes del pago de intereses.
La
Comisión Europea ha pronosticado que el superávit primario alcanzará el
2,7% del PIB este año y aumentará al 4,1% en 2015. Las cuentas griegas
registraron un primer superávit. Grecia ya no es dependiente de
inversores extranjeros.
Es verdad que el hecho de estar en una posición de impago no
significa que automáticamente debieras hacerlo. Entonces, ¿cómo debería
uno planteárselo? (...)
La razón por la que Grecia fue capaz de suscitar tanto interés en la
emisión de bonos de la última semana fue una combinación de la promesa
de un alto interés y el perfil de vencimiento de la deuda griega
existente.
Los préstamos oficiales – desde los Estados miembros de la
Eurozona y del Fondo Monetario Internacional – crearon el 80% del total
de la deuda. Grecia no empezará a pagarlos hasta 2023. En otras
palabras, el país es solvente en el corto plazo. Pero en el largo su
solvencia está lejos de ser una certeza.
Y esto nos trae de vuelta al problema esencial: ¿quién en su sano
juicio va a realizar inversiones a largo plazo en un país con deudas
insostenibles a largo plazo? Veo difícil cómo puede generarse un boom de
inversiones a menos que y hasta que la deuda sea condonada, o impagada.
El modo más sencillo de llevarlo a cabo sería a través de una
conferencia de la deuda, pero los países acreedores no quieren oír
hablar de ello.
Ahora contemplemos la alternativa. Grecia impaga toda su deuda
extranjera. Establece una nueva moneda que inmediatamente devaluaría.
Para asegurarse una ganancia de competitividad – para convertirla en una
devaluación real – requeriría un banco central con un objetivo de
inflación creíble, un mercado de trabajo y de productos suficientemente
desregulados.
Ésta no es una opción fácil y requeriría muchas más
reformas estructurales de las que Atenas ha emprendido.
Aunque un escenario como éste haría perder los papeles a los
inversores extranjeros, cuando ello ocurra podrían confiar en olvidarlo
rápidamente y volver igual de rápido. Después de todo, la probabilidad
más baja de un impago está justo después de que hayas impagado.
En ese
momento, una Grecia reformada podría ser muy atractiva para los
inversores extranjeros, no sólo para los financieros.
No estoy defendiendo la salida. Sin embargo, los votantes griegos y
los inversores extranjeros deberían saber que Grecia se encuentra ahora
en una posición en la cual hay elección." (Wolfgang Münchau, Yanis Varoufakis …. Financial Times, en Attac Madrid, 26/04/2014)
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