27.6.14

Resulta difícil no tener el sentimiento de sobrevivir en una nación desmoronada

"El patriotismo es un sentimiento sobre el que conviene desconfiar. Dan miedo las cosas que a lo largo de la historia se han justificado en nombre de las patrias. Pero incluso los menos permeables a las consignas patrióticas necesitamos un grado de vinculación sentimental con la sociedad en la que vivimos. 

Es importante que nos salude con simpatía el portero del edificio, nos trate bien el camarero del café a media mañana, nos merezcan un mínimo de respeto las instituciones y no nos provoquen vergüenza los políticos que protagonizan las noticias de la radio o del televisor.

Vivir en España significa ahora recordar una y otra vez el famoso soneto de Quevedo: “Miré los muros de la patria mía, / si un tiempo fuertes ya desmoronados”. 

Muy fuertes no han sido nunca los muros de la España en la que me ha tocado vivir, pero incluso alguien tan poco patriota como yo ha podido sentir alegría durante años al comprobar que el país moderaba su dependencia de la caverna, dignificaba su cultura, su educación, su sanidad, y vivía en busca de unos derechos cívicos decentes.

 Ay, la vida es sueño, por pasar de Quevedo a Calderón. O esperpento, por pasar de Calderón a Valle-Inclán.

Miro a España y veo índices espectaculares de pobreza infantil, familias angustiadas y condenadas a la marginación, una brecha entre ricos y pobres cada vez más grave y un futuro laboral mezquino para los jóvenes.

 Veo también infantas imputadas, políticos corruptos, partidos con dinero negro, cuentas en Suiza, sindicalistas en la cárcel, recortes, universidades estranguladas, colegios con alumnos desnutridos, hospitales en los huesos, políticos precocinados y muchas, muchas mentiras. Resulta difícil no tener el sentimiento de sobrevivir en una nación desmoronada.

Supongo que hay quien disfruta con el espectáculo. A mí no me divierten las desgracias de una infanta, ni las vergüenzas de un mal alcalde cazado, ni los ridículos de un Tribunal de Cuentas, ni las sospechas que planean sobre la Justicia. (...)

 El Gobierno pervierte el lenguaje para mentir y mancha con una trampa lingüística todo lo que toca. Afirma que defiende los derechos de la mujer cuando promueve una ley sobre interrupción del embarazo que supone una agresión dogmática sobre su libertad.

 Vende como medida electoralista una reforma fiscal y una rebaja de impuestos que en realidad suponen nuevos privilegios para las rentas más altas y nuevas infamias contra la clase media y los sectores más débiles de la sociedad. Llama responsabilidad de Estado a la perpetua improvisación en manos de unos insensatos.

Sus actitudes desacreditan la política, generan lodo. Pero el lodo juaga a su favor. La gente desprecia la política, opina de manera suicida sobre la inutilidad de la política, olvidándose de que la política es muy eficaz a la hora de preparar las corrupciones, humillar a la Justicia y generar medidas que favorezcan la acumulación de la riqueza en pocas manos, la degradación laboral y el empobrecimiento de la mayoría. (...)"            (La patria desmoronada, de Luis García Montero en Público, en Caffe Reggio, 26/06/2014)

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