"La actividad económica en Europa no ha recuperado aún los niveles
anteriores a la crisis. El empacho de deuda sigue ahí. La inflación es
baja, incluso en los países del centro. Y el paro es y seguirá siendo
durante añlos inaceptablemente alto. A pesar de ese panorama, los
políticos europeos han decretado el fin de la crisis desde hace meses.
Frente a ese diagnóstico, hay voces de alarma cada vez más estridentes.
La más clara es quizá la del Fondo Monetario Internacional (FMI), que ha
alertado a la eurozona de los riesgos de deflación y reclamó al Banco
Central Europeo (BCE) “compras de activos a gran escala” —al estilo de
la Reserva Federal estadounidense— ante un horizonte de estancamiento
secular, o de década perdida a la japonesa.
Un bazuca en toda regla que
incluya adquisiciones de deuda pública masivas para salir de ese
laberinto de muy baja inflación, frágil recuperación, elevado desempleo y
sobredosis de endeudamiento público y privado.
el Eurobanco “debe considerar las compras masivas de activos si la
inflación se mantiene obstinadamente baja”. Es difícil saber qué
significa esa obstinación. Pero el IPC de la eurozona está en el 0,5%
—muy lejos del mandato de Mario Draghi, del 2%— y ha dado sorpresas
desagradables a la baja desde noviembre del año pasado.
El FMI lleva meses enfrentándose a Alemania por la política
económica, tanto fiscal como monetaria, de la eurozona. Pero las compras
de activos a gran escala —el denominado quantitative easing—
es una especie de anatema en Alemania: las patronales bancarias llevan
meses alertando de los efectos negativos de esa medida extraordinaria, a
pesar de que tanto Estados Unidos como Reino Unido y Japón se han
embarcado en esas adquisiciones para combatir la Gran Recesión.
En
ninguna de las áreas económicas comparables a la eurozona la salida de
la crisis es menos borrosa. Porque pese a los indudables riesgos, el FMI
subraya que las compras de activos a la americana “elevarán la
confianza, mejorarán los balances de las empresas y las familias, y
estimularán los préstamos bancarios”. “En general, tienen un impacto
potencial significativo en la demanda y la inflación”, según el Fondo.
El FMI ha pisado todos los callos posibles. En medio del debate que han
abierto Italia y Francia sobre la necesidad de flexibilizar las reglas
fiscales de la zona euro, y tras la habitual regañina de la canciller
alemana, Angela Merkel —contraria a abrir ese melón—, la institución con
sede en Washington puso el sentido común: “Después de varios años de
consolidación fiscal [léase austeridad], la política presupuestaria para
la zona del euro está cerca de ser neutral.
Ha logrado un equilibrio
correcto entre el apoyo a la demanda y la reducción de la deuda. Pero si
se producen grandes sorpresas negativas que impacten en el crecimiento,
eso no debería dar lugar a medidas de saneamiento adicionales”.
Ese
párrafo es clave, porque en varias etapas de esta crisis la respuesta
europea ha sido la contraria: en mitad de la recesión, y a la vista de
que algunos países eran incapaces de cumplir sus metas de déficit, la
receta eran más y más recortes. (...)" (
Claudi Pérez
, El País, Bruselas
19 JUN 2014)
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